lunes, 20 de octubre de 2008

Alertan sobre los efectos en la salud del "lenguaje para viejos"



Por: G. Giubellino
Qué quiere, tía?", salió la voz desde detrás de un mostrador, en una feria callejera de Lomas de Zamora. "'Tía? No soy su tía", pensó la mujer, sin contestar. Luego, ya en la casa, habló: "No me dijo abuela porque no es mucho más joven que yo. Pero la próxima no se la dejo pasar".

Se está empezando a estudiar qué impacto tiene el "lenguaje para viejos" en su salud. No sería bueno, según una observación realizada por la Escuela de Enfermería de la Universidad de Kansas. Se estudió la relación entre personas con demencia leve o moderada y el personal de un geriátrico. Si los trataban como idiotas o como bebés, notó, la cooperación de los viejos era menor. Otra investigación, de la Universidad de Yale, indica que quienes piensan que el viejo es débil, olvidadizo o tembloroso, actúan peor en los tests de memoria y equilibrio.
Quien viene hablando de esto desde 1970 es Leopoldo Salvarezza, psicogerontólogo, ex profesor de la UBA. Tradujo a Robert Butler, inventor del término ageism. Dice Salvarezza: "Es el conjunto de prejuicios que existen dentro del cuerpo social, lo que se atribuye por el simple hecho de cumplir años". Los hay negativos -todos los viejos son enfermos, depresivos, asexuados, pesados, maniáticos, etc.- y positivos también -son sabios, bondadosos, confiables-.
En el caso del lenguaje, sigue Salvarezza, "aparece bajo una máscara de cariño; en el mejor de los casos, cuando alguien le dice 'abuelo' a quien no es su abuelo, hay una usurpación de títulos".
A los especialistas el tema no los toma por sorpresa. Miguel Angel Acánfora, médico gerontólogo, entiende que no hay en la academia una formación que compense esta conducta. "Está en nuestra idiosincracia decir 'la colita, el bracito, la rodillita del abuelito'. Es como decir que el adulto mayor tiene una incapacidad; todo es más chiquito, todo le funciona menos. Y no es así".La doctora Sara Iajnuk, médica integrante de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría, dice que este "lenguaje que lastima" es usado "más que nada por el personal de salud" y que esto tiene un porqué, a su entender. "Si uno le pregunta a un médico, a alguien que hace rehabilitación, qué imagen tiene de la vejez, se imaginará a un cojo, a alguien en una silla de ruedas". Y, por otro lado, observa un paternalismo poco profesional: "Algunos abrazan al paciente, será que no tienen resuelto los problemas con sus padres... Hay un error en usar el lenguaje de acercamiento; el 'viejismo' significa rechazo, temor, desagrado, negación, un paso antes de la gerontofobia".
Iajnuk va más allá de los médicos en su observación. "Hay clubes de viejos que se llaman 'Eterna juventud'. Cómo le van a poner así, si todos sabemos que la juventud caduca, como las flores. Si nos seguimos formando, si tenemos una identidad, una vida propia, para qué compararnos con otros. Es un error".
Un trabajo que presentó Nélida Redondo, investigadora en Sociología del Envejecimiento, aborda este asunto. En una encuesta hecha en 2006 a 304 residentes en 101 geriátricos, realizado por la Universidad Isalud, patrocinada por la OPS y financiada por el BID, el 97% dijo que el personal lo trataba con respeto y cariño. "No hay conciencia de que puede haber subestimación", dice Redondo.
Entonces, Es tan grave decirle abuelo a un adulto mayor, a un viejo?
En la Argentina, el PAMI tiene un programa, "Abuelos Cuenta Cuentos", y hasta la ministra de Salud, Graciela Ocaña, usa la palabra "abuelos". Estela Altalef, médica especialista de la gerencia de Promoción Social y Comunitaria de PAMI, dice: "En el programa Abuelos Narradores, la denominación surgió de los mismos adultos mayores, que se sienten en condiciones de transmitirle a las otras generaciones toda la experiencia que da la 'abuelidad'. Ahora, en otro contexto puede ser peyorativo o molesto. Hay cierta hipocresía en la discusión sobre cómo llamarlos; importa cómo son tratados".
Los especialistas señalan que este lenguaje oculta una asimetría. El viejo no va a decirle a su médico "querido", pero sí puede recibir esa muestra de... cariño. "La culpa es nuestra, de los viejos", dice Iajnuk. "Con los años, aprendí algo: la marginación se resuelve solamente desde el actor involucrado. No fueron los hombres los que les dieron a las mujeres su posición actual".



Las palabras no son inocentes
Oscar Finkelstein
"Barba", "Gordo", "Colo", "Flaco", "Pelado". Son sólo algunos de los apelativos para los ocasionales compañeros de equipo o rivales en el también ocasional picado. Difícilmente alguien en esas circunstancias sea capaz de ofenderse por la mención a los kilos de más o de menos, al color del cabello o a su ausencia parcial o total. A primera vista es, simplemente, una manera de ponerle nombre a quienes en ese contexto no lo tienen, para lo cual se recurre a la mera descripción del aspecto físico más evidente. Pero las palabras no son inocentes. Y en esa necesidad se pueden vislumbrar también algunos prejuicios frente a quienes no encajan del todo en los moldes sociales. Algo que los adultos mayores -los viejos- saben mejor que nadie. Por experiencia y porque lo sufren a diario.



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