domingo, 13 de julio de 2008

La argentina que sueña con abrir un monasterio budista en el país


Vio cuando un chico tiene vocación para el piano Mi vocación, desde muy pequeña, siempre fue el desarrollo espiritual", dice Susana Contreras, desde hace más de 10 años la venerable Thubten Kundrol. "No soy la primera pero hoy soy la única monja argentina budista tibetana de la línea Gelugpa, la misma de Su Santidad el Dalai Lama .
La cita es en una casa austera del barrio de Belgrano donde funciona el centro Yogui Saraha (www.yogisaraha.com.ar), que ella coordina. Hay que descalzarce para entrar. Desde una grabación se escucha el rezo áspero de los monjes. Después de vivir en medio mundo, Kundrol regresó hace tres años a la Argentina con la misión de crear el primer monasterio internacional de budismo tibetano en Sudamérica.
Cuando uno tiene un proyecto espiritual tan fuerte hay una fuerza que empuja en contra. Desde que llegué estoy sorteando obstáculos .
El monasterio tendría sede en su Mendoza natal, en un terreno que donó. Son 7 hectáreas cerca de Tunuyán. El monasterio estaría al servicio de todos aquellos, monjes y laicos, que quieran tomar el camino espiritual. La idea es que sea sustentable porque a los monjes nadie nos mantiene, debemos autoabastecernos .
Durante años viajó desde Italia, donde vivía, para avanzar en los trabajos y recaudar fondos. Le robaron lo que había conseguido y los voluntarios que la acompañaban se dispersaron.
El budismo busca ver la realidad de las cosas tal cual son.
La ignorancia sobre esta realidad es la que genera sufrimiento mientras que el budismo persigue la plena felicidad , dice. Y a esa búsqueda dedicó casi toda su vida.
En su juventud mendocina recorrió iglesias y templos, pero no eran lo suyo. En Buenos Aires estudió periodismo y se dedicó al espectáculo. Incursionó en el Hare Krishna, pero tampoco. Seguí las oportunidades que me presentaba la vida , dice.
Se fue de la Argentina en el 79. Vivió en Brasil, en Estados Unidos, en Japón. Se casó y tuvo dos hijas. Pero de eso no habla. Fue en Tokio donde conoció a una monja budista tibetana. Eso cambió mi vida de así a así , indica con el giro de la palma de su mano. Tanto que viajó a Nepal con la idea firme de ser monja. Era 1993.
En el monasterio Kopan, cerca de Katmandú, recibió enseñanzas del que desde entonces sería su maestro, el Lama Zopa Rinpoche. Y en 1994, acompañada por su familia, se ordenó monja novicia en una ceremonia secreta. Hizo 36 votos: castidad, pobreza, no mentir, no robar, no matar ni siquiera a un insecto ...
Nuestra primera motivación es personal. Se trata de modificar nuestra conducta, de actualizar la filosofía budista en nosotros, de madurar a través de la reflexión y de la meditación de esas misma enseñanzas. Recién cuando podemos tomar la esencia budista estamos preparados para ayudar a los demás , dice.
En Tokio dirigió el centro budista Do Ngak Sun Juk, durante cinco años estudió en un monasterio cerca de Pisa, en Italia, y finalmente regresó a la Argentina para cumplir con un sueño largamente acariciado . Si hubiera un monasterio en el país las personas vivirían más felices porque ese lugar va a generar felicidad .
Por: Liliana Morena-Clarín.com