lunes, 17 de noviembre de 2008

Crecen las consultas por chicos con trastornos psicológicos

Por: Georgina Elustondo
El diagnóstico es casi un grito, una "denuncia" que obliga a los adultos a revisar conductas y prioridades: en la Argentina, la enfermedad psíquica en la primera infancia aumenta y se agrava. Según los expertos, se multiplican los casos de bebés y niños de hasta 6 años con dificultades en su desarrollo psíquico y emocional.
¿Las causas?
Los especialistas enumeran dificultades en el vínculo temprano con la mamá y hablan de cierta desestructuración familiar, de "padres sin libido para criar" y de chicos creciendo en inédita soledad. También mencionan causas neurológicas, ambientales y factores desconocidos.
"Quienes trabajamos con niños pequeños, ya sea en escuelas o consultorios pediátricos y psicológicos, observamos situaciones más desbordadas de sufrimiento psíquico infantil, y a edades cada vez más tempranas", revela la psicoanalista Gisela Untoiglich, investigadora de la UBA.
"Este agravamiento de la patología psíquica en la infancia obedece a varios factores: los padres están cada vez más exigidos -y más deprimidos, por no poder responder a todo- y tienen menos tiempo y disponibilidad para criar y para atender las demandas de sus hijos. Por otro lado, los niños van perdiendo sus referentes estables, son institucionalizados desde muy chicos y crecen con mucho desamparo".
Si bien en la Argentina no hay estadísticas sobre el tema, los expertos advierten un aumento considerable en la prevalencia de diferentes trastornos. Es el caso, por ejemplo, del Trastorno General del Desarrollo (TGD), que se inscribe en el amplio abanico de Trastornos del Espectro Autista. "Hay cada vez más niños con ese diagnóstico y nos preocupa. Que se haya agravado la patología psíquica infantil no implica que todo deba encuadrarse en el TGD. Es riesgoso porque el rótulo es pesado y termina fijando una enfermedad donde podría haber cierta movilidad", dice Untoiglich.
"Cada vez veo más chicos con estos problemas y pienso si antes no los veía porque no buscaba indicadores tempranos o si la frecuencia es mucho mayor. Creo que ambas afirmaciones son ciertas", reflexiona el pediatra José Kremenchuzky, especialista en trastornos del desarrollo de la Sociedad Argentina de Pediatría. "Sin duda, los chicos están teniendo problemas graves en su estructuración psíquica, pero es peligroso abordar todo como 'trastorno' e incluirlo en el espectro autista. Yo prefiero hablar de 'problema', porque esa mirada abre preguntas sobre lo que está obstaculizando el desarrollo y permite encender luces en las sombras. El 'trastorno', en cambio, fija e invita a bajar los brazos cuando hay mucho por hacer", dice.
Lo que ocurre es que con el auge del DSM IV (Manual de los Trastornos Mentales), todas las conductas se tipifican en cuadros a los que se identifica con distintas siglas, una tendencia que, para muchos expertos, esfuma la singularidad de cada caso y condena al niño a etiquetas que anticipan destinos difíciles de torcer. De ahí el debate en torno a los modos (e "ideologías") con que se abordan estos problemas.
Por ejemplo, la pediatra María Magdalena Contreras, del Servicio de Clínicas Interdisciplinarias del Garrahan, aclara que prefiere "no hablar de patología psíquica, porque da la impresión de que se trata de problemas psicológicos, que en general se entienden como emocionales. Nosotros hablamos de trastornos del desarrollo o del neurodesarrollo. Y sí, la impresión es que hay más casos. La tendencia es mundial y obedece a una compleja interacción de factores genéticos, ambientales y desconocidos".
Al bucear en las causas, Kremenchuzky rastrea en los nuevos hábitos familiares. "Los bebés están más solos y si fallan los padres no hay otros que tomen su lugar y les proporcionen elementos claves para su desarrollo. El niño de hoy es un cachorro descuidado, sin padres con libido para ser papás y sin médicos que le dediquen el tiempo necesario. El sostén materno y el apego son el punto de partida para el desarrollo normal".
Al neuropediatra León Benasayag, con 12.500 pacientes fichados en su consultorio, también le preocupa el tema. "Veo más violencia y maltrato y una desconexión tremenda entre padres e hijos. El acelere en que vivimos desvincula mucho y muchos papás no cubren ni el mínimo necesario. Nos llegan chicos con fuertes reacciones de angustia y tristeza", dice.
Para Untoiglich, la búsqueda de soluciones pasa por un replanteo que nos involucra a todos. "Hoy predominan las patologías ligadas al ser, la desesperanza y la imposibilidad de proyectar. Todas estas cuestiones inciden mucho en los vínculos tempranos".
Señales de alerta
Hay signos tempranos que los padres pueden advertir entre los 18 y 36 meses:
Sordera aparente: falta de respuesta a llamadas e indicaciones.
No comparte focos de atención con la mirada: tiende a no mirar a los ojos, no mira a los adultos para comprender situaciones que le interesan.
Tiene juego repetitivo o rituales de ordenar.
Se resiste a cambios de ropa, alimentación, itinerarios o situaciones.
Se altera mucho en situaciones inesperadas o que no anticipa.
Atiende obsesivamente, una y otra vez, a las mismas películas.
No da la impresión de "complicidad interna" con las personas que lo rodean, aunque tenga afecto por ellas.
Para comunicarse hay que "saltar un muro".
Carece de lenguaje o lo usa de forma poco funcional.
Resulta difícil compartir acciones con él.
"Pasa por" las personas como si no estuvieran.
Parece que no comprende o que comprende selectiva- mente lo que le interesa.
Pide cosas, situaciones o acciones, llevando de la mano.
Tiende a ignorar a los niños de su edad.
No juega con ellos.
No realiza juego de ficción (no tiene juego simbólico).
Un problema que preocupa
La pregunta que atormenta a los padres es "¿Por qué?"
"Antes se debatía entre origen psíquico (algo malinterpretado como 'la culpa la tienen los padres') o causas enteramente biológicas.
Hoy la mirada es más compleja: se habla de una combinatoria entre 'la vulnerabilidad genética' (marcadores que pueden expresarse o no) y la 'potencialidad traumática': esto implica que ciertos hechos traumáitocs sufridos en la primera infancia se expresan luego en forma de patología psíquica grave".
Recursos.
La Cámara Gesell es uno de los más utilizados para ver al chico en acción. Pero padres, docentes y pediatras son fundamentales.
Untoiglich: "Hay que tener cuidado con el diagnóstico psicopatológico en niños que se están estructurando: puede transformarse en una profecía autocumplida".
10
Veces creció la prevalencia del Trastorno General del Desarrollo en el país, según una publicación del Hosp. Garrahan.
Los sospechosos de siempre
Oscar Finkelstein
Cuando parecía que las responsabilidades de los padres sobre la salud psicológica o emocional de los hijos se circunscribía a una temporada de sesiones psicoanalíticas en la adolescencia, apareció una mala nueva. Ahora los expertos dicen que hay una generación de padres sin vocación y con cierto exceso en el ejercicio de otras responsabilidades -mayor exigencia laboral, menos tiempo libre-, que también repercuten negativamente en el desarrollo de los chicos. Al mismo tiempo, como si hiciera falta, reparte flamantes culpas en los padres.
Psicofármacos: se vende un 300% más
Datos del sector farmacéutico alumbran el problema del agravamiento de la enfermedad psíquica en la infancia desde otro costado. Según recogió Clarín, la venta de psicofármacos para chicos aumentó un 300% desde 2003.
Es más: estadísticas de ANMAT indican que la importación de metilfenidato (droga base de la ritalina, que se usa sobre todo en trastornos de atención) creció de 23 a 82 kilos en cuatro años. Y en una de las principales cadenas de farmacias del país confiaron que la venta de productos con esa droga creció 9 veces desde 2003.
En el sector no esquivan sospechas sobre un exceso de prescripción por parte de los médicos, algo que -aseguran- la industria de los laboratorios estimula. "En el caso de los psicofármacos, si tenés un cliente a los 4, 6 años, tenés un cliente de por vida. Y ellos lo saben", disparan.
El doctor Marcelo Peretta, director de la Escuela de Farmacia de la Universidad Maimónides y miembro del Colegio de Farmacéuticos de Capital, acerca una estadística que alarma: "Alrededor del 25% del total de la población pediátrica tiene un consumo esporádico -no continuado- de psicotrópicos.
En la última década el uso de estas drogas para chicos creció escandalosamente. Esta situación no es sólo responsabilidad de los médicos; también lo es de los padres, porque piden al pediatra que medique al chico porque no toleran su inquietud o malestar. Es más fácil pensar que tiene un trastorno que plantearse si estamos haciendo algo mal".
El neuropediatra León Benasayag sostiene que medicar con psicofármacos es beneficioso sólo en algunos casos. "No está probado que los efectos de antidepresivos en niños tengan mejores resultados que los placebos. Y son drogas con muchas contraindicaciones".