domingo, 5 de febrero de 2012

Humor

Se puede ser cómico o vivir en tono de comedia y sin embargo carecer de sentido del humor, una de las virtudes distintivas y más saludables de la condición humana. Es que, si bien es esencial desplazar hacia arriba los labios, mostrar los dientes y liberar ese jajaja en(ja)ulado, el humor va más allá de la risa y el entretenimiento.
El humor es una emoción positiva, un estilo de pensamiento y comunicación que promueve el bienestar y, generalmente, garantiza mejores resultados en el vínculo y la producción. De poco servirá el humor aplicado para negar, ocultar o disfrazar estados o situaciones. En esos casos, seguramente el humor sólo logre alcanzar los efectos de un chiste que pierde sentido cuando ya fue contado o es por demás conocido.
El humor es poder y fortaleza, es la mano derecha del optimismo. Es un recurso de afrontamiento, un reductor del estrés y la ansiedad, una señal de ingenio y creatividad, un signo y síntoma de que está todo bien o que, al menos, hay mayores posibilidades de éxito o de revertir aquello que pueda ser amenazante.
Están quienes creen que el humor exorciza o purifica cualquier enojo, frustración o sufrimiento. El sentido del humor ha sido, en muchos casos, el mejor remedio para paliar el dolor o la enfermedad.
Claro está que el humor depende de la actitud personal y el contexto. Más allá de nuestro estilo de personalidad, cada grupo o cultura definen por consenso qué tiene sentido o valoración, y qué no. Cada quien conoce o debería reconocer el qué, cuándo y dónde es hora de jugar al bufón.
El humor, por su esencia, favorece además la aceptación. Aprender a reírnos de nosotros mismos, a conciencia plena, sin prejuicios, puede ser el primer paso para que el humor se eche a andar por las venas y nos emborrache de salud y felicidad.
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