lunes, 30 de junio de 2008

Una cirugía para adolescentes, en debate: Bariática

Obesidad, una epidemia: entre el 26 y el 30% de los argentinos menores de 18 años tiene sobrepeso
Es la llamada bariátrica, que se emplea como último recurso en casos extremos; no hay consenso sobre cuál técnica es mejor
Andrés Zabala bajó 90 kilos gracias al implante de una banda gástrica
Con sólo 16 años y casi 1,70 metros de estatura, Gabiel Perea llegó a pesar 206 kilos en mayo último.
"Su problema de obesidad empezó más o menos a los 4 años. Desde estonces, pasó por un montón de tratamientos, pero todos fracasaron, y llegó al punto de tener que recibir medicación porque había desarrollado resistencia a la insulina", contó a LA NACION su madre, Silvana Ferguson.
Gabriel viajó de Caleta Olivia, provincia de Santa Cruz, a la ciudad de Buenos Aires, para ser sometido a una cirugía bariátrica, efectuada el 21 de junio, en la que se le anuló el 80% del estómago.
En la Argentina, donde según distintos estudios entre el 26 y el 30% de los chicos y adolescentes están excedidos de peso, estas cirugías de la obesidad comienzan a instalarse como un último recurso, y son, por lo tanto, objeto de debate.
"Aquí, en la Argentina, recién estamos comenzando a utilizarlas en adolescentes, en casos en que ya se han agotado todos los tratamientos médicos y nutricionales, y el paciente presenta enfermedades asociadas a la obesidad, como la diabetes, la hipertensión o la resistencia a la insulina", comentó el doctor Ezequiel Fernández, director del Centro de Rehabilitación Quirúrgica de la Obesidad, cuyo equipo operó a Gabriel.
En Estados Unidos, donde el uso de estas cirugías está en franco crecimiento, las que se realizan en adolescentes hoy no superan el 10% del total.
En la Argentina, ese porcentaje es aún menor.
"De 850 cirugías que hemos realizado, sólo 15 fueron en adolescentes", agregó Fernández. "En mi equipo realizamos entre 15 y 20 cirugías bariátricas a la semana, pero en adolescentes sólo hacemos una cada 2 o 3 meses", dijo el doctor Oscar Brasesco, director del Progama de Cirugía Bariátrica de la Fundación Favaloro y del Hospital Austral.
¿Cómo es el camino que recorren los jóvenes que se someten a una de estas cirugías?
Eso es lo que contó a LA NACION Andrés Zabala, de Bernal, provincia de Buenos Aires, que a los 22 años aceptó la propuesta de colocarse una banda gástrica, tras haber llegado a pesar 195 kilos.
Aprendizaje
"Después de la cirugía, tuve que hacer una dieta líquida primero y después con cosas blandas. Luego, de a poco, empecé un proceso de adaptación, ya que la banda te limita la ingestión de alimentos y te obliga a comer pedazos pequeños; de lo contrario, tendés a devolver la comida -explicó Andrés-. Es un proceso de aprendizaje que a mí me llevó 6 meses, ahora es algo natural. Por otro lado, la banda da una saciedad mucho más rápida: comiendo un cuarto de lo que comía antes, ya estoy satisfecho."
Andrés se operó en abril de 2005 con un objetivo médico (no estético): perder 80 kilos. "Superé los objetivos; tras algunas subidas y bajadas de peso, me estabilicé con 90 kilos menos", contó. Y agregó: "Antes caminaba cinco cuadras y me agitaba y me cansaba. Hoy, al sentirme mejor, me dan más ganas de hacer actividad física: 3 o 4 veces a la semana hago cinta o actividad aeróbica; también hago algún deporte, pero de vez en cuando, por falta de tiempo".
La meta de estas cirugías, vale aclarar, no es llevar al paciente a un peso "normal". "Se habla de éxito cuando el paciente baja el 50% de su sobrepeso; ya con bajar el 20% desaparecen las enfermedades asociadas y mejora su bienestar psicofísico", explicó Fernández.
Andrés recurrió a la cirugía ya finalizada la adolescencia. Pero en un país donde la obesidad comienza a verse con mayor frecuencia y a edades más tempranas, ¿qué tan temprano se puede recurrir a este último recurso?
"Podría llegar a considerarla en adolescentes que han terminado totalmente su crecimiento físico, que tengan obesidad mórbida, con complicaciones graves, y que hayan intentado otros tipos de tratamientos que no hayan dado resultado", opinó la doctora Carmen Mazza, jefa de nutrición del hospital Garrahan.
"Nunca pensaría en realizarla en chicos en crecimiento. Jamás antes de los 16 años", remarcó Mazza. Otros consideran los 15 años una edad válida, e incluso existen casos en el país de pacientes operados a los 14.

¿Cómo saber si el paciente ha agotado todos los tratamientos y puede beneficiarse con una cirugía?
"Siempre debe ser el psicólogo, como integrante de un equipo multidisciplinario, el que debe orientar al cirujano", señaló la doctora María del Carmen Burgui, jefa de cirugía del hospital Vélez Sarsfield.
"Antes de operar al paciente, es importante determinar si existe un compromiso por parte del paciente y su familia en respetar el tratamiento posterior a la cirugía." En el caso de la banda gástrica, puso como ejemplo Burgui, si el paciente no cambia su forma de comer se expone a sufrir vómitos tras grandes ingestas, y puede desarrollar bulimia.
Una vez tomada la decisión de recurrir a la cirugía, la pregunta es: ¿cuál técnica? "Cualquiera de las cirugías bariátricas puede ser adaptada a un adolescente, pero el bypass presenta un mayor riesgo operatorio y, como es una técnica que genera mala absorción de los alimentos, hay que pensar en el crecimiento del adolescente -dijo Burgui-. Hay que ir de lo menos nocivo a lo más agresivo, y sólo recurrir a esto último en un caso sin retorno, en el que el paciente está postrado."
Para otros cirujanos, la opción más agresiva -el bypass - es también la más efectiva, ya que no sólo cuenta con evidencia a más largo plazo sobre su utilidad, sino que genera un descenso de peso aun en ausencia de un cambio de hábitos, como el que requiere la banda gástrica. "Probablemente, al adolescente deberíamos ofrecer la mejor opción, independientemente del riesgo, ya que al operarlo precozmente le ahorramos 15 o 20 de mala calidad de vida, en los que aparecerán las enfermedades asociadas a la obesidad", opinó Brasesco.
Una opción relativamente reciente es la llamada gastrectomía tubular o sleeve , que ha demostrado ser útil especialmente en pacientes con diabetes o resistencia a la insulina.
De todos modos, concluyó Burgui, "todavía no se puede decir que haya una técnica ideal".
Por Sebastián A. Ríos De la Redacción de LA NACION