domingo, 20 de julio de 2008

Los buenos amigos, aquellos que están siempre, no son más de seis

Surge de encuestas e investigaciones, y lo ratifican las historias que se publican en estas páginas. Los expertos dicen que en la adolescencia la amistad es clave para reforzar la identidad, y en la adultez el amigo es el testigo de nuestra historia.
Por: Mariana Iglesias

Todo lo que decía el sentido común se ha probado en los últimos años con innumerables estudios: la amistad hace bien. Es buena para la salud, baja el estrés, levanta el ánimo, alarga la vida.

Otra intuición también comprobada: los buenos amigos, los incondicionales, son un puñado, no son más de cinco o seis.

Difícil hablar de la amistad sin caer en frases hechas o cursilerías comerciales. De cualquier manera, todo el mundo celebra esta relación, la más libre y pura de todas las relaciones que pueda tener un individuo. Y quienes no gozan de este vínculo, lo padecen. "Las personas que no tienen amigos es porque están demasiado centradas en ellas mismas, y suelen ser intolerantes", asegura Ana Delgado, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Stella Maris Rivadero, psicoanalista de Centro Dos, va más allá: La amistad es un índice de salud mental .


En la adolescencia es fundamental para reforzar la identidad, y en la adultez el amigo es el testigo de nuestra historia , explica Delgado. Tener amigos implica aceptar y tener el don de amor, sólo así se establece este circuito de dar y recibir , acota Rivadero.

Por eso, si bien se puede estar rodeado de gente, sólo un puñado será importante. Una encuesta del sitio MSM Mesenger le preguntó a diez mil personas cuántos amigos leales hay en la vida. La respuesta fue seis.

Otra investigación sobre los sitios MySpace y Facebook dice que a pesar de los cientos de vínculos que genera la red, los amigos son cinco. Y esos amigos no son producto de la tecnología sino de la cercanía. El cara a cara permanece vigente. Para las especialistas, la clave para conservar la buena amistad está en la tolerancia y la comprensión. Aceptar al otro. Aceptarlo con sus idas y vueltas. Con sus aciertos y equivocaciones. Con sus cambios.