domingo, 15 de junio de 2008

Cómo es el padre argentino 2008

Los varones modelo 2008 son papá-pulpos: aparecen en las reuniones en la escuela que, hasta hace poco años, era territorio de las mamás; saben qué marca de pañales usan sus hijos, qué comida tienen que darles; les dan su baño diario o los hacen dormir mientras entonan el arrorró o les cuentan una historia hasta que cierren los ojos y despierten al otro día.
Así lo reveló una encuesta de la consultora D’Alessio IROL entre 650 familias –de parejas con hijos donde la mujer trabaja– que asegura que 3 de cada 10 padres que tienen menos de 35 años se hacen cargo de sus hijos cuando sus esposas están en la oficina, que 8 de cada 10 les prestan más atención a sus chicos que generaciones anteriores y que lenta –aunque de manera sostenida– ocupan territorios que eran exclusivos de las mamás, son más activos en la crianza de sus hijos, y no cuando tienen edad para jugar al fútbol, sino desde bebés.
Pero no son sólo hombres con más responsabilidades paternales. Son varones enamorados de sus hijos, tanto, que la tendencia marca una generación de padres hijodependientes. Christian Boix, que tiene 35 y dos chicos –Constantino, de un año y diez meses, y Bautista, de uno–, lo avala: trabajó en el microcentro hasta que decidió pegar un volantazo a su vida y poner un local cerca de su casa para dedicarles más tiempo a sus chicos: “Fue con la llegada de mi primer hijo; me cambió la cabeza y decidí que tenía que transformar mi vida. Renuncié al trabajo, vendí mi casa y me dediqué a otra cosa para poder pasar más tiempo con ellos”, describe mientras busca a sus chicos en el jardín de infantes.
El hombre se ve muy lejos del modelo de padre que llega a la casa después de una dura jornada de trabajo y que su mujer lo espera con la comida lista y los chicos en la cama: “Me quemó un poco la cabeza porque se me terminó la independencia que amaba, pero ahora soy un dependiente de mis hijos y eso me gusta más: estoy con ellos todo el día, les enseño a jugar, a pasear, a hablar. La paternidad me hizo revivir cosas que tenía olvidadas, porque mostrarles qué es la Luna es una sensación muy fuerte y todo es como si fuera por primera vez”.
“Esta generación de niños tendrá otro modo de relacionarse con sus padres que la que tenían nuestros hijos hace 20 años”, vaticina Nora D’Alessio, a cargo de la investigación que realizó la encuesta. “Los padres están más presentes y eso tiene relación con que las mamás trabajan o cuidan su propio tiempo. Hasta cambian el horario para que sus hijos vayan a dormirse y compartir unas horas con ellos”, cuenta la socióloga. Federico Koler tiene 25 años y una beba de cinco meses, Juana. Aunque es profesor de educación física, trabaja en la empresa de su padre, que le posibilita un horario para pasar momentos con su nena: “Mi profesión me obligaba a tener distintos turnos y a trabajar los fines de semana, por eso me establecí en un trabajo de lunes a viernes, 9 a 18”, dice el joven, que asegura que cambiar pañales, cocinar o hacer las tareas domésticas a la par de su mujer son moneda corriente en su familia.
Gabriela Gómez Rojas, que investiga temas de estratificación social y género en el Instituto Gino Germani, sin embargo, también disiente con la idea de varones dedicados a su prole: “Aún persiste la desigualdad entre varones y mujeres acerca del cuidado de los hijos, el tiempo para estar con ellos.
Eso afecta a distintos niveles socioeconómicos y regiones geográficas a las que pertenecen esos padres, porque así estén desempleados no pasan demasiado tiempo con ellos y los roles que asumen siguen siendo distintos. Las mujeres son las que siguen a cargo de la crianza y las tareas domésticas de sus hijos”.
Enrique Novelli, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), polemiza con la idea de padres modernos mucho más dedicados a sus hijos. Como ya no se supone que ser padre es tener una billetera para mantener al hogar, sienten culpa por no pasar más tiempo con sus chicos. Por eso, asegura, cuando están presentes, les dejan a sus hijos “más libertad de la que deberían y eso promueve una sensación de angustia”. Federico, sin embargo, está convencido de que su modo de ser un buen padre es estar pendiente de su hija, porque asegura que cuando era chico los padres daban un vuelco a su vida cuando llegaban los hijos: “Ahora se trata de integrar más al bebé a la vida de los padres. Que los chicos te cambien la vida, pero para bien”. Así sí: padres hijodependientes, pero felices.