domingo, 18 de enero de 2009

Lecciones de conducta de un avión que se hunde


Lara Tarker-Pope The New York Times
NUEVA YORK.- Una de las imágenes más destacables del aterrizaje del avión de US Airways en el río Hudson es la foto de los pasajeros parados sobre las alas, esperando ser rescatados.
Pero para quienes estudian las catástrofes, no hay nada de sorprendente en la serena conducta de los pasajeros.
Amanda Ripley, autora del libro Lo impensable: ¿quién sobrevive cuando el desastre golpea y por qué ? (2008), señala que en este accidente aéreo, como en otros desastres muy importantes, las personas tienden a estar calmas, calladas y atentas a brindar su ayuda a otros.
"Hemos oído de boca de personas que estaban en el avión que, una vez que se estrelló, el sonido prevaleciente no eran los gritos, sino el silencio, lo que es típico", dijo Ripley, que durante años cubrió periodísticamente inundaciones, accidentes aéreos y otros desastres para la revista Time .
En su libro, incluye las crónicas de cómo individuos y grupos se han comportado ante distintas situaciones de catástrofe. Ripley recuerda, por ejemplo, el relato de los sobrevivientes del atentado contra el World Trade Center, que describían cómo las evacuaciones por las escaleras eran tranquilas y ordenadas, a pesar del caos que los rodeaba.
"Uno no percibe el caos o la histeria que esperaría -dice Ripley-. Eso no significa que la gente no esté asustada. Significa que sus cerebros están prestando atención a todo lo que está sucediendo, esperando órdenes." Una gran decisión
Si bien mucho se ha dicho sobre la capacidad de respuesta y de aterrizaje del piloto que descendió sobre el Hudson, Ripley destaca que una pequeña decisión -el que se haya tomado el tiempo para advertir a los pasajeros que se prepararan para el impacto- tuvo un rol importante en que se hayan podido salvar sus vidas.
"Lo que hizo es particularmente importante, dada la forma en que opera el cerebro. Hay pilotos y tripulaciones que prefieren no decir a los pasajeros lo que sucederá porque no quieren enloquecerlos. Pero cualquier advertencia, puede colocar al cerebro en una actitud correcta. Sabemos que las personas son muy obedientes en las catástrofes, por lo que es de mucha ayuda dar ese tipo de órdenes."
"Pienso que, de alguna forma, es un grandioso y maravilloso ejemplo de la capacidad del ser humano de manejarse realmente bien bajo presión extrema", concluyó Ripley.