sábado, 28 de marzo de 2009

Deporte infantil, una escuela de vida y salud


MADRID (Diario El País).- Carlos tiene 10 años. Los martes y jueves tiene clase de tenis después del colegio. Los lunes y miércoles, escuela de fútbol y los fines de semana competición. Como Carlos, miles de niños hacen deporte fuera del horario escolar. El desarrollo físico y mental del 70-80% de ellos se beneficia de estas prácticas deportivas. Sin embargo, para el 20-30% el deporte competitivo puede venir acompañado de problemas de inseguridad o ansiedad y, en contadas ocasiones, de lesiones, asegura Miguel García Fuentes, de la Universidad de Cantabria.
Nadie duda de que el deporte es salud. En los niños se recomienda practicar una hora u hora y media diaria de ejercicio moderado o intenso, afirma García Fuentes. "No pasa nada si el deporte es competitivo, siempre que le permita llevar una vida normal", añade. Los niños necesitan hacer deporte, pero entendido como una actividad lúdica diaria, recalca José Antonio Pérez Turpin, de la Universidad de Alicante.
En edad pediátrica debe practicarse con sentido común y siguiendo programas específicos. Desgraciadamente, denuncia Pérez Turpin, a veces no hay conexión entre la actividad escolar y la extraescolar. Las actividades extraescolares deben incluirse dentro de programas educativos. Por ejemplo, las que están ligadas a un colegio, indica Carlos Méndez, profesor de Educación Física del Colegio Santa Cristina (Madrid), suelen estar dentro del programa educativo del centro y controladas desde el colegio. A veces, tampoco se realizan reconocimientos médicos. Sin embargo, la Federación Internacional de Medicina del Deporte (FIMS) establece que antes de participar en cualquier programa deportivo de competición, los participantes deberán someterse a una exploración médica meticulosa.
Adecuado a cada edad
El ejercicio físico debe adecuarse a cada etapa del desarrollo del niño. Si la actividad física supera los límites adecuados a la edad, con sobrecargas y con posiciones y ejecuciones incorrectas, los efectos pueden ser negativos. Los niños que participan en competiciones escolares y extraescolares, indica Pérez Turpin, están a menudo sometidos a entrenamientos de más de seis horas semanales. El problema no son las horas, "sino el tipo de entrenamiento, que es específico para un único deporte". Por ejemplo, en el fútbol o el baloncesto se realizan unos ejercicios en los que únicamente interviene un grupo muscular. "Son gestos repetitivos durante horas, como tirar a puerta en fútbol, para los que el organismo de un niño no está preparado".
Si la supervisión médica es insuficiente, los métodos de entrenamiento incorrectos o el tipo de deporte escogido inadecuado para la edad, algunos niños pueden sufrir lesiones por exceso de uso. Según un informe de la FIMS, los niños que cometen excesos son más propensos a lesionarse que los adultos porque sus tejidos y cartílagos están en desarrollo. Es decir, que el propio proceso de crecimiento puede causar desequilibrios musculares alrededor de las articulaciones y aumentar el riesgo de lesiones. Sin embargo, García Fuentes apunta que las lesiones son ´raras´ y en la mayoría de los casos se recuperan sin problemas.
El niño también se encuentra en una etapa de continuo desarrollo personal. Por eso es posible que, como afirma Pérez Turpin, sea necesario introducir cambios en la forma de entender el deporte y la competición escolar, basado más en la cooperación que en la competición. Se trata de un punto determinante para que la práctica del deporte contribuya positivamente a su desarrollo integral. Ricardo Lanza, psicólogo de la Universidad de Cantabria, recuerda que competir no es bueno para todos los niños, pero hacer deporte sí. Y añade: "Para los niños la actividad física debe ser algo lúdico; no se trata de ser el mejor". Lanza sabe mucho sobre eso. Y no sólo como especialista, sino porque de pequeño compitió en motocross bajo la sombra de su tío. En el deporte, dice, hay que buscar siempre el "refuerzo positivo". Desgraciadamente, muchos chavales se sienten presionados y terminan por abandonar y por sufrir problemas de ansiedad o estrés, en el peor de los casos.
Motivación y presión paternas
Los padres tienen un papel fundamental a la hora de motivar al niño y fomentar una práctica sana del deporte, en todos los sentidos. Sin embargo, algunos padres están ´contraindicados´ para sus hijos. Un ejemplo extremo es el caso de un padre francés, Christophe Fauviau, que en los partidos de tenis de sus hijos drogaba a sus rivales disolviendo ansiolíticos en el agua que bebían.
Pablo Pérez, director de una escuela de tenis en Madrid, reconoce haber visto a veces a padres que amedrentan al rival o machacan a su propio hijo, "aunque afortunadamente no son la mayoría". Parece que se ha olvidado que hay que competir, pero que se puede perder. Que el deporte es un juego y que la derrota forma parte de la vida. "Es un medio de aprendizaje, pero parece que hemos trasladado a nuestros hijos la sociedad competitiva en la que vivimos", afirma Lanza.
"La presión paterna puede hacer que el niño huya del deporte", asegura García Fuentes. Aunque los deportes de equipo pueden diluirla, en ocasiones se generan situaciones violentas que, en realidad, son un reflejo de la conducta de los mayores. Es algo que se percibe a menudo en muchas instalaciones deportivas, independientemente del deporte que se practique.
En el entrenamiento de competición, los altos niveles de presión pueden acabar causando trastornos de comportamiento como desmotivación escolar, ansiedad competitiva o estrés. "Son muy pocos los niños que pueden llegar a vivir del deporte; muchos se quedan por el camino -apunta Pérez Turpin-. Y los padres son, a menudo, los que más ansiedad les generan. Nos estamos convirtiendo en una potencia mundial en deporte, pero ¿nos hemos parado a pensar a qué precio?´
No hay duda de que los padres y entrenadores tienen que estimular la parte positiva el deporte, basada en valores como el compañerismo, la responsabilidad y la sociabilidad, señala Lanza, quien en su trabajo como psicólogo recuerda haber dicho en más de una ocasión a un niño que no pasa nada si se pierde.
En cualquier caso, la actividad física es buena, no hay que olvidarlo. Hace falta que nos movamos, pero con sentido. "Los niños no son adultos en miniatura; son únicos en cada fase de su desarrollo", concluye Pérez Turpin.
Rafael Pérez Ybarra
© EL PAIS, SL.
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