jueves, 18 de febrero de 2010

Agustín, el nene partero

Agustín Robinet cumplió seis años ayer y pinta para superhombre. Sus padres dicen que quería tener un hermanito, pero no esperaban que él mismo lo ayudara a llegar al mundo. El martes, minutos antes de las 19, en una situación que se precipitó imprevistamente ayudó a su propia madre a dar a luz en casa y fue un éxito: partero audaz, el pequeño se convirtió en un héroe.
Quien lo cuenta desde una sala de maternidad en Río Cuarto es Vanesa Castellano, la mamá de Agustín y del recién nacido Matías, que pesó 3,4 kilos, fue trasladado de inmediato al sanatorio y se encuentra en perfecto estado de salud. “No esperábamos que sucediera. Yo tenía fecha para el viernes, pero todo se adelantó y, bueno, como mi marido no estaba, el que se hizo cargo de la situación fue Agustín”, dice Castellano, de 26 años y un acento bien logrado en la Córdoba profunda.
Vanesa está casada con César Robinet, de 28 años. Son dueños de una panadería y se turnan para atenderla. El martes, César salió a hacer unas compras y estuvo un buen tiempo incomunicado. Cuando regresó a su casa, se encontró con que la familia se había agrandado.
La mamá se emociona cuando repasa cómo sucedieron las cosas. “Fue de repente. Mi marido se había ido a hacer unas cosas y yo me quedé en casa con Agustín. Entonces comenzaron las contracciones. Al principio pensé que era algo simple, que no iba a terminar dando a luz, pero bueno, pasó lo inesperado”, cuenta. “Agustín –continúa– me miraba un poco inquieto y me preguntaba qué tenía que hacer. Me tranquilizaba, iba de un lado a otro y volvía. Cuidaba que estuviera todo en orden. Le pedí que llamara a la ambulancia, y también que llamara a una tía mía que tengo y que fue la que terminó el parto y cortó el cordón umbilical”.
El chiquito seguía atento, las instrucciones de su mamá y hacía lo que ella pedía. “Le dije: ‘Agus, acompañame al baño’. Y él como un señor me agarró de la mano y fue en silencio despejando el camino al baño. La cuestión es que todo se aceleró y en un momento me encontré haciendo ejercicios de parto. Ahí fue cuando Agus se asustó un poquito. Pero justo llegó mi tía para terminar de ayudar. Entonces, Agus fue y se escondió en el placard. Es que no quería escuchar mis quejas.
Pasadas las 22.30, Matías ya había nacido y Agustín ya lo conocía”, dice Vanesa. Ahora que la familia se agrandó, el matrimonio Robinet deberá reacomodar sus rutinas, pero ningún problema: la mujer de la casa dice que su hijo mayor es responsable e inteligente como pocos chicos de su edad y que le sobra confianza en él. Ahora, claro, más que nunca. “Seguramente cuidará de su hermanito”, presume.
El héroe cordobés tiene una luz en la mirada, el pelo negro rapado no tan al ras y una sonrisa colmada de vida. Ha pasado algún rato junto a su hermano y lo exhibió orgulloso para las fotos que les sacaron sus parientes. Vanesa dice que está feliz con la llegada de Matías y que a todos les cuenta que lo ayudó a nacer, inflado de felicidad. Con el paso del tiempo, la historia se irá consolidando como una gesta familiar inolvidable. Y los hermanos Robinet tendrán una anécdota para contar ocurrida el mismo día en que se conocieron.
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