sábado, 27 de septiembre de 2008

El placer de estar con vos


Hace tiempo que a Fabián Orfano le venía dando vueltas la idea de tener un ménage à trois. El, su novia y alguien más. Aunque se encendía con sólo imaginar la situación, no pasaba de ahí. Dudó mucho en el planteo porque no sabía cómo reaccionaría ella; a lo mejor lo tomaba como una confesión de algo ya consumado: haberse enredado con otros/as sin que ella lo supiera. Y además, dice ahora, "no me daba lo mismo un hombre que otra mujer". Productor de películas porno, de 39 años, a pesar de su profesión asegura que nada lo enfría más que su trabajo. Como sea, algo tendrá que ver con su ratoneo grupal que, por otro lado, es una de las fantasías más recurrentes y excitantes confesadas por los argentinos. El sexo con más de una persona a la vez es un ingrediente altamente erótico compartido en igualdad de intenciones por hombres y mujeres de este lado del mundo.
Un encuesta de D'Alessio IROL realizada especialmente para Viva resulta ilustrativa acerca de qué nos excita por estas pampas: el trío y el sexo grupal son las situaciones que más calientan las neuronas. Y más: los entrevistados confesaron tener al menos tres fantasías sexuales taladrándoles el cerebro. El imaginario (sobre todo el masculino) clama por retozar entre las sábanas tanto con varias personas a la vez, como con alguien de raza negra. Y si bien la mayoría de los encuestados afirmaron que sus ratoneos más estimulantes ya pasaron a la realidad, inquietos –o calentones, para qué usar eufemismos– van por más. Porque si hay algo que sube la térmica por acá, es que "el otro" (hombre o mujer) muestre una actitud provocadora. La seducción puede más que una yunta de bueyes y cualquier situación que tenga una mínima carga de "incitación a" será suficiente para novelar un encuentro. Lo que el otro muestra, cómo se mueve o lo que dice –incluso todo junto– es considerado una combinación explosiva.


Pero como nada es seguro, si hace falta alguna "ayudita" ese plus vendrá de la mano de alguna triple equis, un chiche erótico que vibre arriba del colchón (ideal para la cartera de la dama), lencería traslúcida de ocasión o pedir, como quien no quiere la cosa, que él diga esa palabrita chancha que, pronunciada en el momento justo, a ella la pone a punto de ebullición. Los más elegantes prefieren acompañar con un buen vino. Otro dato interesante de la encuesta es que en los caballeros persiste la idea de tirarse una canita al aire con la cuñada, placer "prohibido" que al parecer, no por viejo y conocido, deja de tentarlos. A las mujeres, por el contrario, no las entusiasma demasiado una aventura con el hermano de él. Al contrario, van por situaciones más audaces: las argentinas no sólo advierten que las ratonea el fetichismo (el uso de disfraces en primer lugar), sino que se encienden pensando en tener un buen orgasmo en un lugar público. Hacerlo en una playa, en una pileta de natación, contorsionándose dentro de un auto en medio de la ruta o en la calle, al aire libre, son algunos de los sueños húmedos femeninos más comunes. Y aunque sea por curiosidad, si el navegador de la compu pasa por una página erótica es posible que la oferta que viene desde una webcam con alguien mostrando sus zonas recónditas o su miembro a punto de estallar, invite a quedarse.El cibersexo irrumpió para, al menos, saciar la inquietud del momento. Aunque los 653 entrevistados –sin diferencia de género, y tal vez sin decir del todo la verdad– aseguraron que internet no les interesa como ámbito de disfrute. Ahora bien, ¿qué resortes saltan para inundarnos con una batería de sensaciones difíciles de resistir? ¿Existe un patrón de excitación igual para todos? Las películas porno, por caso, ¿estimulan igualmente a hombres y mujeres? Algo es cierto: sabemos con qué, cómo y cuándo nos encendemos eróticamente. Un olor, las lolas de esa mujer, la virilidad de aquel muchacho; imaginarnos perdidos en un entrecruzamiento de brazos y piernas varias. Algo provoca cambios capaces de prepararnos –o facilitarnos– el camino hacia el placer. Sin embargo, no sabemos –de hecho, ni pensamos en entenderlo– por qué nos excita"eso" y no otra cosa. "No sabemos las causas reales que hay detrás de estas preferencias", escribe Michael Bader, en su libro Arousal: the secret logic of sexual fantasies (es decir, Excitación, la lógica secreta de las fantasías sexuales). De hecho, sostiene, la excitación es una ventana a lo profundo de nuestra psiquis, y nos lleva directo a las raíces de lo más hondo de nuestro placer. O, incluso, de nuestro sufrimiento. ¿Será, entonces, que la excitación es un misterio romántico y poético como el amor? ¿O es sólo una cuestión hormonal y biológica? "Podríamos decir, en principio, que se trata de una fuerza que transforma nuestros imperativos biológicos en placer sexual –describe Bader en su libro–. El sexo es un vehículo con el cual expresamos otros sentimientos o satisfacemos un montón de necesidades." De modo que en ese plano podemos establecer o anular conexiones emocionales. Y no es difícil calcular que la excitación –o más bien su ausencia– puede darnos el preaviso de que en una relación, los problemas llegaron para quedarse.

TENER PIEL, ESA ES LA CUESTION
María Maratea tiene 48 años. Es escritora y conductora de radio. Para ella, hay dos cosas que necesita de un hombre para ponerse cachonda: la forma de mirar(la) y que la haga sentir que es el objeto exclusivo de su deseo. "Lo gestual y lo que diga me erotiza. Me provoca una cosa de piel que nace porque sí y me calienta", dice. Tiene una fantasía bastante femenina: "ser el objeto de deseo de". Mientras los hombres tienen fantasías más parciales respecto del sexo, para las mujeres es necesario construir un relato, tener un argumento. Eso las enciende más que nada. Mary Roach es una divulgadora de temas científicos. En Salon.com contó que cuando se estudia la excitación femenina, suelen usarse clips pornográficos explícitos. "Muchas dicen: 'Esto no es excitante para mí. No tienen ningún efecto'. Sin embargo, los estudios demuestran que responden tanto como los hombres a esas escenas", asegura. Es más: también hay una respuesta excitatoria ante un filme de monos bonobos copulando. "Es decir que no importa quién esté teniendo sexo; las mujeres tendrán una respuesta fisiológica a lo que están mirando." Sean monos o no... aunque digan lo contrario. Entonces, la excitación, ¿tiene condicionantes de géneros, estereotipos o roles? ¿Se aprende? "La excitación es parte de lo que llamamos sexualidad. Y la sexualidad en el ser humano es psicosexualidad", define la licenciada Eva Rotenberg, directora de Escuela para Padres. "Esto quiere decir que tiene una parte física y otra psíquica-emocional, a la que se puede encuadrar dentro de los vínculos."


Que hablemos de "tener piel" con alguien es, quizá, la primera señal de que algo se despertó y está estimulando nuestro mundo erótico hasta provocar un cosquilleo interno. "Una sensación que nos remite a estímulos tempranos –señala Rotenberg–. Al primer acercamiento con el otro, al primer noviecito o noviecita que agarró, tocó, acarició o miró de tal manera." Esto quiere decir que cada uno tiene definido qué lo excita? La excitación tiene que ver con la historia personal, con olores y sonidos conocidos. Los vínculos tempranos son muy importantes porque el deseo sexual tiene que ver con la energía que se enlaza a experiencias vividas. Pero no todo en la vida adulta es repetición de lo infantil. Los encuentros y los vínculos con otras personas, a lo largo de la vida, pueden estimular nuevas zonas y nuevas experiencias que produzcan excitación, encuentro y ternura amorosa. Vale aclarar que hablamos de excitación en el marco de la sexualidad y la búsqueda del goce y del placer compartido. No de aquella que es producto del odio, del resentimiento o de la "cosificación" del otro. "Así como no toda la excitación termina en placer, tampoco toda fantasía termina siendo placentera. Hay algunas bastante destructivas, que pueden llevar al sufrimiento, inhibición o impotencia, e impiden el encuentro sexual",
delinea Rotenberg.

HACERSE EL BOCHO
"Lo primero que tendríamos que decir es que todo lo que tiene respuesta sexual erótica, científicamente fue estudiado hace poco", explica Adrián Helien, médico psiquiatra y sexólogo del hospital Durand. En efecto, fueron William Masters y Virginia Johnson –pioneros en el estudio de la naturaleza sexual humana– quienes describieron más de diez mil ciclos de respuestas sexuales en los años '60. Fueron ellos quienes describieron la curva conocida como: excitación, meseta –el punto más al alto de la excitación–, orgasmo y resolución. Para eso, filmaron cientos de relaciones sexuales en pareja o individuales. Antes que ellos, la historia de la sexología guarda algunas perlitas. Como Robert Dickinson, ginecólogo del siglo XIX, el primero en preguntarles a sus pacientes sobre sus prácticas sexuales, convencido de que eran causa de sus problemas matrimoniales. Hasta llegó a enseñarles a masturbarse a las mujeres para que gozaran. Hoy, se sabe que la excitación tiene componentes físicos y psíquicos en los que interviene todo el organismo, en especial los genitales. Según Helien, fue otra investigadora, Helen Kaplan, "quien a mediados de los '70 introdujo el deseo como un ingrediente más –y tan importante– como los descriptos en el ciclo anterior".
¿Cuál es el proceso para que una persona se excite?
Tiene que ver con un fenómeno que percibimos en el cerebro, nuestro órgano sexual más importante. Ahí se codifican todos los estímulos que llegan, por ejemplo, desde los receptores táctiles ante una caricia. Una persona se excita cuando recibe el estímulo adecuado, durante el tiempo adecuado y tiene la posibilidad de expresar las sensaciones que percibe.

El cerebro, ¿es entonces nuestro principal órgano sexual?
Sí. Alguien que se excita percibe esas sensaciones en el cerebro, donde hay neurotransmisores, receptores, hormonas y sustancias que tienen que ver con el placer –como las endorfinas– que se mo vilizan para dar una respuesta física. Además, en el cerebro codificamos algo como positivo o negativo. Y desde ahí se comanda la sexualidad: es donde se puede encender, enfriar o apagar la excitación. Eso denota la complejidad de la sexualidad humana.

¿Hasta qué punto se moldean el deseo y la excitación?
La sexualidad es una función de alta complejidad aprendida, ejercida a partir del deseo y de situaciones eróticas. Desde una base orgánica, está construida también con algo cultural que la modificó. La mayoría de los actos sexuales son eróticos. Y esto es un cambio que hizo el hombre en la naturaleza:en todo animal, la sexualidad es ciento por ciento reproductiva. En el ser humano es un 99% de placer. En ese sentido modificamos la naturaleza a favor de una relación sexual placentera.

EL MAPA DEL AMOR
Ronnie Arias, conocido conductor de tevé, de 47 años, cuenta: "Después de muchos años en pareja me erotiza el cuerpo del otro. Detenerse en el cuerpo del otro es como probar un buen vino, como degustar otro varietal. Con el tiempo aprendí a disfrutar con el goce del otro. Y eso me excita". Los especialistas dicen que cada persona tiene su propia hoja de ruta erótica formada por imágenes, sensaciones, percepciones y experiencias pasadas. Es lo que se llama "mapa del amor", término acuñado por John Money, figura prominente de la sexología en los años '80. La definición de lovemapsería la imagen de aquella situación y el amante idealizado; con quien una persona querría tener relaciones sexuales y el contexto de esas relaciones. Este mapa está determinado por las cosas que atraen o repelen a cada persona. En criollo, cada uno tiene su lovemap, una huella digital que abarca todo su mecanismo excitatorio. Pero, ¿todos están en condiciones de pedir cómo recorrer ese mapa? Según el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff: "La traba no está en hablar o pedir, sino en expresar el gusto erótico, que es más específico, sobre todo para las mujeres".

¿Qué habría que evitar en una relación para no fracasar a nivel sexual?
Lo que enfría a las mujeres es que no se las reconozca como personas. Por decirlo de un modo brutal, hacerlas, sentir que son sólo un agujero para ser penetrado. Por eso, es importante la educación sexual en los jóvenes. Pero... que el deseo sexual irrefrenable no es privativo del ser humano es algo de lo que pueden dar cuenta científicos sudafricanos que, estando en la isla Marion (fría Antártida), hicieron historia a nivel sexológico. Sin poder creer lo que veían, divisaron a un lobo marino que se pasó 45 minutos intentando copular con un pingüino emperador. "Primero pensamos que lo quería matar; luego vimos que sus intenciones eran otras", relató Nico de Bruyn, de la Universidad de Pretoria, al Journal of Ethology. Los expertos suponen que era un ejemplar joven y frustrado.