lunes, 3 de noviembre de 2008

Los jóvenes hablan raro, pero eso refleja una sociedad plural


—Chauuu, vieja, ¡qué paja stá la pilcha!
—Yep, está rechú. ¿Pintó salir hoy?
—Tipo que naaah, poray a escabiar en lo del kuki.
—A full, alta onda, nos cruzamos con los pibe allá.
Lo que para la mayoría de los adultos son palabras incomprensibles, para otros son diálogos habituales de un sábado por la noche. Las lenguas evolucionan y experimentan cambios según el contexto histórico y geográfico en el que son utilizadas, y es durante la adolescencia y juventud cuando más se manifiestan estas modificaciones.
Según los especialistas, lejos de ser un ente abstracto, el lenguaje se corresponde con los vuelcos culturales y se modifica según las necesidades del usuario. Es por eso que cada época y cada generación tienen un modo distinto de comunicarse. Los nuevos usos de palabras viejas y el nuevo léxico se hacen evidentes en la vida cotidiana de cualquier adolescente o joven que interactúa con sus pares.
¿Pero cómo suceden estos cambios? ¿Cuál es el motivo? ¿Qué implicancia reales tiene en la vida de los chicos?
El nuevo uso del lenguaje por parte de los adolescentes tiene características propias y consecuencias que los especialistas intentan explicar. Lejos de aparecer como algo trivial, los lingüistas y semiólogos señalan que este fenómeno se relaciona con una “cuestión social” y que el lenguaje particular de este segmento de la población da la pauta de que se producen cambios “en una sociedad más abierta”. Los adolescentes buscan diferenciarse del mundo de los adultos del que se sienten lejanos y a la vez lo hacen para identificarse entre ellos.
El lenguaje se relaciona con la visión del mundo, por eso cada hablante tiene un modo distinto de dialogar y comunicarse según su edad, condición social y económica, y su participación en un grupo de pertenencia.
Los adolescentes y los jóvenes hablan de un modo particular, con palabras cortas, a veces tomadas del inglés, con mezcla y reducción de vocablos. Algunos especialistas del lenguaje, como Pedro Luis Barcia, titular de la Academia Argentina de Letras (AAL), afirma que los adolescentes utilizan un vocabulario que se reduce a sólo 200 palabras. “Alta onda” y “tipo que” son parte de su lenguaje cotidiano que suele dejar afuera a los adultos, quienes muchas veces, al no entenderlo, los suelen acusar de “empobrecer el lenguaje”.
Nuevo mundo. La primera aclaración que hacen los lingüistas y semiólogos es que tanto el lenguaje de adultos como el de jóvenes y adolescentes llevan consigo una carga de valores y de “visión del mundo”. Por eso, afirman, más que un choque de léxicos y palabras, lo que “se enfrentan son paradigmas”.
El psicólogo social Alfredo Moffatt, en un diálogo con PERFIL, consideró al respecto que “el de los jóvenes es un mundo distinto. Están preparando un nuevo país y escribiendo la historia, por eso utilizan un lenguaje más útil para su futuro. Casamiento, ahorro, virginidad son palabras que no son necesarias para ellos, porque no entran en su mundo de posibilidades”.
En el clásico libro Cómo hacer cosas con palabras, John Austin se refiere a la palabra como posibilidad activa en relación con el deseo de acción de la persona que habla. Decir también es hacer, por eso, para el adolescente, hablar con un lenguaje común es también realizar una acción que los diferencia como grupo generacional del mundo de los adultos.
“Decir ‘de onda’, por ejemplo, sustituye a las palabras de los adultos; usan palabras más permisivas. ‘Hacé la tuya’ es una expresión que no existía en nuestro mundo, que era más crítico. El de los jóvenes de ahora es más permisivo y solidario, las palabras que usan los adultos están más relacionadas con las obligaciones”, sostuvo Moffatt.
Para Hernán Pajoni, especialista en teoría de la comunicación, el lenguaje adolescente no sólo lleva consigo una forma de pensar el mundo, “también tiene que ver con el espíritu rupturista de la adolescencia, que se manifiesta hasta en la desobediencia en las normas gramaticales”.
Los adolescentes crean un lenguaje común con sus pares pero, al mismo tiempo, al hacerlo, se diferencian de aquellos dentro de un grupo de pertenencia. Así es como los jóvenes de barrios tan cercanos como Belgrano y Flores hablan diferente. Es por eso que para Moffatt, las distinciones tienen que ver también con las pertenencias sociales: “Armaron una cultura grupal, grupalista, salieron de la cultura nuestra, que era individualista”.
Crecimiento. Además de relacionarse con el mundo en que viven, el lenguaje parece tener un papel relevante en el desarrollo mental de los adolescentes y de su horizonte de posibilidades. La frase “no limes” es utilizada con el significado de “dejar de decir pavadas”. El llamado “concheto” que usaban los jóvenes en los años 80 para referirse a quienes se vestían con ropa cara y de marca ahora se transformó en “está rechú”.
El psicólogo Daniel Schmukler, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), asegura que el lenguaje común de los adolescentes se relaciona con el doble juego de crear, por un lado, una jerga que los identifique como grupo y, por otro, que los diferencie de los adultos.
“Parte del trabajo de la adolescencia es el dejar de ser niños, sin ser aún adultos. Esto requiere de signos y símbolos que den cuenta de ese proceso de separación e individuación con respecto al mundo de los adultos/padres, y que a su vez les otorguen un certificado de pertenencia a un mundo propio, a la vez que compartido con sus pares”, destacó el psicólogo, especialista en personas que transitan la adolescencia.
Esta utilización de un lenguaje común tiene que ver con la edad y con la etapa de desarrollo y de transición de la adolescencia a la vida adulta. Por eso es que los expertos aconsejan a padres preocupados por el lenguaje de sus hijos que “no se alarmen”, ya que es parte del crecimiento sano de todo individuo.
Schmukler lo describe con estas palabras: “Es necesario para esta etapa de la vida, y si todo va bien, evoluciona y es reemplazado por un lenguaje adecuado a etapas posteriores de la vida adulta”. Cuando una persona queda “atrapada” por este lenguaje, puede ser síntoma de una dificultad o patología, que debería ser examinada.
Pensar con palabras. La mayor preocupación de los lingüistas acerca del lenguaje adolescente parece ser la aparente disminución de la cantidad de palabras que utilizan. La ensayista Ivonne Bordelois, autora de El país que nos habla, considera que cualquier adolescente reprimido en sus posibilidades de expresión es una “bomba de tiempo”, por lo que es necesario “darle” palabras y “escucharlas” al mismo tiempo.
“Cuanto menos palabras posee, más apático e indiferente se vuelve; la violencia física es entonces la expresión más común de la castración verbal”, enfatizó la lingüista. La reflexión se enmarca en el llamado constructivismo, que entiende a las personas y su lenguaje como parte necesaria para conformar la realidad.
Pajoni, quien también es magíster en Planificación de Procesos Comunicacionales, adhiere a esa posición: “El mundo es mundo en tanto somos capaces de empalabrarlo”, aunque dice no compartir la postura según la cual los jóvenes utilizan menos palabras: “Lo que dicen de ellos ahora se desmiente en una década”.
Para él, es en los sectores más excluidos y vulnerables, con menos acceso a la escolarización formal, donde existe un claro empobrecimiento del lenguaje. “Esto hace que no puedan entender complejamente la realidad, con menos vocabulario están en inferioridad de condiciones, en desventaja.”
Red de redes.
Las nuevas tecnologías también son objeto de estudio, ya que tienen una enorme influencia en el lenguaje que utilizan los adolescentes, por haber crecido con Internet desde chicos y haberla incorporado a sus vidas con total naturalidad.
El chat y el email ya son herramientas habituales para comunicarse entre ellos, sumadas a las que se agregan cada día, como las redes sociales Facebook y MySpace, los blogs, los fotologs, y otras como Twitter, una plataforma virtual en donde cada uno expresa en una o dos líneas lo que se está haciendo en ese momento.
El ciberespacio genera, en muchos casos, que las palabras se reduzcan y se invente un código común. Así los vocablos se achican y los chicos ya no escriben “que”, sino simplemente “q”, y utilizan siglas para significar expresiones, como “bss”, en lugar de “besos”; “tqm”, en lugar de “te quiero mucho” o “salu2”, en lugar de “saludos”.
Este lenguaje también se utiliza en los mensajes de texto enviados por celular.
Internet modificó el dialecto de los jóvenes, y aunque a simple vista reduce el lenguaje, también significa la posibilidad de ampliar sus relaciones y conocer un mundo desconocido para las generaciones anteriores, por lo que los adultos no siempre comprenden este nuevo modo de expresarse.
Alfredo Moffatt señaló que “Internet simplifica el lenguaje; es más corto, más directo. El uso de las cámaras web también genera que usen más el cuerpo”.
Las nuevas plataformas de Internet, para los expertos, también significan un aumento del nuevo uso del lenguaje por parte de los adolescentes. La postura pasiva y receptiva propia de la televisión cambió con la red hacia una plataforma dinámica. Pajoni lo resalta en estos términos: “El intercambio comunicacional no presencial, como es el chat y los mensajes de texto por celular, aumentan el flujo de intermediación entre las personas, y lo hace con algunas características propias”.
Como un signo de la modernidad, Internet va unida a la velocidad, al aquí y ahora, por eso los adolescentes buscan acortar su lenguaje, en un intento de alcanzar la rapidez exigida, en un mundo global que no se detiene.
Desde el sistema educativo, los maestros muestran cierto resquemor hacia el chat porque una parte de los adolescentes que lo utilizan no se preocupa por la ortografía. Pero también aceptan que Internet es sólo una herramienta, que se utiliza con las facultades adquiridas en la escuela y en el hogar.

Cuáles son las palabras más usadas
Una de las expresiones más utilizadas por los jóvenes es “alta onda”, que significa “muy bueno”. Suele usarse para describir una situación, un objeto o un momento determinado, ya que el adjetivo “alto” no se utiliza como medida, sino como calificativo.
“No limes” es otra frase muy utilizada, que quiere decir en el lenguaje adolescente “no hables pavadas”.
“Estar rechú” se traduce como estar “divino” o ser “un concheto”, como decían los adolescentes en la década del 80.
“Tipo que” es una expresión introductoria que no tiene un significado en particular. La palabra “nada” la reducen a “naah”, “tipo que naah” se vuelve una expresión habitual.
“Estar dable” es el equivalente a “estar buena/o”, lo mismo que “ser un caño”. En el caso de “dable”, el verbo dar se transforma en un adjetivo que no existe en el diccionario. “Cool” es bueno.
“La están sogueando” es una frase que utilizan para querer decir que “la están haciendo larga”, que proviene de soga y de alargar la soga.
Algo “groso” es algo bueno, y un “escracho” es alguien feo.
“Estar colgado” quiere decir estar distraído; “pintar” lo usan como aparecer o pasar, por ejemplo, “pintó salir” o “pintó un amigo en casa”.
Que algo “fue” significa que terminó; la expresión cada vez más habitual “va como trompada” o “va como piña” quiere decir que va a tener éxito.
Los adolescentes, en lugar de decir “tomar una cerveza”, aseguran que lo que hacen es “clavarse una birra”. “Flashear” significa para el mundo juvenil alucinar con algo o alguien.
“Estar a full” es “estar cargado de tareas” o “estar seguro”, y suele utilizarse en frases como “estoy a full con el trabajo” o “a full que mañana voy a la fiesta”.
Tener un “pire” equivale a estar un poco trastornado, un “bardo” es un lío y decir que “cabe o no cabe” se corresponde con aceptar o no un hecho o una persona. También lo usan en pasado, desformando la conjunción del verbo al decir “me cabió”.
Los jóvenes ya no dicen “prestame plata”, sino “habilitame unos mangos”.
Decir “posta” quiere decir “seguro”, y suele utilizarse para reafirmar una situación que a priori parece poco creíble.
En lugar de decir “por supuesto”, los jóvenes prefieren afirmar “de una”.
Y para referirse a un mal momento o algo que los deprime, suelen utilizar la palabra “bajón” o “garrón”.