miércoles, 20 de enero de 2010

Los aparatos dentales, moda mortal en Tailandia

(Bangkok, Tailandia). El Ministerio de Salud Pública de Tailandia le ha declarado la guerra a la nueva oleada de tendencias alternativas de belleza, que incluye pestañas que se colocan con pegamento y que pueden dañar las retinas, cremas de piel blanqueadoras que son tóxicas y lentillas de contacto baratas que ofrecen a las chicas la ilusión de tener ojos de fantasía como los de Pikachu.
Pero la moda adolescente que las autoridades sanitarias consideran más peligrosa está demostrando ser sorprendentemente resistente. Después de más de cinco años de alertas sanitarias al respecto, y tras dos muertes de jóvenes el año pasado, algunas tailandesas todavía están dispuestas a subirse a la moda de los llamados "brackets", y ponerse aparatos correctores de dientes sin prescripción facultativa.
Los aparatos de ortodoncia son ahora lo más de lo más entre algunos adolescentes tailandeses. Quienes no se pueden permitir acudir a un especialista recurren a veces a ponérselos en mercadillos callejeros o clínicas clandestinas en casa particulares y con brackets comprados por correo.
Pero ¿por qué desaconsejan las autoridades esta moda? Porque además de llagas en la boca y heridas en los labios que provocan las ortodoncias legítimas, el Thailand Dental Council advierte que estas prácticas acarrean riesgos de envenenamiento, infecciones, daños en los nervios e incluso de ingestión de piezas sueltas.
“Simplemente nos parece que son simpáticos. ¡Bonitos y simpáticos!”, dice Supapich Konkayan, una estudiante de arte de 22 años de Bangkok. Su sonrisa está adornada con alambres y ajustes de color púrpura brillante. Su ortodoncia, asegura, es auténtica. “Algunos de nosotros tenemos verdaderos problemas dentales. Para los demás es, bueno, sólo una moda”. Pero los aparatos dentales "a la moda” son inútiles desde el punto de vista médico y potencialmente mortales.
En agosto pasado una ortodoncia hecha por un aficionado le provocó una infección de tiroides a una niña de 17 años en la ciudad nororiental de Khon Kaen, que terminó provocándole un fallo cardiaco y la muerte. La policía de la provincia de Chon Buri también relaciona la muerte de una niña de 14 años con la colocación de un aparato dental en un chiringuito ilegal al aire libre.
“Los adolescentes no son quienes deben tomar la decisión de ponerse unos brackets, puesto que ellos solo piensan en lo que está de moda”, concluye un informe reciente del Thailand Dental Council, en el que se describen casos de largas colas frente a puestos dentales ilegales que a veces se camuflan como si fuesen laboratorios.
“Todo esto refleja que la sociedad tailandesa todavía no se ha convertido en una sociedad inteligente”, indica el informe. “Es una sociedad que se aprovecha de la ignorancia de los adolescentes”. La cobertura de los medios nacionales denunciando estos hechos han conducido a muchos de quienes buscan unas ortodoncias falsas a comprarlas en internet. Los foros online juveniles están repletos de mensajes prometiendo envíos a domicilio, incluso a provincias alejadas.
Los precios rondan los 24 dólares por fila de dientes, o 45 dólares por el juego completo. Un servicio muy publicitado que se llama Jud Fun (“arregla dientes”) ofrece un amplio abanico de bandas dentales intercambiables en todos los colores, así como un diseño de Mickey Mouse personalizado. En esta estrategia de marketing también participan dentistas perfectamente titulados.
Los anuncios de la Smile Dental Clinic en el centro de Bangkok muestran a sonrientes estudiantes con estética anime y pelo de colores caminando de la mano. Tailandia no es el único país en donde los brackets se consideran beneficiosos por motivos médicos y estéticos. En un reportaje de 1989 en The New York Times, el primer especialista chino en implantar ortodoncias formado en EE UU decía que los aparatos correctores se habían convertido en algo de moda entre los adolescentes de su país.
En muchos países en vías de desarrollo los correctores dentales son símbolo de riqueza, o de tener al menos dinero suficiente como para poder permitirse arreglar la boca. Pero los jóvenes tailandeses con los que hablamos sobre la moda de los brackets no mencionan nada sobre el estatus social. Verdaderos o falsos, los correctores dentales en Tailandia se ven entre los adolescentes como algo simpático, al igual que las lentillas para agrandar los ojos, las pestañas con purpurina y las coletas de pelo falso. Además, las ortodoncias pueden ir a juego con el color de los ojos, de las joyas o de los zapatos.
“Voy a tener huecos entre mis dientes de todos modos, pero ahora tienen el color del arco iris”, dice Benjawan Intaput, una estudiante de inglés de 23 años de Nakhon Pathom. “Tengo todos estos colores ¿por qué no los voy a usar todos al mismo tiempo?”. Una ortodoncia auténtica en Bangkok cuesta en torno a 1.200 dólares, que se pueden pagar en mensualidades a lo largo de tres o cuatro años.
Los aparatos falsos se asocian muchas veces a una oscura subcultura de moteros conocida como “dek wehn wehn” (“dek” significa chaval en tailandés y “wehn wehn” es una onomatopeya que recuerda al acelerón de una moto de dos tiempos). “Hay muchos chavales sin dinero que quieren ortodoncias como sea”, dice la joven Supapich.
“Solo quieren ser simpáticos y pasarlo bien”. Pero las autoridades sanitarias y de seguridad tailandesas, que combaten esta moda desde 2004, están comenzando a perseguir con determinación los negocios de aparatos dentales falsos.
El gobierno parece dispuesto a pedir a los profesores que exijan a los alumnos que lleven ortodoncias que presenten certificados médicos, y quienes los lleven por cuestiones de moda sean enviados a centros médicos para que se los quiten. Cualquier persona que sea pillada ejerciendo de dentista sin licencia podrá enfrentarse a multas y hasta tres años de cárcel. Además, la importación de suministros dentales va a ser controlada de cerca a partir de ahora por un organismo gubernamental de protección de los consumidores.
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