sábado, 14 de marzo de 2009

CRÓNICAS: CARNAVAL DE BARRANQUILLA


Las fiestas asociadas a expre­siones de la cultura popular cómica fueron muy impor­tantes para los pueblos de la Edad Media europea, en especial la de los carnavales, situación esta que estimuló su traslado a las colonias del nuevo mundo. Los carnavales que llegaron a América tenían un carácter espe­cial proveniente de los ritos cómi­cos de la antigüedad en el Viejo Mundo.
Desde el Renacimiento se subrayaba la línea genealógica del Carnaval con las saturnales, las lupercales y las fiestas dionisíacas griegas. Diversas culturas europeas señalaron el principio de año en el solsticio de invierno, y en esta época se efectuaban las fiestas del mismo nombre en las primeras civilizaciones europeas, donde se celebraban mascaradas, con un contenido mágico cuyo fin, según el investigador español Julio Ca­ro Baroja, era propiciar la buena marcha del grupo durante el año siguiente, así como garantizar que se cumpliera y renovara el ciclo vi­tal humano, animal y vegetal y se alejaran los males.
En los tiempos que coinciden con las fiestas de invierno entre los años 360 y 390 el obispo Paciano observa mascaradas en Barcelona, de macho cabrío, becerros, ciervos y otros animales. Igualmente se encuentran en la Iglesia Católica para este período, críticas y cáno­nes condenatorios a los que consi­deraban restos del paganismo.
Para esta época, el cristianis­mo instituye las fiestas religiosas como una forma de controlar los festejos cómicos populares, y así permitiéndolos bajo su custodia. Las mascaradas de civilizaciones europeas antiguas, después de si­glos de evolución, desembocaron en el Carnaval, celebración de­clarada por la Iglesia, para luego declarar un tiempo de penitencia, que sería la Cuaresma. De esta for­ma las mascaradas se despojaron de la significación ritual que tuvo la risa en la comunidad primitiva.
El carnaval en el Caribe
Ajena a lo experimentado por Eu­ropa, en el Caribe colombiano la fiesta recoge lo universal del Car­naval presente en la cultura cómi­ca popular del Viejo Continente y además lo alimenta para conver­tirlo en una fiesta que no fue más europea, sino una fusión cultural fecunda y creativa de tres pueblos: el indio el europeo y el africano que lograron expresarse en la fiesta colonial mas permisiva de la época.
En estos nuevos rumbos al Carnaval se le agregan danzas y disfraces desconocidos en su lugar de origen. Cada uno de los carnavales del mundo tiene su particularidad que responde a la historia vivida por la sociedad portadora de la tradición festiva. Podríamos decir que cada carnaval es único, sin embargo comparten principios universales. Las festividades representan en ca­da cultura, más que un descanso su filosofía de vida, su concepción del mundo y así sucede en la ciu­dad de Barranquilla.
El carnaval se encuentra en las fronteras entre arte y vida debido a su esencia. Allí se percibe el com­ponente lúdico, ajeno a lo oficial y serio de una cultura. Algunos de estos vestigios se encuentran hoy en el carnaval de Barranqui­lla, donde aún no hay actores que asistan al carnaval sino que lo vi­ven los propios habitantes de la ciudad, y su lema es "Quien lo vive es quien lo goza". El Carnaval no tiene frontera espacial, no es un concierto ni un espectáculo.
Mijail Bajtin señala que en suma, "durante el carnaval es la vida misma la que se inter­preta, y durante cierto tiempo el juego se transforma en vida real. Esta es la naturaleza específica del Carnaval, su modo particular de existencia... El Carnaval es la se­gunda vida del pueblo, basado en el principio de la risa. Es su vida festiva."
Barranquilla baila así
Durante este período de festejo, los carnavaleros en Barranquilla se escapan de los esquemas de la vida cotidiana, oficiales, estableci­dos incluso por su propia cultura, y lo que se representa es un juego que se trasforma en la vida real por un tiempo; esta vivencia puede ser mayor o menor según quiera cada uno de los participantes y en cada uno de los grupos que participan. La fiesta, para ellos, va más allá del descanso, es parte de su mundo espiritual, de su existencia huma­na. Esa es la fiesta.
A diferencia de otras oficiales, la del Carnaval es una especie de liberación. En este tiempo, la seriedad extrema y uni­lateral que da como resultado el miedo es derrotada por la risa. La muerte en ese espacio es incapaz de producir temor. Una de las danzas más anti­guas y significativas del carnaval de Barranquilla, el Garabato, ex­presa un principio universal pro­cedente de las saturnales: la eterna ambivalencia entre lo que nace y lo que muere, donde el disfraz de la muerte con su guadaña se tran­za en una lucha feroz y lúdica con los bailarines. Los danzantes del garabato pelean contra la muerte bailando hasta agotarse y dejar que ella se los lleve.
El carnaval de Barranquilla, contiene la risa del pueblo en for­ma de parodia, de inversiones y degradaciones, pero es también una fiesta folclórica tradicional donde las danzas y la música son protagonistas. Algunas de las tradiciones de las saturnales perduraron en los carnavales de la Edad Media, fiesta que representa a plenitud la idea de renovación.
Los festejos carnavaleros en el mundo tienen un carácter universal, que refiere a su renacimiento, donde cada in­dividuo participa animado por la filosofía de la dialéctica, del movi­miento, de la relatividad, opuesto a todo lo estático, lo eterno. Los que intervienen en el carnaval logran una experiencia viva, una expe­riencia que renueva.
En los regímenes feudales, la fiesta recogía los propósitos su­periores de la existencia humana, renovación y resurrección, que alcanzaba su cima en esta fiesta. Era la segunda vida del pueblo que temporalmente vivía en el reino utópico de la libertad, la igualdad y la abundancia.
La libertad carnavalera en Ba­rranquilla es sólo una transgresión autorizada, utópica, con símbolos y formas propias que sirve de ca­talizador, recolector de frustracio­nes, para hacerlas explotar y libe­rarlas en un gesto catártico, per­mitiendo a la ciudad una relativa calma emocional durante el resto del año. Aquí aflora lo corporal, los sentimientos primigenios del hombre, donde los participantes olvidan cualquier otra cosa salvo la satisfacción del cuerpo, que es una ley universal.
Desde el siglo XVII, los con­tenidos de los ritos carnavaleros comienzan a debilitarse y pierden su significación: el clima de fiesta, la idea del reino utópico, la con­cepción profunda del mundo, la intensa relación con lo corporal y las imágenes de la cultura cómica popular que Bajtin llamó "Realis­mo Grotesco" donde lo cómico, lo corporal y lo social son insepara­bles, donde lo alto baja a la tierra, el nacimiento se mata, se siembra y da luz algo superior. Sin embar­go, la cultura popular es diversa en sus manifestaciones; el principio festivo popular del carnaval no se destruye, aunque atenuado sigue enriqueciendo la cultura y la vida de los pueblos. Así es en Barranquilla, una ciudad del Caribe, bien al norte de Colombia.
clarin.com

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