miércoles, 17 de febrero de 2010

Avatar

Los dos policías se le acercaron cuando tomaba un café y fueron directo al grano. Querían preguntarle sobre "Five Ring Circus" (El circo de los cinco anillos), su libro crítico acerca de los Juegos Olímpicos. Chris Shaw, el más conocido opositor a los Juegos de Invierno que comenzaron el fin de semana pasado en Vancouver, se negó a responderles. Era junio de 2009. Otros veinte opositores a los Juegos fueron "visitados" por la policía en ese mes en Vancouver. Unos días después, Shaw viajó a Inglaterra, invitado para hablar sobre Vancouver en el Congreso Play the Game. Al llegar fue interrogado durante una hora. Londres será sede de los Juegos de Verano de 2012. Shaw, un respetadísimo profesor de oftalmología de la Universidad de British Columbia a quien conocí en Coventry, me cuenta que el acoso se hizo luego más intenso. En septiembre de 2009, su amiga Danica Surm, una estudiante de 24 años que jamás se involucró en el tema de los Juegos, fue interrogada por dos oficiales de inteligencia. La policía buscó también a Sylvie Peltier, ex esposa de Shaw.
En noviembre pasado la periodista estadounidense Amy Goodman fue detenida en la frontera. Revisaron el auto y su computadora. Iba a presentar un libro, pero le preguntaron si hablaría sobre los Juegos de Vancouver. La visa habitual es de seis meses. Le dieron una de dos días. A su compatriota Martin Macias Jr, un periodista independiente de Chicago interesado en cubrir las protestas en Vancouver, directamente le prohibieron entrar. Lo detuvieron siete horas en el aeropuerto, lo encerraron en una sala preguntándole una y otra vez sobre los Juegos y lo mandaron de vuelta en un avión con destino a Seattle. También fueron rebotados dos delegados invitados a una asamblea de aborígenes canadienses opuestos a los Juegos.
Vancouver 2010, sede olímpica de una Canadá célebre por su respeto a las libertades públicas, se comportó igual que China en los Juegos de Pekín 2008. Su presupuesto de seguridad trepó de 175 millones de dólares a 1000 millones. También creció diez veces el presupuesto global de los Juegos: de 660 millones a 6000 millones. El impacto económico de 10.000 millones que, según los organizadores, provocarían los Juegos, bajó ahora a 1000 millones. "Mintieron siempre", dice Shaw. El despilfarro de Vancouver 2010, agrega, dejará una pesada herencia impositiva a los habitantes del estado de British Columbia.
Despidos de docentes y empleados públicos, operaciones canceladas en los hospitales y anuncios de cierres de escuelas son los primeros recortes, informan los opositores a los Juegos. Los "homeless" fueron sacados de la vista. Tierras aborígenes se han convertido en centros de esquí. Zonas verdes como Egleridge Bluffs fueron destruidas. Betty Krawczyk, de 78 años, fue condenada a diez meses de prisión por desobediencia civil al pararse ante las topadoras olímpicas. Y Harriet Nahance, una aborigen de 71, cometió desacato y murió después de su paso por una prisión. Los valores inmobiliarios se han ido a las nubes, como subirán también los créditos hipotecarios. Una semana en un apartamento durante los Juegos cuesta 8600 dólares. No importa que pueda estar a una cuadra del Eastside, una de las zonas más miserables de la ciudad. Brad Cran, el poeta más laureado de Vancouver, fue invitado a participar de la ceremonia de apertura de los Juegos. Cran renunció sumarse a la fiesta de las acrobacias y las carreras sobre el hielo y la nieve. Eligió leer un texto en el Eastside, cerca de las prostitutas y los adictos.
Los defensores de los Juegos hablan de identidad nacional y de nuevas líneas de subte y de tren que beneficiarán supuestamente a todos. Pero un cincuenta por ciento de rechazo popular a los Juegos en la misma ciudad de Vancouver es un dato fuerte. Los Juegos, afirma el periodista Mathew Good, han sido la gran excusa de las autoridades de British Columbia para que Vancouver, una ciudad bella y cosmopolita, se convierta en un gran negocio inmobiliario. Basta leer algunos sitios de Internet para percibir que el Comité Olímpico Internacional (COI) está siendo visto como una corporación a la que sólo le interesa no pagar impuestos y recibir fondos públicos para su negocio privado. Un imperialismo depredador tipo Avatar.
Al barón de Coubertin, fundador del olimpismo moderno, jamás le agradaron los Juegos de Invierno. "Acuden a estos Juegos los que pueden llamarse los farsantes del deporte", escribió en sus memorias, mientras se burlaba de "la señora de preciosas pieles que ha traído a su doncella y el señor de irresistibles chalecos a su criado". Hace algunos años le preguntaron a los estadounidenses cuál era su mejor recuerdo deportivo: el triunfo ante la ex URSS en la final del hockey sobre hielo de los Juegos invernales de Lake Placid 1980, en plena Guerra Fría. Los de Salt Lake City 2002 desnudaron el mayor escándalo de corrupción por compra de votos dentro del COI y también la infiltración de las mafias de las apuestas, que manipularon resultados en el patinaje artístico. Los Juegos invernales no atraen como los de verano. La cadena NBC perderá más de 200 millones de dólares con la trasmisión de Vancouver. Los Juegos de 2010 hicieron trágico honor al lema olímpico de "más lejos, más alto, más fuerte". El georgiano Nodar Kumaritashvili se mató el viernes pasado tras estrellarse con su trineo a unos 100 kilómetros por hora en la pista de luge más rápida del mundo, en la montaña de Whistler. El accidente, como dicen, pudo haber sido responsabilidad suya. Su muerte fue responsabilidad del COI.
Canadá estaba cansado de ser el único país que había organizado dos Juegos sin ganar siquiera una medalla de oro. Construyó una pista para las pruebas de luge, bob y skeleton con velocidades de hasta 155km por hora, por encima del límite de 135km/h. Antes de los Juegos, el alemán Félix Loch anotó allí el nuevo record mundial en luge de 153,937km/h. Lo hizo tras sobrevivir a un durísimo accidente en noviembre de 2008. Y el letón Janis Minins anotó 153km/h en el bobsleigh. Los atletas rivales recorrieron entre 40 y 25 veces ese tobogán de hielo. Los canadienses hasta 300 veces cada uno. Quieren "conquistar el podio", como dice el lema lanzado por los organizadores ("Owm the podium"). A la curva 13 la apodaron "50 y 50". Es decir, cincuenta por ciento de chances de seguir en pista y cincuenta de estrellarse o salirse. "La primera vez que estuve en la pista pensé que alguien se iba a matar", avisó el estadounidense Tony Benshoof a la NBC. "Están empujando demasiado…se trata de nuestras vidas", le siguió la australiana Hannah Campbell-Pegg. Seis días antes del accidente, Jeff Blair escribió en The Globe and Mail que Sochi 2014, sede rusa de los próximos Juegos de Invierno, dijo que ni loco copiaría esa pista. Kumaritashvili, de 21 años, pudo haber pagado precio a su inexperiencia. Pero antes que él, una docena de atletas había sufrido accidentes en la pista. Entre ellos, el campeón olímpico italiano Armin Zoggeler. Periodistas calificados como Jere Longman, en The New York Times, y Lawrence Donnegan, en The Guardian, escribieron durísimos artículos. "El COI tiene las manos manchadas de sangre", dijo Ed Berliner en The Examiner.
Si hubo crimen será difícil saberlo. El escenario fue inmediatamente modificado. Las autoridades que atribuyeron el accidente a un error humano elevaron muros, acortaron recorridos y modificaron el perfil del hielo del trazado. Había que seguir con los Juegos. Renunciar está prohibido. La selección de fútbol de Togo lo hizo en la reciente Copa de Africa después de que mataron a balazos a miembros de su delegación. El deporte sancionó su deserción. Vancouver celebró esta semana el primer oro que tanto quería. Y se deleita ahora con el snowboard cross, el nuevo deporte aprobado por el COI, que debutó en los Juegos anteriores deTurín 2006. Desde entonces, surfeando sobre la nieve, según recuerda The New York Times, se mataron el sueco Jonatan Johansson y el noruego Line Ostvold. Los estadounidenses Daron Rahlves, Casey Puckett y Graham Watanabe, el austríaco Max Schairer, la japonesa Yuka Fujimori, el noruego Stian Sivertzen, la canadiense Dominique Maltais y la suiza Tanja Frieden se rompieron huesos, sufrieron conmociones cerebrales, estado de coma y hasta quedaron en silla de ruedas. En su Congreso previo a la apertura de los Juegos, unos delegados dijeron que el COI debía postularse para el Premio Nobel de la Paz. Arnorld Schwarzenegger y su cuerpo anabolizado portaba la antorcha olímpica. Y Bryan Adams y Nelly Furtado cantaban en la fiesta de apertura: "It’s not about winning, it’s all about playing the game" (No se trata de ganar. Se trata de jugar el juego).

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