sábado, 8 de noviembre de 2008

Muerte fashion en televisión



Siempre he soñado con un ataúd con forma de zapato. Y he podido cumplir mi sueño”, dice una mujer con acento colombiano en "De aquí a la eternidad", un programa destinado al marketing de la muerte conducido por Ricardo Péculo (Utilísima Satelital, lunes 21.30).
Pese a haber dado con el ataúd soñado, la mujer está viva, lo que le quita, es cierto, algo de valor testimonial a su afirmación un tanto sobreactuada. Pero, en perjuicio de los fines didácticos del programa, que invita a planificar los rituales para nuestro último día del mismo modo que se planifica un cumpleaños de 15 o un casamiento, los muertos no hablan.
En compensación, la producción decidió llevar hasta las últimas consecuencias la alusión mortuoria. Por eso, hace declarar a los testigos de las maravillas del merchandising fúnebre –varios por programa– a través de una ventanita ovalada abierta en la pantalla rodeada de un ornamento que recuerda a los óvalos de bronce que enmarcan las antiguas fotografías de las cruces. Podría habérsele ocurrido a Pedro Almodóvar, pero Utilísima le ganó de mano.
En el primer programa, Péculo muestra hasta dónde ha llegado la incontenible imaginación funeraria: en África se fabrican ataúdes con las formas más diversas, desde zapatillas hasta cápsulas espaciales, desde zanahorias hasta mousses blancos destinados a los chicos. Si no fuera porque esos graciosos ataúdes temáticos aluden al último viaje, su carácter festivo podría confundir al televidente haciéndole creer que lo están invitando a hacer un tour a Disneylandia. De todos modos, poco importa cuál sea el destino: siempre partir es morir un poco.
Repostería mortuoria.
No deja de sorprender que una señal como Utilísima, que ha reformulado a Walt Whitman cultivando un vitalismo doméstico, cuyos programas son odas al crecimiento de los niños, los botones y las papas, y que se ha encargado de grabarles a fuego a las mujeres que “la vida es un bricolage”, se dedique ahora a la muerte.

Sin embargo, es posible establecer un punto en común entre la repostería y el boato fúnebre. La muerte tiene una cierta estética “reposteril” que abarca desde las velas y las flores a los ornatos y las puntillas. Las carpetitas de papel sobre las que se apoyan las tortas, por ejemplo, se llaman “blondas” y, según lo ha enseñado el conductor en una de las emisiones de “De aquí a la eternidad”, ese es precisamente el nombre de la gran puntilla que sobresale del ataúd. Lejos de considerarla ofensiva, a Péculo la comparación le parece acertada.
“Una torta –afirma– sirve para agasajar a alguien. Un ataúd es una forma de honrar a la persona fallecida”.
Acostumbrado a trabajar con la muerte, ninguna pregunta lo sorprende ni le parece desubicada. “La muerte –afirma– está pasando por el mismo proceso que pasó el sexo. En mi época hablar de sexo era tabú. Hoy, todos los chicos hablan de sexo. Por eso la idea del programa es darle información a la gente. Hay que conocer cuáles son las opciones y planificar qué queremos”. La planificación debe ir más allá de la elección del ataúd. También es preciso elegir cuál es el destino que se prefiere para las cenizas, si se elige la cremación. “Si no –aclara– los deudos no saben qué hacer y las cenizas de los pobres viejos andan molestando en los placares”.
Utilísima amplía las propuestas. A la “wedding planner” Bárbara Diez se ha sumado ahora un “deathing planner”, Ricardo Péculo.
Morirse es divertido.

Como otra gente filma un casamiento, Ricardo Péculo filmó el servicio fúnebre que le brindó a su hermano Alfredo (asesor de Carlos Menem) y muestra la filmación con un orgullo inocultable, porque en su caso no se cumplió la máxima de que en “en casa de herrero cuchillo de palo”. Tal como quería su hermano, tradicionalista ferviente, fue enterrado vestido de gaucho y su cuerpo fue trasladado al cementerio en una carreta del siglo XIX tirada por bueyes, mientras la gente aplaudía y gritaba “¡Viva la patria!”.
Los aplausos, señala Ricardo, son una nueva moda en los entierros. Según parece, la muerte no está al margen de lo fashion.
Convertido en conductor, Péculo quiere que este momento ineludible deje de ser algo lúgubre. Por eso, en su programa también cuenta chistes, una práctica tradicional en los velatorios.

A propósito del tema de las flores dice: “Murió un reputado cardiólogo y le enviaron una corona con forma de corazón. Un colega de otra especialidad se rió y cuando le preguntaron por qué, contestó: ‘Es que estoy pensando en mi propio velatorio: soy ginecólogo’.” “¿No sería Jorge ‘Corona’ un contador de chistes ideal para un velatorio?”, le preguntamos. “¿Por qué no?”, responde.
En su programa la muerte no es triste. Por el contrario, la cortina musical es el Himno a la Alegría de Beethoven. Parafraseando a Héctor Alterio en “Caballos salvajes” casi dan ganas de gritar: “La puta que vale la pena estar muerto”.