martes, 28 de julio de 2009

La hormiga imparable


Son tan chiquitas que nadie les hubiera dado demasiada importancia. A primera vista comunes, de apenas 3 milímetros las obreras, oscuras, casi inofensivas, se fueron filtrando en otros países primero y continentes después, trepadas a las ropas, bolsos y valijas de los viajeros argentinos. Ahora, se han convertido en una verdadera plaga en lugares tan distantes como los Estados Unidos, Europa o el Japón. De hecho, están dando verdaderos dolores de cabeza a las autoridades sanitarias y agrícolas de las regiones en las que viven.
Las Linepithema humile u hormiga argentina (que de ella se trata) se caracterizan por ser muy tranquilas en territorio local, mantenidas a raya por otras clases de hormigas que les ponen coto; pero una vez fuera de territorio nacional se convierten en verdaderas fieras grupales que atacan a animales pequeños, a otros insectos, a los cultivos, a las despensas de alimentos. Agresivas al extremo, imperialistas podría decirse, atacan a las otras hormigas que se encuentran en su camino y se alían con insectos que, a la larga, dañan la vegetación a su alrededor.
Como si esto fuera poco, investigadores de la Universidad de Tokio (Japón) liderados por Eiriki Sunamura, pudieron comprobar que las colonias de hormigas argentinas diseminadas por Europa, Estados Unidos y el Japón conforman en realidad una única supercolonia, la más extensa de todas las colonias existentes en el mundo. De cualquier especie. De hecho, la pata de la colonia ubicada en el Viejo Continente (a lo largo de la costa mediterránea) ocupa una extensión de 6.000 kilómetros, mientras que la existente en la costa de California ronda los 900 kilómetros de extensión.
La misma especie viene causando problemas en diferentes países del mundo, como reducir dramáticamente las especies de hormigas nativas, lo cual motivó que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos (UICN) la incluyera dentro de “las 100 peores especies exóticas (alóctonas) invasoras del mundo”.
El imperio. La extensión de las hormigas fuera del noroeste de la Argentina comenzó en el siglo XIX, primero hacia Paraguay, Brasil y Uruguay. Más tarde, llegó a España y Portugal y ya hacia 1925 se las detectó fehacientemente en los Estados Unidos, en Nueva Orleáns. Lenta pero imparablemente llegaron al Japón. Y aunque varios océanos las separen, siempre se consideran hermanas e integrantes de una misma familia. Esa es la comprobación que pudieron hacer los científicos.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que las Linephitema humile conforman una enorme familia diseminada en tres continentes diferentes a partir de la similaridad de olores que exhalan sus exoesqueletos. Es por medio de ese aroma que las hormigas identifican a sus colegas de la misma colonia y también detectan a las intrusas, que son atacadas o eliminadas.
En Tokio hallaron que en América del Sur, las hormigas argentinas de colonias diferentes acostumbran a competir entre sí y atacarse las unas a las otras. Esto no sucede con las habitantes de los Estados Unidos, Japón y Europa: ellas no se identifican como enemigas, sino que más bien todo lo contrario, actúan como compatriotas. La conclusión es simple entonces: pertenecen no solamente a la misma especie, sino también a la misma colonia extendida a través del planeta.
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