miércoles, 25 de marzo de 2009

Pregúntele a su vecino qué es mejor para usted


¿Tiene usted dudas? ¿Se pregunta últimamente si es mejor atacar a su suegra o unirse a ella? ¿No sabe si pedir chau fan o chop suey, si hacerse una escapada a Merlo o a Tandil, si tomar o no un café con ese extraño? ¿Duda –en definitiva– sobre qué cosas le gustan en la vida y qué cosas no?
Pues bien: si quiere encontrar la respuesta no tiene que hacer viajes interiores, ni leer libros de autoayuda, ni perder tiempo y dinero interpelándose a sí mismo. La solución está en abrir la puerta de su casa, tocar un timbre y preguntarle a un vecino.
De acuerdo con un estudio publicado en el último número de la prestigiosa revista Science, ésta es la mejor forma de conocer los propios gustos.
En “The Surprising Power of Neighborly Advice” (El sorprendente poder del consejo vecinal), Daniel Gilbert, psicólogo de la Universidad de Harvard, advierte que –llegado el momento de sacar cosas en limpio– una charla informal en la vereda es más efectiva –y más barata– que un libro de Chopra o una hora de diván. Aunque este método no serviría para todas las decisiones, sino sólo para aquellas que involucren experiencias que no se hayan transitado antes.
“A la gente le gusta pensar que sus comportamientos son únicos, individuales e impredecibles, pero eso no es tan cierto –explica Gilbert en su estudio–. Hay muchas coincidencias entre la gente sobre aquello que le causa placer y dolor. Por eso, la mejor forma de saber qué respuesta se tendrá ante ciertas situaciones consiste en hablar con alguien que ya las haya experimentado. Por supuesto, esto funciona mejor cuando las personas son vecinas o amigas, porque significa que comparten más nuestros gustos.”
CÓMO LO HIZO.
Para llegar a esta conclusión, el doctor Gilbert realizó dos experimentos. Uno de ellos es francamente aburrido de relatar. Pero el otro es así: Gilbert propuso a 33 mujeres universitarias que participaran, en forma individual, de una “cita rápida” de cinco minutos con un estudiante. Antes de la cita, a 17 chicas se les dio una planilla con información “dura” sobre el candidato (había una foto y un perfil donde se incluía nombre, edad, altura, ciudad natal, y película, deporte, libro, canción y comida preferidos). Y a las otras 16 participantes se les entregó un papel con “información sustituta”. En éste figuraban los resultados de un relevamiento hecho con otro grupo de mujeres universitarias que ya había estado con el mismo hombre, y que lo habían calificado con una escala de puntaje que iba del 1 al 100. Con estos datos en la mano (la información dura y la sustituta), ambos grupos de mujeres debían aventurar qué pasaría en los próximos minutos; esto es: si el candidato les resultaría agradable o no.
¿LA CONCLUSIÓN?
Las mujeres que usaron la “información sustituta” (es decir, las que armaron una predicción sobre la base del chusmerío que les pasaron otras mujeres) fallaron en su predicción casi un 50% menos que las otras mujeres.
Dicho de modo aún más fácil: la que creyó que el tipo era un plomazo basándose en las opiniones de sus “contemporáneas”, una vez que fue a la “cita rápida” vio que se trataba, efectivamente, de un plomazo.
“Lo contradictorio –explicó Gilbert durante una entrevista con la revista Time– es que el 84% de las participantes creía, a priori, que la información más relevante para hacer una predicción provendría del formulario con datos curriculares. Pero este experimento demuestra que la gente puede hacer predicciones altamente confiables mediante un método sencillo: el de decir ‘quiero lo que tiene el de al lado’. Podemos predecir nuestra reacción ante futuras situaciones abrazando los puntos en común que tenemos con el resto de la gente.”
De acuerdo con Gilbert, que evidentemente es un hombre entusiasta, este estudio podría tener implicancias revolucionarias en el comportamiento de la gente. Por ejemplo, explica el catedrático, si en un futuro usted acude a un restaurante, podría basar su elección no en el menú, sino en la opinión de un comensal que ya haya estado allí. Y si está pensando en contraer matrimonio, bueno, lo ideal sería que su vecino no tenga mucho para decir al respecto.
criticadigital.com