lunes, 20 de julio de 2009

Las estadísticas de crímenes caen un 25% si hay tormenta


Los días de lluvia hay menos asesinatos. A esa conclusión llegó un estudio publicado por el diario estadounidense The New York Times, que comparó las estadísticas criminales de los últimos seis años del Departamento de Policía de Nueva York con las precipitaciones caídas diariamente durante ese lapso.
En el sorprendente informe surge que en diez sábados soleados hubo 24 asesinatos, cifra que cayó a 18 crímenes durante diez sábados lluviosos, lo que marca una baja del 25%.
En la Argentina nunca se hizo un estudio similar sobre delito y lluvia. “Me parece poco serio opinar sobre esto. Debería tener más elementos. Pero nunca había escuchado algo así”, dijo el jefe de la policía bonaerense, superintendente Juan Carlos Paggi, al ser consultado por Crítica de la Argentina.
En cambio, el comisario retirado José María Irrera, que está a cargo de una agencia de seguridad privada que combate la piratería del asfalto, cree que la lluvia es uno de los factores que inciden en el delito. “Quizá los asesinos se tomen franco cuando llueve.
Pero es verdad: los días de lluvia tengo menos trabajo. Igualmente todo es relativo. Hay quienes dicen que cuando llueve los delincuentes se ocultan mejor, las pruebas se borran y las cámaras de seguridad no registran imágenes nítidas.
No sé si es así, pienso que si pisás sobre el barro las huellas quedan más marcadas, es algo natural que esto ocurra. En relación con la piratería del asfalto, podría decirse que hay menos robos de este tipo cuando el clima es malo”.
“El 26 de agosto de 2006 ocurrió algo insólito en la Ciudad de Nueva York. Era un sábado en el corazón de verano, la clase de día donde hay un promedio de más de dos homicidios. Aún la policía no relató ningún asesinato. Ese día pasó otra cosa: llovió”, dice el artículo del New York Times.
En diez días lluviosos hubo 17 crímenes; en diez sin lluvia, 14. “Cuando caía un aguacero, bromeábamos y decíamos que esa noche podían pasar muchas cosas. Recuerdo cuando encontramos un cadáver en medio de una lluvia torrencial. La lluvia intensa nos lleva a perder fluidos corporales y puede llegar a entorpecer la búsqueda del ADN. A
demás, los días lluviosos los testigos suelen ser más difíciles de encontrar”, dijo al New York Times Vernon J. Geberth, un antiguo oficial al mando de una escuadrilla de homicidios del Bronx. De comprobarse la tendencia criminal, los investigadores tendrían motivos para entusiasmarse: se presume que este verano en Nueva York será uno de los más lluviosos de los últimos años, según anticiparon los meteorólogos en la Universidad de estado de Pensilvania.
En lo que va del año, en esta ciudad hubo más de 200 homicidios, lo que marca una baja de crímenes en relación con 2008.
“La lluvia no disuade de los homicidios domésticos, que pasan puertas adentro. De todos modos pienso que el impacto de la lluvia sobre el crimen no es determinante”, opinó Ellen G. Cohn, profesor en la Universidad Internacional de Florida. Steven Messner, profesor de Criminología en la Universidad Estatal de Nueva York en Albania, consideró que la lluvia no frenó a muchos asesinos: “Los criminales se adaptan al clima: consiguen paraguas y se adaptan a las condiciones adversas.
Incluso con la lluvia podrían ocultarse mejor o borrar pruebas. Para los detectives a veces suele ser más difícil investigar sobre un terreno embarrado o lavado”.
El investigador Edward McDonald, que trabajó en el Bronx, en una oportunidad tuvo problemas para encontrar testigos cerca de un estado de fútbol americano donde mataron a un hombre que iba en auto. “Me ocupé de preservar la escena del crimen de la lluvia, pero fue difícil. Además no pude encontrar muchos testigos porque lo único que quería hacer la gente era irse rápidamente a su casa para no mojarse”.
El Gordo Valor miraba el cielo
“Cuando salíamos a robar nos fijábamos en todos los detalles. El clima era importante porque una tormenta te puede arruinar los planes”, dijo hace dos años Luis “El Gordo” Valor, líder de la superbanda que robaba camiones blindados durante los años ochenta y noventa, sin saber que su declaración iba a confirmar una estadística criminal de Estados Unidos. “A nosotros nos costó más investigar por la lluvia torrencial que cayó la noche del crimen.
Para los pocos testigos que andaban por la calle les impidió ver los autos que circulaban por el lugar. Encima el country donde vivía la víctima es oscuro y estaba todo embarrado”, reconoció uno de los investigadores del crimen de Nora Dalmasso, asesinada el 26 de noviembre de 2006 en su casa del barrio Villa Golf de Río Cuarto, en Córdoba. Esa madrugada, mientras el asesino la estrangulaba, en esa ciudad llovía intensamente.
criticadigital