sábado, 22 de noviembre de 2008

El ocaso de un rito: la mayoría de los jóvenes del interior ya no hace siesta


Por: Graciela Gioberchio
La siesta, esa costumbre ancestral tan arraigada en el interior del país, está en crisis. Una reciente encuesta indica que la mayoría de los jóvenes ya abandonó el ritual y que aprovecha ese tiempo para leer, ir al gimnasio, escuchar radio, encontrarse con amigos o chatear por Internet. El ansiado descanso de sus padres, en tanto, se está viendo amenazado por las exigencias que impone la vida moderna, sobre todo en las ciudades del interior.
¿Dormís la siesta habitualmente?
Es la pregunta disparadora de la encuesta que realizó Mediamax, una empresa de marketing y comercialización de medios del país, que abarcó a casi 2.200 jóvenes de 18 a 30 años de distintas ciudades y pueblos del interior, todos oyentes de radios AM y FM locales.
Una de las principales conclusiones del trabajo es que mientras mayor población tiene una ciudad, menor es el porcentaje de gente que duerme la siesta.
"Muchos creen que de 15 a 16 en el interior todos duermen la siesta. Y para conocer las costumbres de los jóvenes en ese horario, más de 220 radios salieron a encuestar. Suponíamos que no dormían los más jóvenes, entre 18 y 25 años, pero al final la encuesta mostró que el abandono de la siesta se extiende hasta los 30", cuenta a Clarín la directora de Mediamax, Patricia Edwards.
Así, los porcentajes más altos de quienes contestaron que no duermen la siesta se alcanzaron en grandes centros urbanos como Rosario (85%), Mendoza (83%) y Mar del Plata (76%). A esa altura se ubicó la ciudad de Río Grande, en Tierra del Fuego, con un 83%, donde en general la jornada laboral tiene horario corrido. Le siguen ciudades del noroeste, como San Salvador de Jujuy (231.000 habitantes) y San Miguel de Tucumán (528.000 habitantes) donde las respuestas anti-siesta reunieron el 73% y el 57%, respectivamente. En tanto, en otras ciudades chicas como Santa Teresita (tiene 13.000 habitantes) o Coronel Pringles (24.000 habitantes) los porcentajes se ubicaron en el orden del 41% y 44%.
Resulta placentera para unos y no tanto para otros. Dicen que el origen de la palabra siesta viene de "sextear" o "guardar la sexta" que después se deformó en el popular "sestear" o "guardar la siesta". Viene de la regla de los monjes que San Benito Abad escribió hace más de 1500 años en Umbría, Italia: incluía la norma de guardar reposo y silencio después de la "sexta hora", la hora del mediodía, la hora de más calor.
La costumbre todavía resiste en Córdoba
La siesta resiste en Córdoba no sólo entre los adultos, sino también entre los adolescentes: "Cuando era más chico ni loco quería dormir la siesta; pero ahora me canso mucho por el cole y el cuerpo me lo pide", dice Francisco Villalba (18), mientras descansa a la orilla del arroyo de Río Ceballos con sus amigos. La siesta no murió en Córdoba: flexibilizó sus horarios. Los pibes que llegan "a las seis de la tarde a la casa, se tiran dos horitas para estar pilas y seguir a la noche", apunta Florencia Suárez (17), que afirma que en su casa "la siesta sigue siendo sagrada".
El estío de noviembre abona su teoría entre los que regresan de trabajar a las dos de la tarde, o están desocupados; y los adultos que "al menos nos tiramos un rato al oscurito para recuperar fuerzas", cuenta Antonio Luis Palacio (59).
Para la escritora cordobesa Cristina Loza, la siesta no sólo está impresa en la costumbre familiar: también lo está en un cartel de la puerta de su casa que reza: "Acá todavía se duerme la siesta". "Es tan inherente al cordobés, que es difícil que desaparezca", dice la autora de Malasangre. En esta ciudad hay al menos dos modernos hoteles "para empresarios", donde por módicos $ 30 se puede cumplir con el rito.
MARTA PLATIA
CORDOBA. CORRESPONSALIA