lunes, 24 de noviembre de 2008

Una mezcla demasiado peligrosa


Siete de cada diez adolescentes que se atienden por adicciones en la provincia de Buenos Aires abusan del consumo combinado de alcohol y psicofármacos.
La Subsecretaría de Atención a los Adicciones del Ministerio de Salud provincial (SADA) elaboró un sondeo en escuelas públicas y privadas sobre un total de 2.209 chicos de 16 a 20 años. De éste se desprende que el 19,8% de los chicos probó cerveza por primera vez a los 12 años, mientras que un 45% lo hizo a los 14 años. En cuanto a la frecuencia de consumo, el 27% reveló que toma bebidas alcohólicas fuertes como whisky, vodka o ginebra al menos una vez a la semana. También, el 20% de los consultados afirmó que consume con esa misma frecuencia alcohol mezclado con bebidas energizantes. Desde la SADA explicaron que toda vez que un chico ingresa a una guardia hospitalaria por una intoxicación con alcohol o drogas los profesionales se encuentran frente a un panorama complejo: conocer cuál fue la sustancia que produjo la intoxicación, entender qué riesgos implica, desintoxicar y, a la vez, ofrecer contención psicológica, además de ocuparse de la continuidad del tratamiento en caso de que se trate de una adicción instalada.
En lo que va del año, la subsecretaría asistió 21 mil casos en los 189 Centros Provinciales de Atención a la Adicciones (CPA), de los cuales el 16% correspondió a menores, el 21% a personas derivadas por la Justicia, el 30% con causas pendientes y el 25% a desocupados.
CLONAZEPAM.
“De lo que más abusan los chicos menores es del clonazepam mezclado con bebidas alcohólicas”, señaló Oscar Molteni, director ejecutivo del hospital El Reencuentro, que asiste alrededor de 400 adictos por mes, entre pacientes nuevos y aquellos que están en proceso de recuperación.
En el último año, los especialistas observan un notable incremento de estos casos, sobre todo en adolescentes de entre 14 y 25 años. De hecho, el 70% de los pacientes que acuden a ese centro provincial revelan que ésas son las sustancias de las que más abusan.
El clonazepam es un ansiolítico muy promocionado entre los profesionales a la hora de medicar a personas con trastornos de ansiedad. “Administrado en las dosis indicadas para cada paciente y con los intervalos necesarios resulta un medicamento eficaz para tratar ataques de pánico, fobias o estrés postraumático”, precisaron los profesionales consultados.
Sin embargo, cuando se toma sin control y en conjunción con alcohol, los efectos pueden llevar hasta el coma.
“Ambas sustancias provocan, en una primera etapa, un estado de desinhibición total dando lugar a un cuadro de verborragia y exaltación emocional”, explicó Ana María Girardelli, jefa de toxicología del hospital Sor María Ludovica de La Plata.
En cambio, cuando la euforia se desvanece “ocurre lo que los chicos llaman el bajón, que es una fuerte tendencia a la depresión”, agregó Girardelli e hizo hincapié en que durante la etapa eufórica los consumidores suelen incurrir en conductas de riesgo, como manejar a alta velocidad o agredir a otro sin medir las consecuencias.
Además, esta combinación acarrea trastornos metabólicos y neurológicos que pueden derivar en cuadros graves como el estado de coma y que, en la mayor parte de los casos, requieren internación y rehidratación para eliminar la toxicidad de ambas sustancias.
“Una banda de rock decidió bautizarse Las Pastillas del Abuelo. Más allá de lo gracioso del nombre, esto describe una realidad que nosotros escuchamos a diario: muchos chicos comentan que consiguen los psicofármacos en sus propios hogares, y por otro lado es evidente que existe un circuito ilegal de drogas legales”, explicó Molteni.
Para hacer frente a estas consultas, la SADA editó un manual con detalles pormenorizados sobre cómo proceder frente a un cuadro de intoxicación desde los puntos de vista clínico y psicológico.