domingo, 15 de marzo de 2009

Bernard Madoff: auge y caída del estafador oculto


NUEVA YORK
En el vestuario del Palm Beach Country Club -cuenta un habitué argentino-, en cuanto se destapó el escándalo, un grupo de socios arrancó el nombre de Bernard Madoff de su locker, y el club inmediatamente tapó el espacio con una nueva chapa de bronce en la que se lee, en su lugar: "Para invitados". Cualquier recuerdo del hombre que robó millones a los miembros de las institución, que dejó a viudas en la calle y acabó con las entidades de beneficencia que sostenían es, claramente, demasiado doloroso".
En efecto, la declaración de culpabilidad de Madoff en los juzgados neoyorquinos, el viernes pasado, no sirve para cerrar el indignante capítulo. Al haber aceptado todos los cargos en su contra, Madoff no irá a juicio, con lo cual evitará una larga investigación en su contra por parte de la fiscalía. Por un lado, poco podrá saberse así sobre si realmente actuó solo, como declara. Pero además, sin la investigación se estará más lejos de saber quién es en realidad "Bernie" Madoff, un auténtico Dr. Jeckyll y Mr Hyde, según el jefe de sus oficinas en Londres. Porque detrás de la fachada de patriarca respetable, amigo fiel, profesional impecable y generosísimo benefactor de distintas obras de caridad, lo que había era una de las mayores estafas de la historia, que destruyó, por ejemplo, una de las grandes ONG norteamericanas de lucha contra el cáncer.
El origen y la historia de Madoff parece un reflejo del sueño americano. Nacido hace 70 años en el seno de una familia judía de clase media baja en Queens -barrio cuyo acento aún conserva-, empezó su compañía, Bernard L. Madoff Investment Securities, con 5000 dólares que juntó trabajando de bañero e instalador de sistemas de riego. Se casó con Ruth, una compañera del colegio secundario con la que tuvo dos hijos y desarrolló una intensa vida familiar y filantrópica. Con esfuerzo, estudio y sin la ayuda de nadie llegó a ser el presidente del Nasdaq, el mercado electrónico de acciones.
"Parece innecesario decir lo obvio: un número considerable de chicos pobres con historias no muy distintas a la de Bernie Madoff han ganado premios Nobel y han establecido la grandeza de Nueva York", escribió Marie Brenner en Vanity Fair .
Aun cuando ya era parte del establishment financiero, Madoff nunca actuó como un arribista. Por el contrario, los testimonios coinciden en describirlo como un hombre correcto y callado, centrado en su familia, que salía poco y no ostentaba.
"Lo crucé un par de veces en el club -continúa el profesional argentino consultado, cuya familia política estadounidense fue damnificada-, siempre vestido con pantalones pinzados y chomba pastel, el uniforme de todos. Se mantenía en los márgenes. Pero, de haber querido, con su poder él y su mujer podrían haber presidido cualquiera de los eventos de caridad, que son el eje de la vida social en Palm Beach".
En Madoff, todo era bajo perfil y discreción. De hecho, llegó a ser un símbolo de confianza absoluta. Rechazó a muchos de quienes querían invertir con él aduciendo que no quería sobreextenderse para poder cuidar bien de quienes ya le habían confiado sus ahorros. Y siempre dio a los inversores un 12 por ciento de interés, aun en los años de auge, cuando sus rivales ofrecían retornos más altos.
En el Palm Beach, club donde se concentra buena parte de los clientes de Madoff, circulan las historias sobre maridos que, en sus últimas horas, les indicaban a sus mujeres que pasaran todo su dinero a Madoff, garantía de que estarían bien cuidadas cuando ellos ya no estuvieran vivos. Grandes ONG e instituciones de caridad fueron igualmente seducidas. Cuando, al principio de la crisis, varios bancos que ofrecían mayores retornos empezaron a fundirse, muchos pasaron todo su dinero a Madoff, una alternativa que a veces era menos rentable pero que era considerada tan segura como los bonos del tesoro norteamericano (T-Bond).
"Incluso a Madoff se lo llamaba el "Jewish T-Bond"" -agrega el padre de familia argentino, que pidió permanecer en el anonimato-. Uno de los errores que se repiten en los medios es señalar al caso como un ejemplo de castigo a la codicia. Fue todo lo contrario: se castigó a los inversores más conservadores".
Mucho se ha dicho y escrito respecto a que Madoff fuera judío, al igual que buena parte de sus víctimas, entre las que estaba Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto y Premio Nobel de la Paz. Madoff no sólo robó su dinero personal sino también el de su fundación.
En una mesa redonda pública organizada por la revista Portfolio , a Wiesel le preguntaron si creía que el hecho de que Madoff fuera judío era relevante. "En absoluto -respondió-. Cuando se descubrió el fraude de Ponzi, los diarios no hablaban del católico Ponzi, el protestante Ponzi o el italiano Ponzi. Sin embargo es el judío Madoff. ¿Por qué hacemos eso? Hay algo que posiblemente permanezca en el subconsciente de mucha gente, Shylock y las clásicas acusaciones de que los judíos están ligados al dinero. Esto no tiene nada que ver. Madoff es simplemente un ladrón, un delincuente, un villano. No es lo judío en él, sino lo inhumano en él lo que le hizo creer que podía arrebatar todo lo que tenían ancianos para vivir, o las beneficencias para ayudar".
Una cuestión de autoestima
Con él concuerda Stanton Samenow, uno de los principales psicólogos clínicos especializados en comportamiento criminal de EE.UU. y autor del libro "Inside the Criminal Mind".
"Quienes se embarcan en este tipo de fraude -explicó a LA NACION- suelen buscar sus víctimas, en general, entre la gente del grupo del que son parte. Pero personajes como Madoff cometen un crimen no porque necesiten el dinero, odien a la humanidad, hayan tenido una infancia terrible, una madre sobreprotectora o sean creyentes. Lo que tienen en común es algo más básico. Su autoestima sube o baja a expensas de terceros. Bernard Madoff comparte rasgos de personalidad con embaucadores y asesinos seriales".
El viernes, Madoff declaró arrepentirse de lo que había hecho. Cierto o no, ¿habrá tenido sentimientos de culpa mientras embaucaba a sus víctimas? "Una persona así -dice Samenow- se considera un buen ser humano. Quienes cometen fraudes penetran la vida de los otros, ganan su confianza, olfatean su vulnerabilidad, y luego se aprovechan de ellos. Pero no consideran que estén haciendo nada malo".
Quienes conocían a Madoff o trabajaron con él también señalan como una de sus características su extrema prolijidad. En el vestidor de su departamento en Manhattan, toda su ropa -impecable- era prácticamente igual. Sus oficinas en Londres fueron hechas para ser un calco de las de Nueva York. El viernes, en el juzgado, algo que llamó la atención de los periodistas fue la precisión de cada uno de sus movimientos, incluso para abrir la botella de agua mineral.
Otro gran interrogante es su familia. Los hijos de Madoff, Mark y Andy, siempre parecieron a quienes los conocían algo ingenuos. El centro de atención permanente, con sus humores y requerimientos continuos, era Bernie. Y si bien es difícil saber si el hecho de entregar a su padre a las autoridades, como lo hicieron, fue parte de un circo preparado, pocos ponen en duda que Madoff adora a sus hijos y que los ha protegido, así como a su mujer.
En eso, señaló a LA NACION Terry Leap, autor de " Dishonest Dollars: The Dynamics of White-Collar Crime ", a quien más se parece Madoff es a Don Corleone. La comparación con el capo mafia creado por Mario Puzo, además, ayuda a responder la otra pregunta recurrente respecto de Madoff, que es si no habría un elemento de locura en su accionar.
"Don Vito Corleone -recordó Leap, profesor de análisis del crimen de guante blanco en la Universidad de Clemson- era un capo de la mafia que, del mismo modo en que podía ordenar que se ejerciera violencia y se provocara la muerte de sus rivales, podía ser un devoto padre y marido. Había cierto encanto en él, a pesar de su forma impiadosa de hacer negocios. Corleone posiblemente no fuera un psicópata, sino un ejemplo del llamado comportamiento antisocial adulto. Madoff, por otra parte, ha sido a menudo descripto como un psicópata. La mayor parte de la gente lo encuentra deleznable y sin ningún encanto. Pero los psicópatas no suelen ser padres o esposos responsables y es llamativo como, hasta el último momento, Madoff protegió a su círculo más íntimo: podría haber intentado recibir una condena reducida a cambio de información, pero no hizo nada para alivianar su sentencia para no implicar a su mujer e hijos".
En la corte, además, Madoff dijo que había empezado el esquema Ponzi durante una recesión en los 90, para no defraudar a sus inversores y pensando que sería algo temporario. ¿Qué pasó entonces?
"Intelectualmente sabía que podía ser descubierto -continúa Leap-. Pero a medida que pasan los años y se van saliendo con la suya, los personajes como Madoff se vuelven más confiados y continúan engañando".
Y, quién sabe, ironías del destino, en el mercado se comenta que, de haberse mantenido la bonanza económica que sostenía al esquema Ponzi, o si la recesión que desencadenó todo no hubiera sido tan dura, quizá Madoff hubiese llegado al final de sus días como el patriarca respetable, amigo fiel, profesional impecable y generoso benefactor que se lo consideró hasta hace muy poco tiempo.
Juana Libedinsky LA NACION
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido: Bernard Madoff
Edad: 70 años
Establishment financiero: Nació en 1938, en el seno de una familia judía de Nueva York. Dedicado a las finanzas, creó la firma Bernard Madoff Investment Securities y durante años fue un exitoso exponente del establishment financiero.
La estafa y las víctimas: La estafa que protagonizó, y que saltó a la luz a raíz de la crisis, comenzó en los 90 y consistió en un esquema piramidal. Entre sus víctimas hay famosos y fundaciones benéficas. Está casado y tiene dos hijos.