viernes, 30 de enero de 2009

Tiene 8 años y ya cursa Química en la universidad

Gateó por primera vez a los cuatro meses de vida, dos más tarde dijo su primera palabra (agua, en malayo) y -según sus padres- empezó a reconocer letras a los ocho meses. Esa es la brevísima historia de Ainan Cawley, un niño de ocho años y siete meses, famoso por ser el "nene más inteligente del mundo".
Ainan, que vive en Malasia con su familia, aprobó el examen conocido por las siglas GCSE (General Certificate of Secondary Education) a los siete años, cuando la mayoría de estudiantes que lo rinden cuentan con una edad promedio entre 14 y 16 años. Esto le permitió entrar a la universidad para especializarse en el tema que lo apasiona: la química.
Además de poder recitar el número Pi: 3,14 (la relación entre las longitudes de una circunferencia y su diámetro) hasta sus 518 decimales siguientes, también se sabe la tabla periódica de memoria, entre otros conocimientos. Su padre, Valentine Cawley, registra los avances del pequeño prodigio en el blog "El niño que supo demasiado" (The boy who knew too much).
"Tiene una visión amplia en el terreno de la física, biología y la química, y a veces sus intuiciones parecen proféticas, porque anticipa lo que es posible, tiene la habilidad de mirar para adelante y percibir lo que pueda ser, a diferencia de lo que es", explica su padre, y aclara que Ainan "tiene muchos amigos de su edad y, a la vez, se relaciona muy bien con los adultos". El nene es el mayor de tres hermanos: le siguen Fintan de cinco años y Tiarnan, de tres, a quienes su padre describe respectivamente como "niño actor prodigio" y "bebé genio". La atención, sin embargo, se centra en el mayor, a quien el señor Cawley describe como "un chico que explora y busca entender, especialmente lo que tenga que ver con el mundo de la ciencia". Sus virtudes fueron registradas recientemente en un documental emitido por un canal británico.



"No está preparado emocionalmente"
Susana Fernández Robles de Canaves - Especialista en estimulación temprana, Univ. del Salvador
Como educadora, jamás aprobaría que un chico de casi nueve años, más allá de sus capacidades intelectuales, comience estudios universitarios. Puede ser muy inteligente y haber recibido una fuerte estimulación de pequeño para saltear etapas, pero emocionalmente no está preparado para soportar las presiones y los desafíos de las personas mayores. Un niño de nueve años debe interactuar y relacionarse con pares de su edad y complementar con una educación no formal sus inquietudes intelectuales. Caso contrario, en algún momento de su vida puede sufrir un quiebre emocional muy grande.