martes, 15 de julio de 2008

2010-2020 será la década de la Luna


LONDRES ( New Scientist ).- Desde hace 30 años, ni una sola nave ha descendido intacta sobre la superficie de la Luna. Pero todo está por cambiar: en la próxima década, una nueva generación de misiones lunares revolucionará todo lo que sabemos de nuestro vecino más cercano. Serán parte de un esfuerzo internacional de la NASA, la Agencia Espacial Europea, Gran Bretaña, la India, China y tal vez otros para profundizar nuestra comprensión y preparar la vuelta de los seres humanos a la superficie lunar, planificada para 2020.
En contraste con la competitiva carrera espacial de los años sesenta, el retorno a la Luna se presenta como una empresa altamente cooperativa. En marzo, por ejemplo, la NASA anunció una propuesta para vincular naves robóticas de cualquier país que elija participar en la Red Lunar Internacional (ILN, según sus siglas en inglés). Esta red oirá, medirá y analizará la superficie de nuestro satélite natural con precisión sin precedente.
La Luna todavía tiene muchos secretos para contarnos. Para comenzar, nadie sabe de qué está hecho su interior. ¿Tiene un núcleo metálico, un núcleo fundido, o ambos? "De hecho, no sabemos realmente si tiene núcleo de alguna clase", dice Maria Zuber, investigadora principal del "orbitador" de la NASA llamado Laboratorio de Recuperación Gravitatoria y del Interior (Grail, según sus siglas en inglés), que tiene fecha de lanzamiento para 2011. En otras palabras, la Luna podría ser simplemente de roca sólida.
Grail será el encargado de echar luz sobre este enigma. Trazará un mapa del campo gravitatorio lunar con una precisión mil veces superior a cualquier otra misión, lo que será esencial para un descenso de precisión cuando los astronautas comiencen a volar nuevamente a la Luna.
Latidos lunares
Incluso si el Grail no puede detectar el núcleo interno de la Luna directamente, podría determinar su estructura con la ayuda de sensores sísmicos que formarán parte del ILN. "Es como ponerle un estetoscopio al planeta -dice Paul Spudis, del Instituto Lunar y Planetario de Houston, Texas-. Al oír la forma en que las ondas sísmicas se propagan en un cuerpo, uno puede decir mucho acerca de su estructura."
Esta red sísmica no será enteramente novedosa: cuatro de las seis misiones Apollo llevaban sismógrafos que funcionaron perfectamente hasta 1978. A pesar de sus limitaciones, ofrecieron algunos indicios asombrosos, tales como el descubrimiento de "lunamotos", y el hecho de que vienen en dos "sabores": hondos y poco profundos.
Los instrumentos de las Apollo registraron varios miles de los profundos, a entre 700 y 1000 kilómetros debajo de la superficie. Pareciera que los causa la gravedad de la Tierra, aunque nadie entiende exactamente qué está ocurriendo.
Otro ítem de la lista de "cosas para hacer" es medir el flujo de calor que viene desde el interior del satélite. Esto revelará cuán rápido se enfrió después de haberse formado y cuánto calor es generado por elementos radiactivos. Esa información ayudará a saber de qué está hecha la Luna. Si la composición resulta ser muy diferente de la de la Tierra, pondrá en tela de juicio las teorías sobre su formación, porque hasta ahora se cree que surgió de una colisión entre la Tierra y un planeta del tamaño de Marte.
Poner en marcha una red de sensores de flujo de calor presenta muchas dificultades, porque éstos tienen que estar enterrados a bastante profundidad. Los astronautas tuvieron la intención de cavar hoyos de tres metros, pero por la dureza del suelo no alcanzaron a hacerlo.
Habrá que resolver muchos problemas. Por ejemplo, los que plantea el abastecimiento de energía durante las largas noches lunares de 14 días, cuando no se dispone de energía solar.
Sin embargo, algunas de las agencias interesadas en enviar naves ya tienen planes bien desarrollados.
De acuerdo con Bernard Foing, de la Agencia Espacial Europea, sus equipos han estado diseñando instrumentos miniaturizados que volarán en la misión ExoMars de 2013. El mismo paquete tecnológico podría ir a la luna como parte de su misión Moon Next. Gran Bretaña también está estudiando la posibilidad de una misión llamada MoonLITE, que podría enviar tres o cuatro pequeñas estaciones científicas, según explica David Parker, del Centro Espacial Británico de Londres.
Dinero e información
Este súbito interés está comenzando a cambiar el paisaje de la ciencia lunar. Hay esencialmente dos cosas que con seguridad atraerán la atención de los científicos: dinero e información. Y el dinero está empezando a fluir. En abril, la NASA inauguró un nuevo Instituto de Ciencia Lunar en Moffett Field, California, que orquestará las investigaciones en los Estados Unidos y tal vez también de otros países. El instituto otorgará este año cinco millones de dólares para financiar los trabajos de 50 investigadores hasta el final de 2008.
En cuanto a los datos, pronto empezarán a fluir desde "orbitadores" como la misión japonesa Kaguya y la china Chang e, lanzadas ambas el año pasado, la india Chandrayaan-1, que se lanzará en los próximos meses, el Lunar Reconnaissance Orbiter, que se lanzará en noviembre y luego el Grail, en 2011. Más tarde, será el turno de las naves que integrarán el ILN. A mediados de la próxima década, las dependencias del Instituto de Ciencia Lunar albergarán una actividad intensa.
Y no piensen que los científicos no se dieron cuenta. En la Conferencia de Ciencia Lunar y Planetaria, en League City, Texas, las sesiones estuvieron colmadas. "En 1987, hubiéramos estado cómodos en un garage -dice Clive Neal, de la Universidad de Notre Dame, en Indiana-. Si entonces me hubieran dicho que algún día tendríamos dos sesiones lunares en un gran centro de conferencias, y que sólo quedaría lugar para quienes aceptaran estar parados, me hubiera reído."
Por Dana Mackenzie ParaLA NACION