martes, 28 de julio de 2009

0 800 Cuentos: un programa de narraciones telefónicas para niños


Por: Patricia Suárez, ESPECIAL PARA CLARIN
Las vacaciones extendidas de los niños –leáse, la veda de espectáculos infantiles por la pandemia H1N1 más las vacaciones de invierno propiamente dichas– hicieron que en más de una cabecita parental asomara la idea del filicidio u otros crímenes menores.
Previendo tales ideas, el Ministerio de Educación de la Nación y el Plan de Lectura crearon un 0800 "Cuentos: Lecturas para escuchar", una línea telefónica gratuita adonde te cuentan un cuento. Los cuentos fueron cedidos por la Editorial Colihue.
El objetivo de esta iniciativa es habilitar por el lapso de estas semanas y hasta el reinicio de clases, el 0800-333-62931, para discar y disfrutar de un cuento para niños.
La colección consta de treinta títulos de autores argentinos entre los que se pueden contar: Cuento con ogro y princesa, de Ricardo Mariño, Historia del pajarito remendado de Gustavo Roldán o Duende de Gloria Pampillo, entre otros. El menú telefónico indica discar el 1, para sentarse y acomodarse a escuchar.
No es fácil tampoco retener a un chico quieto con el tubo en la mano, por lo cual es aconsejable tener un teléfono manos libres –sobre todo si hay hermanitos o más niños al teléfono–.
De todos modos, el llamado incluye sólo un cuento y luego el recepcionista recomienda acceder al sitio del Plan de Lectura: www.planlectura.educ.ar, donde están a disposición todos los cuentos en formato mp3.
La idea de incrementar la literatura de forma telefónica es novedosa y la convocatoria sumamente exitosa –en los horarios pico es difícil comunicarse–, y abre un campo poco transitado en la Argentina como son los audiolibros.
Hay aquí pocas editoriales de audiolibros (Crucigramas Temáticos es una editorial cordobesa que se dedica al género, o Tiflolibros) y en general los ejemplares son comprados para ciegos y débiles visuales. Sin embargo, en otros países como en Estados Unidos o España, el fenómeno del audiolibro es un auténtico boom y no es extraño encontrarse con la gente oyendo un clásico de la literatura mientras corre en el gimnasio.
El placer de oír historias sigue vivo dentro de nosotros y lo necesitamos como al pan caliente. Probablemente la práctica del chisme responde a esta misma necesidad y no existe casi ser humano capaz de abstenerse de escuchar el relato de un chisme. (Parafraseando el Evangelio: Quien no sea chismoso, que tire la primera piedra...)
Todo el que haya asistido a un espectáculo de narración oral sabe que, aunque no es exactamente literatura lo que allí se sirve, fascina tanto como si lo fuera. El hábito de escuchar cuentos es ancestral, dado que la literatura nació como narración oral y los más grandes relatos de la humanidad fueron transmitidos oralmente generación tras generación. Algunos estudios demuestran que la raza humana tiene entre ocho y veinticinco mil años de edad, lo que arroja que hace escasos cuatro mil años que el hombre se alfabetizó y conoció la escritura, aunque por lo que parece, la alfabetización sigue siendo prohibitiva en determinadas clases sociales y países. Sin embargo, escuchar está al alcance de todos.
Los emprendimientos que se llevan a cabo para promocionar la lectura, no pasan sin dejar huella. En el 2003, el Ministerio de Educación entregó seiscientos mil cuentos en las terminales de ómnibus para que los viajeros tuvieran qué leer. El año pasado, por otra parte, también el Ministerio implementó la iniciativa de regalar libros a los alumnos de todo el país que egresaban de los niveles inicial, primario y secundario y que contuvo títulos como El país de las brujas, de Cristina Banegas; Yarará como manguera, de Mempo Giardinelli; y El olor del cocodrilo, de Lilia Lardone.
En ocasiones, hasta las empresas privadas idean algo para fomentar el público lector: como cuando por los años 80 los sobrecitos de azúcar Bráttoli venían con poemas al dorso (actualmente Café El Continente hace algo parecido).
El 0800 de "Cuentos: Lecturas para escuchar" durará estas escasas dos semanas, sin embargo sería más que positivo que el Ministerio de Educación conservara la línea telefónica y que abriera nuevas opciones para oyentes niños y adultos. La apuesta es ardua y costosa, seguramente, pero crear lectores es crear un país con posibilidades de cambio.
clarin.com