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jueves, 1 de octubre de 2009

Ellas eligen zapatos que causan dolor


Roni Caryn Rabin
De The New York Times
NUEVA YORK. A algunas mujeres les gustan tanto los zapatos que les duele.
Esa es la conclusión de un nuevo estudio sobre la relación entre la elección de los zapatos y el dolor crónico de pies. El estudio incluyó exámenes de los pies de 3378 hombres y mujeres, de alrededor de 66 años, que residen en Framingham, Estados Unidos. A todos los participantes se les preguntó sobre el tipo de calzado que habían usado y que usaban.
Los investigadores hallaron que las elecciones inteligentes del calzado se amortizan en el largo plazo: las mujeres que en la juventud habían usado calzado con buen apoyo para el pie, como las zapatillas, tenían 50% menos riesgo de sentir dolor común de pies en la edad adulta, a diferencia de las mujeres que habían preferido calzado con un apoyo estándar para el pie, como los zapatos con suela dura o de goma.

Calzado de alto riesgo
Pero ambos grupos eran la minoría. Más del 60% de las mujeres dijeron que generalmente habían usado tacos altos o tacones, sandalias y chatitas, que son calzado considerado de alto riesgo para la salud de los pies.
Las mujeres que usaban tacos altos, sandalias y chatitas tenían el riesgo más alto de sufrir el dolor más común asociado con una mala elección del calzado: el dolor en la parte trasera del pie y alrededor del tobillo y en el tendón de Aquiles.
El estudio fue financiado por el Instituto de Investigación del Envejecimiento de Hebrew Senior Life, que es un sistema de salud para la tercera edad afiliado a la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston. Los resultados se publican en la edición de octubre de la revista Arthritis Care & Research.
"Las mujeres necesitan prestar mucha más atención a cómo calza un zapato y darse cuenta de que lo que están comprando podría tener efectos sobre la salud de los pies por el resto de sus vidas", dijo la autora principal del estudio, Alyssa B. Dufour, una estudiante de doctorado en bioestadística de la Universidad de Boston.
"Es importante prestar atención al número y al ancho, y no solamente comprar un par de zapatos porque gusta", agregó. El estudio halló también que, cuando se trata de zapatos, los hombres eligen mucho mejor: menos del 2 por ciento usaba zapatos malos para el bienestar de los pies.
lanacion.com

jueves, 17 de septiembre de 2009

Los sindicatos ingleses, en guerra contra el uso de tacos altos en el trabajo


Los sindicatos ingleses le declararon la guerra a los tacos altos. Es que la Confederación que los agrupa votó el martes contra el uso de ese tipo de zapatos en los lugares de trabajo. Lo consideran insalubre pero también entienden que llevar dicho calzado es "sexista" y "favorece una imagen estereotipada de la mujer como objeto sexual". Esto ocurre mientras un sondeo publicado en Gran Bretaña indica que "cuatro de cada diez mujeres trabajadoras admiten llevar zapatos que no le calzan bien o que son incómodos sólo por una cuestión de moda".

Los hay sobrios, coloridos, más o menos brillosos. De impactante taco aguja, más ancho y de distintos materiales. Los zapatos de taco alto son el clásico objeto de deseo de muchas mujeres. Incluso de aquellas que no están pendientes de lo último en materia de moda. Y otra vez se discute si su uso es malo para la salud, aunque esta vez con un valor agregado: ¿son sexistas? Para los gremios ingleses parece que sí. Reunidos en Liverpool para la conferencia anual de la Confederación de Sindicatos Británicos, votaron el martes -y por amplia mayoría- contra el uso de dicho calzado en el trabajo, por considerarlo insalubre.

Según los médicos que elaboraron el informe, el uso de los zapatos de taco puede provocar serios problemas de salud, como trastornos de cintura, rodillas y espalda. "Serios daños que le cuestan millones de dólares a los empleadores", agregaron.

¿Es para tanto? A nivel local, el médico deportólogo y traumatólogo Ricardo Bermúdez no es tan radical: "Existen mujeres que no presentan patologías por usar tacos durante las ocho horas de jornada laboral. Otras, en cambio, pueden llegar a tener dolores de cintura, cierto malestar en los pies y cansancio en los gemelos. Igualmente, no hay de qué preocuparse si se consulta con un especialista ante los primeros dolores", alivia.

Si de podología se trata, "con hacer una visita cada quince días al pedicuro, los callos y las durezas, tan molestos a la hora de caminar, se resuelven en el momento", aconseja María Esther Blencer, especialista recibida en la Universidad de Buenos Aires.

Sin embargo, lo más "ruidoso" de la decisión de los sindicatos ingleses es que se haya ligado el uso del taco alto con cuestiones de género. Sobre este punto, la Sociedad de Quiropodistas y Pedicuros, que lidera la campaña, afirmó que la prohibición para llevar zapatos de taco alto en el trabajo "no trata de decirle a las mujeres qué deben hacer, sino de explicarles las opciones que tienen, que pueden elegir". Lorraine Jones, vocera del organismo, afirmó que las mujeres deberían tener la alternativa de llevar calzados "más saludables y cómodos" en el trabajo.

La mujer siempre es objeto de deseo
La medida que intentan aplicar los sindicatos británicos me parece bastante pacata: una trabajadora puede ser objeto de deseo con o sin tacos altos. Y, sobre todo, tiene la suficiente habilidad para actuar en consecuencia ¡No hay que subestimar! Pensemos que puede ser más que interesante tener una oficina repleta de mujeres que luzcan sus piernas con buenos zapatos. Igualmente, a la hora de recomendar un tipo de calzado para trabajar, es algo complicado. Si se trata de estética, la opción es tacos bien altos. Y si es comodidad, algo intermedio. Algo para saber: la mujer argentina muere por los zapatos altos, aunque no sepa caminar con ellos.

Lucila Lotti
Diseñadora de calzado femenino
clarin.com

martes, 11 de noviembre de 2008

Ser un bombón asesino trae celulitis



La escena es así: mientras ella, en bombacha, se para frente al espejo, gira la cadera, se mira esas partes del cuerpo a las que no les prestó atención durante el invierno, duda, se mira más de cerca, se agarra el muslo con la mano y, finalmente, se desgarra con un ¡aaaaaaaaaah, más celulitis!, un tsunami de recetas mágicas, recetas caseras, recetas fashion, recetas de la abuela, de la prima, de Madonna, de Ricardita, empiezan a circular por internet, revistas y demás. Las fórmulas van desde mandar a la hoguera los pantalones apretados y aquellos que son dos talles menos, los cinturones que cortan la circulación, las remeritas ajustadas y las polleras tubo y, por supuesto, donar los stilettos al Hogar Don Orione.
Adrián Bernardis, director del centro de medicina estética que lleva su nombre, señala que todo aquello que comprima los tejidos puede contribuir a una patología vascular. Sin embargo, admite que no hay que cambiar el guardarropa ni hacer la cruzada contra todo lo que se ciñe al cuerpo: “Si la prenda presiona en un lugar específico, como el elástico de una media que genera como un efecto embudo, eso sí puede producir edemas. Pero si la presión es uniforme, como en un pantalón o una media de descanso, no hay problema”. “Para que un pantalón genere celulitis, la paciente tendría que llegar con las piernas azules a su casa”, dice Leyla Abboud, especialista en medicina estética, que se dedica al tema desde hace diez años y repite que en todo ese tiempo escuchó cientos de falsas fórmulas.
En cuanto a los tacos, no todos tienen buena prensa con los médicos: “La altura ideal para alguien que pasa mucho tiempo parado es de cinco centímetros, así se estimula la bomba muscular y se facilita la circulación”, dice Abboud.
Para comprender esto, es necesario aclarar que la celulitis es una enfermedad dérmica en la que intervienen desórdenes circulatorios y retención de líquidos, lo que genera que se acumule grasa en las células adiposas y agua alrededor. A medida que se inflaman, las membranas que los envuelven se deforman y tiran de sus puntos de fijación causando el aspecto de piel de naranja. Empieza en la adolescencia, afecta al 90% de las mujeres y está directamente relacionada con la constitución hormonal.
“Hay que diferenciar bien qué es celulitis –advierte Abboud–, porque hay centros de estética en los que confunden celulitis con flaccidez, entonces pellizcan la piel y aparecen los nodulitos. Pero siempre que se pellizca una zona más fláccida aparecen esos micropozos, por eso es muy fácil engañar.”
Adriana Raimondi, médica dermatóloga, completa el listado de mitos y falsedades. “Se dice que la celulitis no tiene nada que ver con la obesidad, pero esto no es cierto: como es un trastorno del tejido celular subcutáneo, la gordura hace que se tenga más volumen en el sector afectado. Esto no quiere decir que las flacas no la padezcan, sino que la gordura la favorece”.
Ambas especialistas coinciden en que hay un saber popular que sí tiene un fundamento sólido: la alimentación. Los embutidos, las carnes grasas, lo frito y todo aquello con alto contenido de sodio debería desaparecer de la dieta diaria. En cambio las verduras, las frutas, las proteínas magras y el agua son declaradas aliadas de la guerra anticelulítica.
En cualquier combo de vida saludable, a las recomendaciones alimenticias siempre viene pegado el ejercicio. Pero atención con las fanas de salir a correr por los bosques de Palermo: al parecer, eso de rebotar contra el suelo no es nada bueno. “El ejercicio no tiene que ser de alto impacto porque hace que las válvulas del sistema venolinfático se debiliten. Por eso es común ver a profesoras de fitness con derrames venosos”, dice Abboud. Entre los recomendados, entonces, se encuentran pilates, yoga, bicicleta y natación.
Pero por más pilates que se haga, comida sana que se coma y cremas que se usen, la celulitis se combate con tratamientos específicos. Así dicen. De ahí que los centros de estética se multipliquen, al igual que los procedimientos: los hay de todo tipo y los nombres, a veces, asustan.
Electroestimulación neuromuscular, hipertermia, ozonoterapia, carboxiterapia...
Algunos resultan impronunciables, pero entre todos ellos, el tratamiento vedette es la mesoterapia, que consiste en microinyecciones. “Es uno de los más efectivos y ya lleva años en el acervo médico –confirma Bernardis–. También hay otros con buenos resultados como la endermologie, basada en una técnica francesa, y el drenaje linfático.” Abboud coincide: “A la mesoterapia no hay con qué darle. Lo ideal es combinarla con la radiofrecuencia corporal o con la carboxiterapia. Así, a la celulitis se la puede reducir hasta en un 90%, nunca curarla porque, por más que nos pese, es una enfermedad crónica y es parte del ser mujer”.
Cambiar la piel cuesta plata
Los tratamientos pueden ir desde los más sencillos como el drenaje linfático manual hasta complejos procedimientos con aparatos específicos. El centro Iobella, por caso, ofrece un programa intensivo con cápsulas térmicas en las que la persona debe hacer ejercicio, luego someterse a ozonoterapia para que se oxigenen los tejidos y, por último, a una sesión con aparatología bioestimulante. La duración es de una hora 45 minutos y cuesta $190. El detalle es que se sugieren, como mínimo 20 sesiones con una frecuencia de dos a tres días por semana. En cuanto a la mesoterapia –la técnica más utilizada–, Leyla Abboud recomienda combinarla con carboxiterapia ($150 la sesión, diez sesiones como mínimo) y con radiofrecuencia corporal ($600 por sesión y por zona, cuatro sesiones al año). Otra alternativa es la endermologie. En el centro de medicina estética Adrián Bernardis se ofrecen sesiones de 80 pesos con una periodicidad de dos veces por semana y 15 sesiones como mínimo. En resumen, combatir la piel de naranja es una cuestión de dinero.