martes, 23 de febrero de 2010

Estrés posvacacional: las consultas crecen y el maltrato es la principal causa

Son los últimos días de relax. Esas vacaciones planeadas durante tanto tiempo van terminando y quedan atrás los días sin agenda, el perfume del bronceador, las comidas fuera de la dieta. En breve habrá que cambiar ese paisaje distinto por el otro, el rutinario. El que está asociado con el trabajo y el estudio, los bocinazos, las discusiones con el jefe, la estructura de los horarios. Si al leer esto uno empieza a sentir cierta irritabilidad y sensación de ahogo, se trata de estrés posvacacional, que, según los especialistas consultados por Clarín es una tendencia que crece en el país, sobre todo en febrero, cuando la mayoría regresa de su descanso.
Basta pensar un segundo en esta fórmula sencilla: hay que descansar en 15 días lo que se trabajó durante 350. "Eso implica que una persona está acelerada durante mucho tiempo. Mientras, espera que lleguen esos días en los que se desactivará. Pero debe desenchufarse rápido, porque en proporción es muy poco tiempo para todo lo que se aceleró. Eso exige un gran esfuerzo", define Roberto Sivak, psiquiatra especialista en estrés postraumático y presidente del Instituto de Estrés Trauma Buenos Aires (ITBA). El trastorno de estrés posvacacional es la dificultad para enfrentar las obligaciones que requiere la vuelta al trabajo. Sus síntomas se manifiestan entre los últimos días de descanso y los primeros de vuelta a la rutina.
"Entre los psíquicos, pueden darse malhumor, falta de concentración, insomnio y sensación de ahogo. Los físicos: contracturas, constipación, agitación y náuseas", enumera Gabriela Martínez Castro, directora del Centro Especialista en Trastornos de Ansiedad (CEETA).
¿Hay que preocuparse?
"Si los síntomas persisten durante más de dos semanas, sí, porque ya se trataría de un patología", responde Andrea Homene, psicoanalista e integrante de la Red Provincial de Salud Mental en Incidente Crítico. Y sigue: "Puede derivar en un trastorno de ansiedad, un cuadro patológico intenso que en algunos casos se instala durante largo tiempo, produce un gran malestar, genera una inquietud persistente y cambios en el comportamiento que interfieren con la rutina normal de la persona o bien producen un malestar clínico significativo".
En la Argentina no hay cifras oficiales, sin embargo los especialistas consultados por Clarín coinciden en que en los últimos cinco años las consultas aumentaron en sus consultorios.
"Un 25% más", lo pone en números Martínez Castro, del CEETA. Y Sivak destaca que febrero es el mes en el que los pacientes más consultan por este síndrome. En la mayoría de los casos, los expertos adjudican el estrés posvacacional al maltrato laboral.
"Muchos de mis pacientes sufren las malas condiciones de trabajo, pero en cuanto a las relaciones laborales. Tienen jefes inabordables, que no valoran los esfuerzos y siempre destacan algún error.
Así ¿quién quiere reintegrarse?", pregunta Pablo Resnik, presidente del Centro de Investigaciones Médicas de la Ansiedad (CentroIMA).
En España, la consultora Randstad llevó adelante un estudio y el resultado fue abrumador: el 57% de los trabajadores lo padece. La encuesta se realizó en agosto a 1.593 personas. Las más afectadas fueron las mujeres de entre 25 y 29 años, con estudios universitarios. Por edad, el grupo que más lo sufre resultó el de los profesionales de entre 25 y 29 años (65%). Otro dato interesante del informe: a mayor nivel educativo, más dificultad de volver a la rutina.
Allá y aquí existen personas que tienen cierta predisposición para sufrir el trastorno, como tener una personalidad de base o que exista una condición hereditaria. "Pero más allá de la vulnerabilidad genética, a mucha gente no le gusta su trabajo o la condiciones en las que tiene que desempeñar su tarea", concede Resnik.
clarin.com