domingo, 29 de marzo de 2009

Científicos que usan a sus hijos como cobayos


Pam Belluck
The New York Times
Ya antes del nacimiento de su hijo, Pawan Sinha vio en su paternidad un potencial increíble. En una clase de preparación para el parto, el doctor Sinha, profesor de neurociencia en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, según su sigla en inglés), dejó atónito a todo el mundo, incluida su esposa, al confesar qué lo entusiasmaba del nacimiento del bebe: "Realmente quiero estudiarlo y hacer experimentos con él". Y fue lo que hizo: le ató una cámara en la cabeza a Darius, que registró todo lo que el infante miraba.
Sinha se cuenta entre una nueva generación de científicos que usan a sus hijos como sujetos de investigación. Otros investigadores también han estudiado antes a sus propios hijos, pero la tecnología, cada vez más sofisticada permite a los científicos de hoy recabar datos nuevos y más detallados.
Los científicos también afirman que estudiar a sus hijos les permite realizar investigaciones más profundas y que los niños son participantes seguros y baratos en una época en la que resulta difícil conseguir fondos para la investigación. "Se necesitan sujetos, y no es fácil conseguirlos", dijo Deborah Linebarger, una psicóloga evolutiva que dirige el Laboratorio Mediático Infantil en la Universidad de Pennsylvania y que incluyó a sus cuatro hijos como sujetos de estudio en su investigación sobre los efectos de los medios de comunicación en los niños.
Arthur Toga, profesor de neurología de la escuela de medicina de la Universidad de California, dedicado al estudio de los cambios del cerebro, hizo una investigación sobre sus tres hijos con imágenes por resonancia magnética. Stephen M. Camerata, de la escuela de medicina de la Universidad Vanderbilt, se valió de sus siete hijos para estudiar los problemas de habla y de aprendizaje. Y Deb Roy, del MIT, colocó 11 videocámaras y 14 micrófonos en el cielorraso de su casa: registró el 70% de las horas de vigilia de su hijo durante sus primeros tres años y acumuló 250.000 horas de grabación para un estudio evolutivo del lenguaje al que denomina Proyecto Habla Humana.
Efectos secundarios
Algunos métodos de investigación son claramente benignos; otros, sin ser obviamente peligrosos, podrían tener efectos aún no evaluados completamente. Los especialistas en ética dicen que considerarían aceptable, e incluso valiosa, la participación de los niños en algunos proyectos, pero plantean dudas sobre el efecto que podrían tener sobre ellos, sobre la relación con los padres y sobre la objetividad del investigador o de los datos.
"El rol del padre es proteger al niño", dijo Robert M. Nelson, director del Centro de Integridad en la Investigación del Hospital de Niños de Filadelfia. "Cuando el padre se convierte en investigador, desencadena un potencial conflicto de intereses. Y ese conflicto puede apoderarse de la relación padre-hijo y distorsionarla de maneras impredecibles."
Los mismos investigadores reconocen que es un gran desafío ser simultáneamente científico y padre. "No quiero que se sientan incómodos, ni que sientan que estoy invadiendo su intimidad. Cuando se mezcla el rol de investigador con el de padre eso puede colocar a los niños en un lugar injusto", dijo la doctora Linebarger.
Los niños han sido sujetos de investigación para sus famosos padres científicos, incluyendo el caso de Jean Piaget, quien desarrolló la teoría de la evolución infantil. Pero algunos ejemplos del pasado probablemente no aprobarían los niveles éticos requeridos en la actualidad.
Jonas Salk inyectó a sus hijos su vacuna contra la polio. Clarence Leuba, un psicólogo que se preguntaba si la risa como respuesta a las cosquillas era adquirida o innata, prohibió que se les hiciera cosquillas a su hijo y su hija salvo cuando lo hacía él, enmascarado para ocultar su expresión.
En la actualidad, los científicos que emplean sujetos humanos deben conseguir la aprobación de juntas de control institucionales, que evalúan las regulaciones federales sobre el riesgo, la coerción ejercida sobre los sujetos y la posible parcialidad de los investigadores.
Algunos científicos dijeron que cuando estudiaban a múltiples sujetos no les parecía necesario informar sobre la participación de sus hijos, dado que éstos no correrían mayor riesgo que el resto de los sujetos. Algunos afirmaron que la inclusión de sus hijos demostraba que los riesgos eran mínimos.
Toga afirmó que algunos, que no son científicos, le han dicho: "¿Por qué un padre debería someter a su hijo a los peligros de una resonancia magnética? Debería darle vergüenza".
Las decisiones de estos médicos, no pocas veces, producen graves desavenencias familiares. Pam, la esposa del doctor Sinha, no accedió fácilmente a que su bebe fuera objeto de estudio, aun cuando ella misma es científica. "Se oponía firmemente a esta idea de experimentación, así que había que hacerlo subrepticiamente, siempre que ella salía o cuando yo sacaba al niño a pasear en su cochecito", dijo Sinha, y confesó: "Todavía es un tema delicado entre nosotros".
Traducción de Mirta Rosenberg
lanacion.com