domingo, 25 de enero de 2009

Poner límites a los chicos, lo que más les cuesta a los padres


Los padres que tienen hijos adolescentes le temen a casi todo: a la noche, las drogas, el alcohol, los accidentes de autos, los secuestros, los robos, las agresiones físicas y hasta la discriminación. Pero también reconocen que lo que más les cuesta es ponerles límites a estos hijos que de repente los enfrentan, los pelean y los desafían a diario.
Del otro lado, sólo una pequeña minoría de chicos admite sentirse inseguro cuando sale, el resto dice que "no pasa nada" y que son los padres los que los llenan de miedos. Sí dicen ser conscientes de los riesgos de consumir drogas, sobretodo el paco.
De la encuesta realizada por la consultora D'Alessio Irol en familias de clase media de Capital Federal se desprende que sólo el 4% de los padres de chicos de 13 a 18 años prohíben las salidas nocturnas. Igual, el 57% aclaró que el permiso "depende del tipo de salida". Aún así, 9 de cada 10 admitió que tienen miedo y que se quedan inseguros cuando sus hijos salen.
El factor que más influye en la decisión de autorizar una salida es saber con quién salen los chicos. También importa el lugar (si es una casa, un bar, un boliche). Los datos más tranquilizadores son saber dónde están los chicos y a qué hora vuelven; o controlarlos por celular. Y están los que directamente optan por llevarlos y traerlos. Los chicos tienen sus propias rutinas para salir tranquilos: no volver solos nunca, moverse en taxi o remís, o ir a dormir a la casa de los amigos.
Sin dudas, el consumo de drogas es la principal preocupación de hoy. El 38% de los padres lo pone como "el" tema. En cuanto a los chicos, si bien les preocupa el paco y aseguran ser conscientes de los peligros de ciertas drogas, el 44% dice que probar marihuana no tiene nada de malo ni de riesgoso. El alcohol es otra de las grandes preocupaciones. El 35% de los padres sabe que su hijo toma alcohol. La mitad dice que no y el resto duda. De todas maneras, si se les pregunta a los chicos, la respuesta es absolutamente diferente: el 60 % dice que toma (el 86% admite que alguna vez tomó de más).
Con respecto al sexo, el 67% de los padres aseguran que hablan del tema con sus hijos, pero sólo el 47% de los chicos dice que charlan. Evidentemente lo que se habla parece ser insuficiente para los chicos. Un detalle que resalta la investigación es que las madres son más permisivas (tienen el sí más fácil), realistas (tienen una percepción más afilada de en qué andan sus hijos, sobre todo los que toman) y más desinhibidas para hablar sobre sexo con sus hijos.
Otra cuestión de peso, y motivo de preocupación para los padres, es la falta de límites que tienen los chicos, es decir, los límites que ellos no pueden, no quieren o no se animan a poner. Según la socióloga Nora D'Alessio, se perdió la autoridad de los padres porque resulta más fácil decir que sí.
"Decirle que sí a un adolescente es más fácil, porque ahorra tiempo en discusiones y justificaciones desgastantes. Sin embargo, no es lo mejor a largo plazo: a veces hay que aprender a decir que no. Hoy, los padres se están encontrando con los resultados de no animarse a poner los límites cuando son necesarios, y eso les preocupa".
Para la psicoanalista y supervisora del Centro Dos Marcela Barilari, "el adolescente avanza en todo sentido buscando el límite. Si los padres les temen y no los frenan, serán eternamente adolescentes. Los chicos deben 'renunciar a goces' y aceptar 'la ley' de los padres. Los padres piensan que los chicos van a dejar de quererlos si les ponen límites, y es todo lo contrario. Los chicos los van a querer más por el respeto que les merecen. Esto no quiere decir que todo sea anulado: hay que prohibir los goces peligrosos y habilitar los goces posibles. Por ejemplo: dejarlos ir a bailar, pero no con el auto".
Barilari también habla de los padres negadores de peligros que dejan a sus hijos hacer cualquier cosa. Otro error, porque los vuelven omnipotentes. El adolescente que no tuvo límites los va a buscar inconscientemente a través de los riesgos".
La psicóloga Irene Loyácono, directora del Centro de Terapias con Enfoque Familiar (CeTEF), opina que "hay padres de adolescentes de hoy que tuvieron padres distantes y fueron adolescentes descuidados, pero también están los que hoy psicologizan todo y creen que todo puede llegar a ser un trauma. No es así". Loyácono habla de los padres que siguen siendo adolescentes: "Se identifican con sus hijos y son grandes consentidores que no pueden plantarse en la función paterna. Pero deben entender que ser una guía firme es un acto de amor. El chico tiene que aprender a tolerar la frustración de no poder, no tener. También hay padres que dan todo por puro narcisismo, no por necesidades de sus hijos".
A no negar, ni echar culpas ni hacerse el desentendido. O como bien dice Barilari: "La contingencia existe, pero los adolescentes en realidad circulan por el mapa que los padres les han ido armando desde que nacieron. Ahí están sus valores y sus certezas".




Chicos grandes, padres chicos
Diana Baccaro
La imagen que devuelve la encuesta que se publica hoy aquí muestra hijos que se "agrandan" a su propio riesgo y padres que se "achican" ante la imposibilidad de marcarles límites. Pero para hacerlo hay que estar, insistir, muchas veces discutir, y hasta poner el cuerpo para ir a buscarlos al boliche. Todo cuesta trabajo, tanto como mantener la autoridad que -según la Real Academia Española- es el "crédito y fe que, por su mérito o fama, se da a una persona". Este prestigio no se compra, se gana con amor y respeto, y crece cuando uno es coherente entre lo que hace y ordena. También, cuando se entiende que los límites no se ponen, se construyen, y marcan un territorio que ordena, contiene y procura evitar excesos.
"Te meten miedo, pero nosotros salimos igual"
Buenos Aires o Pinamar, día o noche, no importa.

Mercedes Herrero (16) cuenta que cada vez que sale, sus padres le preguntan: ¿con quién vas? ¿cómo volvés? ¿a dónde vas? "En ese orden", remarca. Sus 22 amigos coinciden. "Sabés de memoria lo que tenés que decir. A los papás les importa con qué amigo estás y quién te lleva o adónde dormís", agrega Juan Bautista Albani (15). Revolcados sobre la arena, entre un partido de truco y gritos, cuentan que no les da miedo salir, que "nunca pasa nada". Que se asustan sólo por lo que dicen sus padres.
Lucas (17) lo ejemplifica: "Te presionan con que te puede pasar de todo, te dan miedo pero salís igual. Cuando voy a bailar, mi papá dice que me pueden agarrar a trompadas o robar". A Mercedes no la dejan volver en remís. "Cuando llego, están despiertos esperándome o me van a buscar. Nunca se quedan tranquilos", dice. "Yo salgo desde los 11", dice Emilia Yaryura (13) y explica que sus padres organizan pools con los de sus amigas. Es que "con las chicas es distinto". Lua Padilla (15), dice: "Las mujeres somos más vulnerables a que nos pase algo. Mi papá me tiene cortita". Los límites los ponen los padres. "A mi mamá no le importa nada, me dice que sí a todo", cuenta Benjamín Bence Pieres (17).
José Pratgay (15) dice: "Mi papá es un cana, mi mamá me deja salir". A las mamás les preocupa más si comen. De alcohol y sexo hablan "casi nada". Y menos de drogas. "Mi papá me dijo que tomara con él para aprender", dice José. "A mí ni eso -enfatiza Diego Bouquet (15)-. Se fijan si tengo olor a alcohol. Así me controlan".
Para José Martiré (17) es distinto: "A mi me dicen que no me zarpe y cada vez que me muevo tengo que mandarle un SMS a mi viejo". Lua dice que sólo su mamá sabe que toma alcohol todos los días, más en vacaciones. "Con ella tengo más confianza. Mi papá no sabe nada. Ninguno se sentó a darme una charla de sexo y nunca fui a la ginecóloga".
Felipe Yaryura (16) tampoco habla de "eso": "Mi papá me dio una vez un preservativo. Fue todo. Lo único que hacen es controlarte al día siguiente. Quieren saber si mentí. Y sí, en todo. Mi mamá piensa que no tomo y que no fumo".
GUILLERMINA DE DOMINI.
clarin.com