jueves, 3 de julio de 2008

El Auge de las clínicas del sueño



Para soñar con angelitos
Crece en el país el número de institutos dedicados al tratatamiento del insomnio y otros trastornos que impiden dormir plácidamente.
Federico Kukso-Crítica de la Argentina
02.07.2008

Dormir con plenitud. Las sociedades modernas viven híper estimuladas: conexión a internet, televisión, trabajo. Soñar es difícil.
¿Cuándo alguien noche tras noche no puede conciliar el sueño al punto tal de afectar de manera extrema su calidad de vida? La respuesta es mucho menos automática que si se trata de otras alteraciones. Sin embargo, el panorama está cambiando y los especialistas en sueño y sus trastornos de a poco dejan de ser una rara avis de las cartillas médicas.
Para ser encontrados se congregan en institutos relucientes. Clínicas o laboratorios del sueño con nombres extraños como Neuraxis y Somnos. “En los últimos 20 años se han instalado en todo el mundo y también en nuestro país instituciones dedicadas al estudio y tratamiento de los diversos trastornos del sueño”, señala la neuróloga Margarita Blanco, directora del Instituto de Medicina del sueño REMS.
Una habitación tranquila, una cama confortable, un pijama y un aparato llamado polisomnógrafo para medir las señales del cerebro, ojos y cuerpo: es todo lo que se necesita para realizar un “mapa del sueño”, detectar trastornos y luego derivar al paciente a una consulta clínica.
En una sociedad bombardeada por estímulos (miles de horas de televisión, conexión permanente a internet, la tiranía del celular, la adicción al trabajo) y que prolonga casi indefinidamente el día, los trastornos del sueño se multiplican en número y en clasificaciones: insomnio, hipersomnia (o somnolencia excesiva diurna), ronquido, apnea, síndrome de piernas inquietas, sonambulismo, narcolepsia, bruxismo.
Y demás. En los últimos 40 años, la sociedad perdió el 25% de sus horas de sueño. Esto quiere decir que se duermen dos horas menos (seis) de lo que se dormía antes (ocho horas; los chicos, nueve).
“Los trastornos del sueño atraviesan a toda la sociedad”, indica el doctor Daniel Pérez-Chada, jefe de la Clínica del Sueño del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO). “Afectan tanto a un pibe que durmió en la calle como a un chico de Recoleta que se quedó con la Playstation hasta las cinco de la madrugada.
Durante las horas del sueño, por ejemplo, se segrega la hormona de crecimiento, clave para los adolescentes.
Fernando Torrente, jefe de Psicoterapia Cognitiva del INECO, remarca las consecuencias de un mal dormir: “Si una persona duerme mal va tener un mal rendimiento durante el día –dice–.
Va a tener dificultades en la atención y habrá fijado mucho peor los contenidos aprendidos el día anterior.
Por eso se dice que la falta de sueño no sólo genera fatiga e irritabilidad sino que incide también sobre el aprendizaje y memoria. No hay nada peor que rendir un examen sin haber dormido bien”.
Para contrastarlo, Pérez-Chada y su equipo estudiaron un grupo de 2.700 chicos y adolescentes en distintas escuelas de Capital Federal, provincia de Buenos Aires, Neuquén y Entre Ríos. Evaluaron la cantidad de horas de sueño y sus hábitos y lo compararon con las notas promedio de lengua y matemática. “Los que menos dormían tenían peores notas”, revela. “No se ha educado a la población para que preserve su salud en base a su calidad de sueño –dice Blanco–. La mayoría de las personas piensa que dormir es perder el tiempo.” Y luego sufren las consecuencias.