jueves, 28 de enero de 2010

'El mal de Chagas es un genocidio consentido'

MARÍA VALERIO
MADRID.- Casi por casualidad, Pilar Mateo, doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Valencia, descubrió que tenía entre sus manos una herramienta sencilla para acabar con el chinche que transmite el Chagas, un vecino habitual de 100 millones de personas en América Latina. Su libro 'El vampiro de los pobres' (La Esfera de los Libros) relata su hallazgo de una pintura que erradica al insecto y le impide reproducirse; y su recorrido por los lugares más pobres de Bolivia, México o Argentina para pintar las casas (lleva más de 10.000) y proteger a sus habitantes de este mal.
Pregunta.- ¿Cómo descubrió por primera vez la capacidad contra el Chagas de su pintura?
Respuesta.- Yo ni siquiera conocía a la vinchuca que transmite la enfermedad. Descubrí una tecnología de microencapsulación de productos químicos que resultó ser muy eficaz para controlar y erradicar insectos; fue un médico boliviano quien me comentó que eso podía servir para controlar el mal. Lo dejé todo y me fui para allá. El chinche es un hematófago que se refugia en las grietas de las viviendas y aprovecha la noche para chupar la sangre a los indígenas. Por eso, además de la pintura, lucho porque tengan viviendas dignas.
P.- ¿Es muy costoso fabricarla?
R.- En relación con la duración del producto [se libera lentamente] y su efectividad en el tiempo es más barata que fumigar cada tres o cuatro meses durante años. Por otro lado, es una solución ecológicamente más respetuosa que las fumigaciones convencionales que afectan a la calidad y salud de los productos agrícolas. El costo principal del producto son los activos que lleva, en especial los llamados inhibidores de la síntesis de la quitina, que regulan la hormona del crecimiento de los artrópodos. Utilizo sólo principios activos recomendados por la Organización Mundial de la Salud y fabricados por empresas homologadas.
P.- ¿Cuál es la logística para distribuirla?
R.- Nunca hemos vendido el producto de una forma comercial. Todos los proyectos han tenido un carácter social y sin ánimo de lucro. Para ello hemos contado con la financiación de organismos nacionales, como la Agencia Española de Cooperación para el Desarrollo (AECID), la Generalitat Valenciana o el Ayuntamiento de Alicante; y fundaciones (Repsol, Agbar...).
P.- ¿Se ha interesado alguna empresa por su descubrimiento?
R.- Cuando empecé quisieron comprarme la patente, pero mi deseo de ayudar a los guaraníes fue más importante que el dinero que podía recibir. Ahora estoy en contacto con varias empresas; unas para que fabriquen y distribuyan por Europa, México y quizás Centroamérica y luego en diversos países como Paraguay, Colombia, Panamá, Argentina...
P.- ¿Cómo es su relación con los gobiernos allí donde trabaja?
R.- Si pienso en lo que he vivido estos últimos años, constato que en América Latina las administraciones públicas tienen falta de poso histórico. Hay muchos cambios y falta organización. Por otro lado, cuando se habla de enfermedades endémicas existen muchos recursos procedentes de organizaciones internacionales, como el Banco Mundial, que cada cierto tiempo donan 30 o 40 millones de dólares (unos 25 millones de euros) y ese dinero es más de lo que tiene el ministerio para todo el año. Aquí es donde se constata que hay funcionarios que han hecho de ese dinero un modus vivendi que les condiciona a la hora de encontrar las soluciones de salud más adecuadas en sus países.
P.- ¿Con qué obstáculos se ha topado en la lucha contra el mal?
R.- Hay demasiada resignación del que sufre la enfermedad. Es como si fuera algo inevitable, un genocidio consentido, cuando se trata de un problema vinculado con la pobreza y con la falta de interés por solucionarlo. También falta organización por parte de los gobiernos para hacer las cosas: Se fumigan mal las casas o se protegen unas zonas y otras no. Es decir, que los tratamientos casi nunca han sido los adecuados. Se han falseado muchas veces los datos para decir que han sido un éxito, para tener que reconocer posteriormente que de nuevo hay infecciones y hace falta reiniciar las fumigaciones con fondos internacionales. También me ha tocado luchar contra esa absurda idea de que ser mujer, española, científica y demasiado joven eran factores que, por definición, no servían.

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