sábado, 23 de enero de 2010

El alcoholismo amenaza a los jóvenes

Un reciente informe del Observatorio de las Adicciones del Ministerio de Acción Social porteño hizo saber que el abuso de bebidas alcohólicas en los jóvenes de 19 a 24 años ha crecido un 6 por ciento en 2009. Asimismo, los adolescentes entre 12 y 18 años se ubican en un segundo lugar en la lista de los consumidores numerosos.
Estos datos, obtenidos a partir de una encuesta de hogares realizada por la Secretaría para la Prevención de la Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar), perfilan una lamentable tendencia de los últimos años en los comportamientos juveniles. De ahí la necesidad de esfuerzos coordinados de la familia y las autoridades a fin de desalentar el hábito de beber entre los menores.
Los datos mencionados son confirmados por otras fuentes, tanto en el Gran Buenos Aires como en distintas ciudades del país. En efecto, inquieta saber que en las guardias hospitalarias ingresan cada vez más jóvenes alcoholizados. Así, también, para una entidad como Alcohólicos Anónimos, que años atrás recibía pedidos de ayuda de adultos mayores de 40 años, en la actualidad un tercio de las personas que atiende son jóvenes.
Por otra parte, se aprecia que la ingestión abusiva es más temprana y la proporción de varones y chicas que lo hace es casi semejante. Además, la cerveza, bebida de iniciación para muchos, con frecuencia da paso a otras de mayor graduación alcohólica y al consumo de marihuana, antesala de toxicomanías más dañinas.
Se estima que estas conductas juveniles en sus comienzos responden a las presiones sociales de sus grupos de pertenencia, ante las cuales los adolescentes ceden para no quedar aislados. A ello puede unirse la sugestión de determinadas condiciones ambientales (por ejemplo, festivas), que estimulan una flexibilización de costumbres y la perspectiva de enfrentar situaciones para las cuales el adolescente carece de experiencia. Entonces, en vez de buscar la adaptación por vías normales, acude a la química del alcohol. El efecto placentero así alcanzado, de euforia o de mayor potencia, deja paso a perturbaciones físicas y psíquicas que se combaten con mayores dosis de bebidas, con lo cual se agravan las consecuencias.
Se advierte que este proceso de deterioro orgánico y moral de muchos jóvenes reclama de la sociedad adulta acciones eficaces a partir de la familia, ya que a los padres les concierne, como siempre y por sobre todo, la responsabilidad de velar por sus hijos.
En este sentido corresponde destacar como un ejemplo valioso -ya mencionado en un reciente editorial-, la acción emprendida por el Proyecto Padres, organización que ha buscado relacionarse con funcionarios, personal municipal y policial para obrar por la salud y seguridad de los jóvenes, de manera que encaminen constructivamente sus actividades grupales, entre las cuales se incluye, lógicamente, la diversión sana, al margen de la estimulación de sustancias tóxicas. Este tipo de iniciativas tan necesarias reclama el apoyo de toda la comunidad y una amplia difusión por parte de los medios.
lanacion.com