jueves, 25 de diciembre de 2008

Advierten sobre los riesgos que entraña la compulsión al juego


Por Constanza Longarte
De la Redacción de lanacion.com
Juan Carlos dice que tiene dos fechas de nacimiento. Una es la que figura en el DNI y la otra, el día en que dejó de apostar compulsivamente.
La fecha no se le pierde en la memoria. Un 4 de noviembre de 2000 comenzó a integrar uno de los grupos de Jugadores Anónimos y a partir de ese día, nunca más sacó un billete para volver a jugar.
Juan Carlos no quiere ocultar su nombre, como sucede generalmente en estos casos, y cuenta, orgulloso, como atravesó un camino que lo llevó del infierno a la redención.
Un trayecto que recorren cada vez más argentinos, hombres y mujeres que integran alguno de los 70 grupos de JA que hay en el país.
Hace algunos años eran sólo 30.
La ludopatía es una enfermedad silenciosa que va tomando a la persona sin que ella se de cuenta. Cuando llega al punto de la adicción ya no hay marcha atrás.
"Está entendida como un trastorno en la contención de los impulsos. Tiene las mismas características que cualquier adicción, con la diferencia de que en vez de ser una sustancia externa que consume la persona y que lo cambia, a través del juego la persona empieza a sentir cambios tan importantes, que son cambios neurobioquímicos, que tiene la característica de una autodroga", resumíó la psicóloga Liliana Bava, autora del libro Cuando jugar enferma.
Juan Carlos empezó a jugar esporádicamente a la quiniela a los 21 años, pero con el tiempo esta conducta ocasional se transformó en compulsión y el juego pasó su mente las 24 horas del día.
La adicción le costó el matrimonio y el distanciamiento con su único hijo, pero gracias al apoyo del grupo, volvió a recuperar su vida y hoy se siente pleno.
Historias como estas abundan en el mundo y todas tienen una génesis particular, pero comparten características comunes y una de las principales es la falta de respeto por sí mismo.
"Cuando uno gasta, obtiene un bien a cambio. Cuando uno juega, lo que obtiene es malestar, culpa, baja autoestima. Lo primero que pierden es el respeto de la familia, el trabajo y lo que es peor, el respeto por sí mismos", explicó Isabel Sánchez Sosa, instructora en Salud y coordinadora de la Asociación de Jugadores Compulsivos.
Otra de las constantes de esta patología es la mentira. Los jugadores recurren a las excusas más increíbles para justificar la falta de dinero o las escapadas al bingo o al casino. Algunos hasta se juegan los ahorros de la familia y otros llegan a robar.
"No atender el teléfono, hacerse el enfermo para no enfrentar los problemas en el trabajo, poner excusas por la falta de dinero. Uno va tapando agujeros constantemente hasta que no puede más. Cada vez que perdía prometía no volver nunca más y después me la pasaba pensando a quién iba a manguear para volver a jugar", relató Juan Carlos a este medio.
Por eso, el papel de la familia es muy importante y debe partir desde el convencimiento de que se trata de una enfermedad como cualquier otra adicción. Ante estas señales, lo principal es buscar ayuda con especialista o en grupos como Jugadores Anónimos o Jugadores Compulsivos.
El mayor beneficio de estos espacios, con reuniones al menos tres veces por semana, es la identificación con otros que pasan por lo mismo, y, por lo tanto, la contención.
"A medida que pasaban las reuniones, me di cuenta que estaba rodeado de gente que tenía la misma problemática que yo, en mayor o menor medida. De alguna manera, eso mi hizo un clic. Pensaba si él puede, yo también", cuenta Juan Carlos.
Igualmente, Sánchez Sosa señaló que, como en toda adicción, la voluntad del enfermo por salir de su situación es un factor fundamental.
"Nadie se recupera por el deseo de los demás y no se puede hacer por el otro lo que no está dispuesto a hacer por sí mismo. La familia siempre va a querer ayudar y de hecho está bueno que se comprometa con algunas cuestiones, pero también tienen que poner límites, como no permitir que el adicto maneje dinero", explicó.
Aunque no existen estadísticas en el país, se calcula que con la expansión del juego, la enfermedad se triplica. Por estos días el negocio del juego despertó una fuerte polémica. Después del rechazo expresado por la Iglesia y de la mala recepción social que tuvo la difusión del convenio entre Lotería Nacional y el Instituto del Juego porteño, que beneficiaba al empresario Cristóbal López, el jefe de gobierno porteño decidió no concretar el acuerdo.
Lo que más preocupa a ludópatas recuperados y especialistas es la proliferación de casinos, bingos y otras salas de juego. "Hace años eran las carreras de caballos y el casino. En la actualidad, con la enorme cantidad de oferta que hay, la gente juega lo que le resulta atractivo, mas cómodo o que le gusta mas", expresó la especialista.
Otra inquietud es la alta incidencia del universo femenino. "Antes, los adictos eran generalmente hombres que apostaban en el hipódromo o la quiniela. Con la proliferación de los bingos y salas de juego, aumentó mucho la incidencia de los jóvenes y mujeres. Ahora representan el 50% del total. Un dato más que alarmante", señaló Bava.
Una adicción como cualquiera. Durante muchos años, la ludopatía fue considerada como un exceso. Ya en 1866, el escritor ruso Fiodor Dostoievski retrató los sentimientos de un ludópata en su célebre obra El jugador.
Recién en 1992, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la incluyó entre los trastornos de los hábitos y el control de los impulsos y la calificó de enfermedad, aunque ya había estudios psiquiátricos sobre el tema. El más antiguo es el del médico Emil Kraepelin, a fines del siglo XIX.
En Argentina, los primeros grupos de tratamiento de esta patología se formaron hace 24 años aproximadamente.
Señales.
La personalidad del ludópata es similar a la de otras personas con dificultad para contener los impulsos.
Básicamente, son personas sumamente ansiosas, que tienen una baja tolerancia a la frustración, altos niveles de autoexigencia y quieren resolver todo ya.
En general son muy inteligentes, con un coeficiente intelectual muy alto, convencidos de que pueden todo hasta que no pueden más.
La familia debe estar atenta a los faltantes el dinero, al constante malestar o mal humor, a las excusas ridículas y a las mentiras.
Dónde acudir
Servicio de Adicciones del Hospital de Agudos Teodoro Alvarez: 4611-6666.
Instituto de Juegos de Apuestas: 0-800-666-6006.
Asociación de Jugadores Compulsivos: 4702-0026.
Jugadores Anónimos: 4328-0019 o 15-4412-6745.