miércoles, 31 de diciembre de 2008

"Hay que aprender a encontrar libros importantes para uno"


He aquí una paradoja literaria: un libro aconseja no leer libros, o por lo menos no terminarlos. Cómo hablar de los libros que no se han leído (Anagrama) es el título de este "antilibro" del profesor de literatura y psicoanalista francés Pierre Bayard (1954). El desafío, claro está, consiste en terminar de leerlo para saber qué dice.
Bayard, que no es precisamente alguien que jamás haya tenido un libro en sus manos, escribió en el suyo: "No hay una diferencia tan grande entre un libro que se ha 'leído' y uno que se ha hojeado"; o "yo no he leído el Ulises de Joyce y es muy probable que jamás lo lea"; o "nunca se lee, de un libro, más que una parte.
"Desde París, Bayard habla de su texto pero le baja el tono a la ironía. Dice que escribió un ensayo de reflexión sobre la lectura pero advierte que, como otros libros suyos, es un poco humorístico "lo que significa que no todo lo que digo debe ser tomado al pie de la letra. Pero sucede que algunos lectores se lo tomaron en serio y pensaron que yo quería desaconsejar a la gente que leyera. No fue mi intención".
En su teoría aparecen las virtudes de un espacio intermedio entre los libros que hemos leído y los que no. En esa franja surgen textos que pasaron por una situación de lectura diagonal, incompleta. "Yo no le puedo decir exactamente si leí a Hegel, Kant, Freud o Lacan. He leído fragmentos. Y después leí muchos textos sobre estos autores. Ese es el espacio intermedio del gran lector que yo llamaría el espacio de vivir con el libro". Bayard plantea que no se trata de no leer sino de admitir la imposibilidad de leer y saberlo todo. "No hay sólo un recorrido de la primera a la última línea -dice Bayard--, sino muchos originales que un gran lector sabe inventar, a veces recorriéndolo, a veces mirando el final".
En tanto psicoanalista, Bayard también se ocupa de despejar el camino de la culpa que puede sentir un lector al no cumplir con las expectativas que un libro puede tener sobre nosotros. "Trato de aliviar a los lectores diciéndoles que tal vez uno no llegue a leer un libro importante y que no hay por qué sentirse culpable. Si no terminé el Ulises no me culpabilizo: tal vez no sea para mí. Hay que encontrar los libros que son importantes para nuestra vida".
El libro de Bayard posee un título provocador que puede atraer a los enemigos de la lectura, pero es una ironía. Representa la impotencia del gran lector ante la incomensurabilidad de las pilas de libros en las librerías y ante la cantidad de títulos que se publican en todo el planeta. Es una propuesta sobre cómo afrontar el desafío de la lectura. Para eso, Bayard hace un llamado a la honestidad, a reconocer los límites de cada uno como lector.
Umberto Eco dijo que Bayard no está tan interesado en que la gente lea los libros de otros como en el hecho de que toda lectura (o no lectura, o lectura imperfecta) contenga una dimensión creativa y en que, para todo libro, el lector ponga siempre algo de su parte.
En la conclusión, este profesor de literatura exhorta a los estudiantes a sortear la solemnidad de la lectura, a salir de la paralización que provoca la prohibición de poder modificarlos. "Obligados a memorizarlos o a saber que 'contienen', muchos de esos estudiantes pierden su capacidad interior de evasión y se niegan a acudir a su imaginación". Significa, dice, abrirlos a lo esencial. Y concluye: "Lo que discuto es esa actitud de leer/no leer. Creo que muchas veces, sobre todo los periodistas, se encuentran entre lectura y no lectura. Esa distinción leer/no leer no es relevante porque genera culpa. Estoy más bien a favor de una práctica libertina de los comentarios de libros. Lo que no quiere decir que aliente a los periodistas a no leer los libros que comentan sino a trabajar ese espacio intermedio que es de creación del libro".

Lo que Bayard propone es pensar el acto de leer
¿Qué ecos y respuestas recibió la publicación de su libro?

Tuvo mucho éxito no sólo en Francia sino en varios países. Un éxito que quizá se debió a la ambigüedad porque algunos lectores lo compraron como un manual para desenvolverse en sociedad. En realidad, es más bien un ensayo de reflexión sobre la lectura.Dice que algunos lectores no entendieron la ironía y el humor del libro.
¿Por qué cree que fue así?
Porque generalmente en el ámbito de las ciencias humanas la tradición es hacer un libro serio. Ahora bien, yo he hecho libros en los que hay una dimensión humorística, o bien una dimensión de ficción, de novela. El libro está escrito en parte por un personaje de novela. El narrador del libro dice que es docente en la universidad, que deja de leer, que no le gusta leer, que no lee nunca los libros sobre los cuales dicta el curso. Pero por supuesto no soy yo. O, más bien, sería yo de vez en cuando. Pero yo adoro los libros. En las ciencias humanas no se tiene la costumbre de hacer eso. Siempre hay que ser muy serio.
Entonces, se podría decir que no existe un libro que pueda leer todo el mundo...
Eso es. Yo creo que los libros son como los seres humanos. No estamos obligados a enamorarnos de todas las personas que conocemos. Hay ciertos seres importantes para cada uno. Y hay algunos libros importantes para cada uno. Hay que aprender a encontrarlos.