martes, 11 de noviembre de 2008

Ser un bombón asesino trae celulitis



La escena es así: mientras ella, en bombacha, se para frente al espejo, gira la cadera, se mira esas partes del cuerpo a las que no les prestó atención durante el invierno, duda, se mira más de cerca, se agarra el muslo con la mano y, finalmente, se desgarra con un ¡aaaaaaaaaah, más celulitis!, un tsunami de recetas mágicas, recetas caseras, recetas fashion, recetas de la abuela, de la prima, de Madonna, de Ricardita, empiezan a circular por internet, revistas y demás. Las fórmulas van desde mandar a la hoguera los pantalones apretados y aquellos que son dos talles menos, los cinturones que cortan la circulación, las remeritas ajustadas y las polleras tubo y, por supuesto, donar los stilettos al Hogar Don Orione.
Adrián Bernardis, director del centro de medicina estética que lleva su nombre, señala que todo aquello que comprima los tejidos puede contribuir a una patología vascular. Sin embargo, admite que no hay que cambiar el guardarropa ni hacer la cruzada contra todo lo que se ciñe al cuerpo: “Si la prenda presiona en un lugar específico, como el elástico de una media que genera como un efecto embudo, eso sí puede producir edemas. Pero si la presión es uniforme, como en un pantalón o una media de descanso, no hay problema”. “Para que un pantalón genere celulitis, la paciente tendría que llegar con las piernas azules a su casa”, dice Leyla Abboud, especialista en medicina estética, que se dedica al tema desde hace diez años y repite que en todo ese tiempo escuchó cientos de falsas fórmulas.
En cuanto a los tacos, no todos tienen buena prensa con los médicos: “La altura ideal para alguien que pasa mucho tiempo parado es de cinco centímetros, así se estimula la bomba muscular y se facilita la circulación”, dice Abboud.
Para comprender esto, es necesario aclarar que la celulitis es una enfermedad dérmica en la que intervienen desórdenes circulatorios y retención de líquidos, lo que genera que se acumule grasa en las células adiposas y agua alrededor. A medida que se inflaman, las membranas que los envuelven se deforman y tiran de sus puntos de fijación causando el aspecto de piel de naranja. Empieza en la adolescencia, afecta al 90% de las mujeres y está directamente relacionada con la constitución hormonal.
“Hay que diferenciar bien qué es celulitis –advierte Abboud–, porque hay centros de estética en los que confunden celulitis con flaccidez, entonces pellizcan la piel y aparecen los nodulitos. Pero siempre que se pellizca una zona más fláccida aparecen esos micropozos, por eso es muy fácil engañar.”
Adriana Raimondi, médica dermatóloga, completa el listado de mitos y falsedades. “Se dice que la celulitis no tiene nada que ver con la obesidad, pero esto no es cierto: como es un trastorno del tejido celular subcutáneo, la gordura hace que se tenga más volumen en el sector afectado. Esto no quiere decir que las flacas no la padezcan, sino que la gordura la favorece”.
Ambas especialistas coinciden en que hay un saber popular que sí tiene un fundamento sólido: la alimentación. Los embutidos, las carnes grasas, lo frito y todo aquello con alto contenido de sodio debería desaparecer de la dieta diaria. En cambio las verduras, las frutas, las proteínas magras y el agua son declaradas aliadas de la guerra anticelulítica.
En cualquier combo de vida saludable, a las recomendaciones alimenticias siempre viene pegado el ejercicio. Pero atención con las fanas de salir a correr por los bosques de Palermo: al parecer, eso de rebotar contra el suelo no es nada bueno. “El ejercicio no tiene que ser de alto impacto porque hace que las válvulas del sistema venolinfático se debiliten. Por eso es común ver a profesoras de fitness con derrames venosos”, dice Abboud. Entre los recomendados, entonces, se encuentran pilates, yoga, bicicleta y natación.
Pero por más pilates que se haga, comida sana que se coma y cremas que se usen, la celulitis se combate con tratamientos específicos. Así dicen. De ahí que los centros de estética se multipliquen, al igual que los procedimientos: los hay de todo tipo y los nombres, a veces, asustan.
Electroestimulación neuromuscular, hipertermia, ozonoterapia, carboxiterapia...
Algunos resultan impronunciables, pero entre todos ellos, el tratamiento vedette es la mesoterapia, que consiste en microinyecciones. “Es uno de los más efectivos y ya lleva años en el acervo médico –confirma Bernardis–. También hay otros con buenos resultados como la endermologie, basada en una técnica francesa, y el drenaje linfático.” Abboud coincide: “A la mesoterapia no hay con qué darle. Lo ideal es combinarla con la radiofrecuencia corporal o con la carboxiterapia. Así, a la celulitis se la puede reducir hasta en un 90%, nunca curarla porque, por más que nos pese, es una enfermedad crónica y es parte del ser mujer”.
Cambiar la piel cuesta plata
Los tratamientos pueden ir desde los más sencillos como el drenaje linfático manual hasta complejos procedimientos con aparatos específicos. El centro Iobella, por caso, ofrece un programa intensivo con cápsulas térmicas en las que la persona debe hacer ejercicio, luego someterse a ozonoterapia para que se oxigenen los tejidos y, por último, a una sesión con aparatología bioestimulante. La duración es de una hora 45 minutos y cuesta $190. El detalle es que se sugieren, como mínimo 20 sesiones con una frecuencia de dos a tres días por semana. En cuanto a la mesoterapia –la técnica más utilizada–, Leyla Abboud recomienda combinarla con carboxiterapia ($150 la sesión, diez sesiones como mínimo) y con radiofrecuencia corporal ($600 por sesión y por zona, cuatro sesiones al año). Otra alternativa es la endermologie. En el centro de medicina estética Adrián Bernardis se ofrecen sesiones de 80 pesos con una periodicidad de dos veces por semana y 15 sesiones como mínimo. En resumen, combatir la piel de naranja es una cuestión de dinero.