lunes, 16 de marzo de 2009

Las crisis emocionales pueden predisponer a sufrir accidentes


A los accidentes habría que dejar de darles ese nombre, dicen muchos expertos en el estudio de los accidentes, porque esa sola denominación parece invocar a los insondables caprichos del azar, a la mera fatalidad o al "desastre", palabra en la que fácilmente se advierte la remota pero implacable influencia de los astros; en suma: lo inmanejable.
El caso es que a medida que los accidentes -y las personas que se accidentan- van siendo estudiados, se advierte que casi siempre hay factores identificables que ayudaron a que eso ocurriera y que, lejos de todo supuesto designio sobrenatural del destino, pudieron haber sido evitados.
Quienes sufren de asma, psoriasis, úlcera péptica o alguna ora afección psicosomática puede reconocer muchas veces, en su propio cuerpo, que su problema de salud empeora cuando están pasando por un momento de mucha exigencia emocional. En este caso es el factor psíquico que, junto con factores ambientales, influye sobre una determinada predisposición genética.
En el accidente, en cambio, la violencia se da en un choque con lo externo, viene "de afuera", pero, ¿cuánto influye "lo de adentro", el factor emocional, en la posibilidad de sufrir un accidente? De esto se ha ocupado el psicoanálisis, y particularmente en la Argentina. Lo han hecho a partir de las ideas de Freud, quien dio la pista enmarcando al accidente dentro del campo del "acto fallido".
Hoy cualquiera puede tener una idea de lo que es un acto fallido: algo que uno "no quiso" decir o hacer, pero que por algún motivo se terminó "colando" sin querer entre los dichos o los hechos. Y efectivamente, nadie se accidenta a propósito -esto debe quedar bien claro a fin de evitar visiones culpabilizadoras-, pero en el accidente existe, dicen los psicoanalistas, una intencionalidad: "Es una intencionalidad inconsciente", explica la licenciada Verónica Miranda, integrante del Centro de Investigaciones para la Prevención y el Estudio de los Accidentes (Cipea), "una necesidad del psiquismo de descargar un dolor excesivo en el acto de accidentarse". Dicho de otro modo, un accidente puede ser analizado como una vía de expresión, cuyo costo suele ser, por supuesto, demasiado alto.
Pensarlo al revés
En el área de Traumatología del hospital Fernández, por ejemplo, un grupo de profesionales visita a los pacientes internados, "no sólo para contenerlos ante el dolor posterior al accidente, sino también investigando junto al paciente la situación nueva por la que atraviesa", explica Miranda.
Pero además, la clave parece ser saber -y hacer que el paciente lo sepa también- qué circunstancias personales estaba atravesando la persona antes de sufrir el accidente: "Creemos que puede rescatarse el sentido de un accidente y de ese modo prevenir futuros accidentes".
Independientemente de la situación es estrés postraumático, que desde luego es importante, la cuestión aquí es hallar el trauma previo, ese dolor contenido que llevó a la persona a una descarga involuntaria en forma violenta a través de un "acto fallido": el accidente. Así como la persona con urticaria se rasca la piel hasta lastimarse cuando su angustia es muy intensa, un accidente grave puede ser el síntoma de un gran conflicto emocional
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Si bien el azar existe y cualquiera puede sufrir un accidente, la forma en que cada persona haya aprendido a manejarse con sus situaciones traumáticas puede hacerlo más propenso a sufrir accidentes. Esa "accidentofilia" se acentúa en los momentos de crisis personal y puede manifestarse en movimientos más "torpes", o en actitudes demasiado "confiadas" (conducir con menos cuidado, o bebido), o en la exposición a peligros innecesarios. Sin descartar que, como reconoce Miranda, "hay factores o elementos externos sociales que colaboran en la causación de accidentes, como ser la falta de contención y de protección con leyes claras".
Las lesiones en el deporte
En los deportes, donde por lo general todo el cuerpo se pone en acción, se manifiesta de forma bastante clara la relación entre el factor psíquico y la ocurrencia de accidentes, con sus particularidades: los factores
"Los movimientos que se ejecutan al realizar un deporte requieren una tensión muscular óptima, que se logra con una preparación tanto física como psicológica", explica el psiquiatra y psicoanalista Ricardo Rubinstein, miembro de la Asociación Psicoanalítica argentina. Las vivencias emocionales inciden en ese estado de preparación, tanto como las circunstancias propias del deporte, en especial si es de alta competencia: contra quién se juega, a qué nivel, frente a qué público, en qué torneo.
El temor, la ansiedad y la frustración, indica este especialista en deportes, inciden tanto sean conscientes como inconscientes: "Podrán variar el tono muscular produciendo hipo o hipertonías asincrónicas con lo que el jugador necesite realizar en ese momento". Lo que sucede entonces es que cada patada, cada golpe, cada movimiento, "resultará en áreas de mayor fragilidad o disposición a la lesión", especialmente en los deportes donde hay fricción con el adversario.
La mayor dificultad para expresarse frente a esas tensiones que implica el juego, explica Rubinstein, suele traducirse en calambres y en lesiones: "En los deportistas, las lesiones, muchas veces reiteradas, son la vía de expresión de una conflictiva que no encuentra otro modo de canalizarse, una forma de parar, de decir basta".
De modo que puede que haya algo a lo que quepa llamar "mala suerte", pero conocerse un poco más a sí mismo permite evitar, según parece, el ir ciegamente a su encuentro una y otra vez, si es que existe.
Marcelo Rodríguez
lanacion.com