domingo, 21 de febrero de 2010

¿Por qué nos avergüenza tanto el sexo?

"No existiríamos si no existiera el sexo. No entiendo por qué nos avergüenza tanto si el momento en el que nuestra madre nos acaricia por primera vez se convierte en nuestra primera experiencia sexual".
Un halo de sinceridad rodea los ojos de Naomi Wilzig, directora del Museo de Arte Erótico de Miami, cuando pronuncia estas palabras. Se le llena la boca cuando habla de sexo y sus argumentos toman un carácter tan romántico como el museo del que es dueña y presidenta.
El WEAM, siglas en inglés de World Erotic Art Museum, está ubicado en Miami y es el único espacio de arte erótico (fine erotic art) que hay en EEUU. Nueva York tiene su 'sex museum' y Las Vegas otro sobre historia del sexo, pero no ofrecen una colección de obras pictóricas, esculturales o fotográficas tan completa como la de Wilzig, donde la porcelana, el bronce o los oleos y grabados se convierten en espejo de nuestras propias experiencias y fantasías.
El museo, creado en 1992, cuenta con más de 4.000 piezas que comprenden un periodo de tiempo tan largo como el de la vida de la humanidad. "El arte es vida y la vida es sexo", explica Naomi. "No se puede hablar de auge del erotismo porque nunca ha dejado de existir una producción, pero sin duda dos momentos muy prolíficos fueron los grabados orientales de la antigüedad, o expresiones francesas de principios del siglo XX", añade la coleccionista.
La colección resulta cautivadora desde su comienzo. El buen gusto impera, y algunas escenas que para muchos pueden resultar escatológicas, toman aires de pureza elegante al formar parte de la esencia más básica del ser humano.
Las felaciones dejan el mundo de lo obsceno para implantar su propia ley de la normalidad, de lo cotidiano. La masturbación se desnuda para mostrar los preceptos de la realidad, de lo sabido, de lo realizado. Y el sexo se retuerce entre caricias para demostrarnos que puede ser lo más bello y unificador que exista. Capaz de sobrevolar las diferencias culturales, los tabúes y las barreras de la consciencia y la inconsciencia.
The Beatles, Madonna o Pinocho, al desnudo
En este contexto se pueden ver todo tipo de expresiones 'Pin Up', 'Art Deco', obras que giran en torno a distintas civilizaciones sudamericanas, africanas, surrealistas, sadomasoquistas, y el sinfín de posibilidades que el sexo puede ofrecernos.
No faltan joyas de la corona tales como un lienzo en el que aparecen los cuatro Beatles desnudos, un mural con personajes de Disney como Blancanieves, Dumbo o Pinocho, por citar tres, formando parte de una orgía; o aquél pene que se convirtió en un arma mortal en la película de Stanley Kubrick, 'La naranja mecánica' (The Clockwork Orange). Un violín con las formas de un desnudo femenino o la presencia de Josephine Baker, Madonna y la omnipresente Marilyn Monroe atraen las miradas de los presentes, 150.000 personas al año.
Pero tras el morbo de los personajes públicos, está todo lo demás. La mitología griega tiene un hueco obligado al haber estado siempre unida a los deseos humanos. En este caso, la seducción de Zeus, convertido en cisne, a Leda, ha sido un tema muy recurrido a lo largo de la historia del arte erótico y así queda reflejado en el museo. Artistas como Leonardo da Vinci o Cézanne sucumbieron ante esta historia y ofrecieron su particular visión.
Una de las obras más llamativas es una enorme cama flanqueada por cuatro columnas con forma de pene que miden más de dos metros o una reproducción de una silla con motivos sexuales explícitos, que perteneció a la emperatriz rusa Catherine La Grande, y que fue encontrada cuando los nazis ocuparon Leningrado (San Petersburgo)
La aceptación del arte erótico
"Con este museo lo que quiero conseguir es que la gente acepte la sexualidad, la belleza del cuerpo humano, que disfruten del sexo y que lo vean desde el prisma de la hermosura", comenta Naomi. Y lo dice en un lugar, Miami Beach, donde la apertura mental al respecto brilla por su presencia. Considerada una ciudad de excesos, los turistas no escatiman a la hora de enfrentarse al sexo por el sexo y la producción pornográfica encuentra en este lugar su paraíso particular.
"El límite entre el erotismo y la pornografía está en la palabra 'arte'", explica Naomi, que añade que "la pornografía ocupa una parcela diferente. El arte erótico trata de mostrar cosas que van más allá del sexo: las caricias, las texturas y la propia interpretación que cada artista le da a este tema. La pornografía tan sólo ofrece un mensaje sexual explícito que generalmente resulta devastador para la mujer".
Pornografía vs erotismo
Y es que para la coleccionista, la herencia que la pornografía ha dejado latente en la opinión pública ha perjudicado al arte erótico, que a menudo es visto como algo "negativo, malinterpretado y confundido, fruto de la ignorancia", dice.
Aun así los asistentes no escatiman en miradas, comentarios y alguna que otra sonrisa. "Me ha gustado", comenta Michelle, una turista de Massachusetts que junto a su marido no pierde detalle de lo que ofrece el museo. "El sexo es lo más normal del mundo". La cosa cambia cuando se le pregunta si vendría con sus hijos, "No tenemos hijos, pero si los tuviéramos no querríamos que vinieran hasta que fueran mayores".
Para Naomi no hay edad para hablar de sexo si existe una buena educación al respecto. "Entiendo que los padres no quieran que sus hijos vean este tipo de arte, pero por otro lado la mentalidad americana está llena de tabúes, en Europa hay más cultura al respecto y se sabe entender este tipo de expresiones".
A pesar de que otros museos eróticos hayan cerrado sus puertas, como el de la ciudad de Copenhague (uno de los primeros espacios donde se dio rienda suelta a este arte); el WEAM parece sobrevivir a pesar de la crisis y su mensaje para conseguir que el sexo vaya más allá de la vergüenza continuará reluciendo para demostrar que el placer puede ser arte, y que el arte no tiene por qué ruborizar.
elmundo.es