lunes, 7 de julio de 2008

¿Hay tantos tipos de orgasmo como mujeres en el planeta?

Profesionales aseguran que no todas las personas necesitan lo mismo en todos los momentos de su vida. También hay diferencias si la relación es casual, o interesa realmente lo que le pasa al otro.
Las claves para aprender a dar placer
Así como cada vez se echa más por tierra eso de que todos los hombres son iguales, la misma regla vale para las mujeres: Todos los seres humanos son distintos entre sí y no hay dos que reaccionen exactamente igual ante un mismo estímulo.
El sitio En Plenitud publicó que si bien durante mucho tiempo una sociedad más bien machista sólo indicaba que el que tenía que disfrutar del sexo era el hombre, en una relación donde hay amor el sexo se demuestra a través de un doble juego: dar placer y recibir placer.
Al parecer, cuando realmente interesa la otra persona y se quiere que el momento de hacer el amor sea verdaderamente mágico, no existe el egoísmo. Las dos personas desean que el otro llegue al orgasmo y que puedan tener ese momento de mayor placer.
Por el contrario, en el sexo casual pareciese que hay lugar para el egoísmo, ya que no importa realmente la otra persona.
Los que saben aseguran que es una especie de retroalimentación: cuanto más placer alguien es capaz de darle a la otra persona, también más placer es capaz de darle la otra persona, así también como la situación y todo el proceso que está involucrado en el acto sexual.
Al parecer, muchos hombres pueden sentirse un poco confundidos sobre cuál es la forma de darle placer a su compañera. No es que sean incapaces de hacerlo, ya que de hecho disponen de todas las características físicas para hacerlo, sino que una cierta falta de conocimiento respecto a que es lo que les gusta a las mujeres y cómo funciona eróticamente su organismo muchas veces hace que les resulte difícil lograr que puedan llegar al clímax.
En el sexo, no todos los caminos conducen a Roma
Hay muchos hombres que piensan que se puede aplicar una misma receta a todas las mujeres con las que están, que van a encontrar una fórmula infalible para que todas lleguen al orgasmo. Por supuesto, esto no es posible; no existe tal receta mágica, ya que todo depende de la persona con la que estamos, de sus gustos, de que es lo que encuentra sexualmente más poderoso.
A veces (la mayor parte de ellas, probablemente) hay que tratar diferentes métodos antes de poder llegar a encontrar aquel que realmente resulta el adecuado para la persona. El problema es que esto puede significar que durante alguna relación sexual tal vez no sea capaz de hacer que la mujer llegue al momento cúlmine. Y muchos hombres dejan que esto se cruce en su mente constantemente, se auto-convencen de que son malos amantes, incapaces de dar placer, sólo por esto.
Lo cierto es que no hay una relación directa entre las dos cosas:
En general, lo que en realidad hay es una falta de conocimiento entre las dos personas, con lo cual no saben como es que deben estimularse para que el resultado sea el que ambos están buscando. Este tipo de habilidad viene con el tiempo, con la experiencia uno con el otro y con el conocimiento de que es lo que funciona y que es lo que no lo hace.
Finalmente, también hay que decir que, en la misma forma que sucede con los hombres, no todos los días son iguales para las mujeres tampoco, por lo que no siempre el mismo tipo de estímulo recibe la misma respuesta.
De ninguna forma debe entenderse que la mujer decepciona al hombre cuando no puede alcanzar el orgasmo. En todo caso, es ella la que sufre una decepción, al no poder disfrutar al máximo de la actividad amatoria que esta llevando a cabo.
Así, como no todos los días son iguales, el hombre debe tener cierta capacidad de adaptarse a las necesidades que su pareja puede tener en ese día en particular y reaccionar ante lo que ella le pide en ese momento y no estancarse tozudamente en hacer lo que siempre hace y que en algún momento parece haber dado resultado. El resultado de querer “forzar” la situación será que ella comenzará a fingir el orgasmo, para hacerlo sentir bien a él (consigo mismo) y esto es algo que en realidad no sirve para nada a la relación de la pareja ni a ninguna de las dos partes que la conforman en forma individual.