domingo, 14 de diciembre de 2008

Uruguay está a punto de aprobar la ley que permite a los trans cambiar su nombre y su género en el documento





A fines del año pasado, en el Senado argentino y en el uruguayo se presentaron dos proyectos de ley idénticos. Ambos habilitan la posibilidad de cambiar el nombre y el género en los documentos de aquellas personas que sientan que el que figura no coincide con su identidad sexual. Por ahora, la versión nacional duerme en el recinto, mientras que la del otro lado del Río de la Plata está a punto de tener media sanción: “Tenemos el 99% de los votos de los legisladores a favor, hasta aquellos del Partido Blanco que hasta ahora nos trababan todo”, dice entusiasmada María Paz Gorostizaga, responsable del área trans del colectivo Ovejas Negras.
En septiembre de 2007, un equipo liderado por la legisladora del Frente Amplio Margarita Percovich –integrado por agrupaciones GLTTB como Ovejas Negras, psicólogos y abogados– preparó un proyecto de ley para lograr algo tan sencillo como que en un hospital a una chica trans a la que todos pueden ver vestida de mujer, el médico la llame Paola y no Javier, como figura en su documento. “La idea fue delinear un proyecto que tomara lo mejor de las experiencias de países avanzados en derechos sexuales y reproductivos, como España, y también las vivencias de cada uno de nosotros”, cuenta María Paz, que vivió en la Argentina durante 25 años y hoy tiene un segmento de cocina en un programa de la televisión uruguaya.
Los puntos principales de la iniciativa establecen que no será necesaria la operación de reasignación de sexo para obtener la identidad de género, y que el trámite se podrá hacer ante un juez, asesorado por un equipo multidisciplinario. La persona deberá demostrar que desde hace más de dos años vive con una identidad sexual diferente a la que determina su sexo biológico. “En un principio propusimos que se hiciera frente a un registro civil, para no judicializar la cuestión, pero eso se modificó en el Senado”, aclara María Paz.

Educando al legislador.
Si bien el Congreso uruguayo tiene una larga tradición de avanzada frente al resto de Latinoamérica –sucedió con la ley de divorcio, la de unión civil a nivel nacional (llamada unión concubinaria), y la recientemente vetada ley de aborto–, en el debate en el Senado se escucharon opiniones como la de Luis Alberto Heber, del Partido Nacional: “No quiero ser muy gráfico con respecto a este tema, pero los senadores me comprenderán: cuando un tercero conozca más profundamente a esta persona (un hombre que cambió a un nombre femenino) se va a encontrar con una sorpresa: estará en contacto con Raúl y no con Rosa”.
María Paz reconoce que, frente a este tipo de pensamientos, tuvieron que hacer un trabajo insistente de concientización para destrabar prejuicios. “Les explicamos que la ley nos suavizaría mucho la vida por el solo hecho de poder usar el documento donde sea: en un hospital, al hacer una denuncia, al votar, para hacer un examen de VIH, al pedir empleo. Yo trabajo como auxiliar de servicio, y cuando presento mi documento para cobrar figura mi nombre masculino, y depende de la voluntad del que me atiende el modo en que me trata.”
Aunque sensibilizados por las dificultades que debe atravesar la población trans, el grito de algún que otro miembro del Partido Colorado igual se hizo escuchar cuando apareció el artículo que determinaba que los menores de edad también podían solicitar el cambio de nombre en el documento sin necesidad de autorización de sus padres. En el debate, incluso, se puso como ejemplo a Nati, la chica cordobesa a la que la propia Justicia autorizó la operación de reasignación de sexo siendo menor. “A todos y todas nos pasa que nos descubrimos en la adolescencia –reflexiona María Paz–, y cualquier chico tiene el derecho a que sus padres, y en el colegio, respeten su identidad. ¿Por qué habría que someterlo a la discriminación?” La norma establece que este cambio será provisorio y deberá ratificarse cuando el menor cumpla 18 años.
Sin embargo, los peros no quedaron ahí. Para difundir el avance del proyecto de ley, la prensa uruguaya más conservadora tituló “A un paso del matrimonio gay”.
Desde Ovejas Negras no se sorprenden. El mismo tipo de reacción hubo con la ley de unión concubinaria. “En ese entonces nosotros les dijimos que cuando en España se aprobó el matrimonio gay no salieron todas las mariconas a casarse de blanco –ironiza María Paz–. Pero lo que importa es que acá estamos hablando de un derecho humano, el derecho al nombre.” Masculino/femenino.
Si bien Margarita Percovich es quien impulsó el proyecto de ley, a su entender la norma no es suficiente y, en todo caso, simplemente suple una deficiencia conceptual de la sociedad. “Todo el pensamiento que ha construido las normativas del Estado y la legislación tiene una concepción binaria del sexo. O se es hombre o se es mujer. Por lo tanto, el reconocimiento de que pueda existir una identidad sexual diferente, que por suerte empieza a aceptarse, no se corresponde con las bases de la identificación civil y registral, y eso es lo que estamos tratando de corregir. Igual estoy segura de que en algún momento deberá plantearse un cambio mucho más profundo en el que se acepte, por ejemplo, la transexualidad como un género”, opina Percovich, quien desde hace varios años comparte con la diputada socialista por Santa Fe, Silvia Augsburger –quien presentó el proyecto mellizo en la Argentina– un colectivo de políticas feministas del Cono Sur.“
Hemos hecho un proceso bastante paralelo en cuanto a la agenda de propuestas legislativas. Además, los colectivos GLTTB también tienen redes del Mercosur, y el proyecto de ley se fue redactando con estos colectivos que nos transmitieron sus problemáticas para ver cómo se podían prevenir con un nuevo marco de funcionamiento administrativo”, completa Percovich.

¿Y la versión nacional?
Silvia Augsburger reconoce que Uruguay siempre avanza más rápido en materia de derechos sexuales y reproductivos, especialmente por la tradición laica de sus legisladores. “Lamentablemente acá sólo tiene estado parlamentario desde fines del año pasado, pero hasta ahora no se puso en consideración. De todos modos, creo que para el Parlamento argentino éste fue un año muy particular por la 125, que demandó actividad permanente. Pero tengo esperanzas de que salga el año que viene, especialmente porque hay un gran apoyo de los medios y de la opinión pública, y es una propuesta firmada por legisladores de diferentes bloques. Yo estoy segura de que va a salir.” Mientras tanto, miles de personas esperan que cuando alguien mire su documento la pueda llamar por el nombre con el que realmente se identifica.