jueves, 11 de septiembre de 2008

"Debemos exigir que los gobernantes tengan salud mental"



Por Silvia Pisani Corresponsal en España
MADRID. Psiquiatra de nota, académico, autor de numerosas publicaciones, el español José Cabrera Forneiro acaba de publicar un libro que produjo cierta indigestión tanto en la derecha como en la izquierda. Se llama La salud mental y los políticos.


Su tesis es sencilla: "Los ciudadanos tenemos todo el derecho de exigirles un mínimo de salud mental a nuestros gobernantes". Del presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, dice que es un "esquizoide". Del líder de la oposición, Mariano Rajoy, que está entre la obsesión y la esquizofrenia, y del juez Baltasar Garzón, que es "un mesiánico de libro", pero que, gracias a eso, se juega la piel del modo en que lo hace.

De Cristina Fernández de Kirchner afirma que tiene "importantes cambios emocionales" y que eso la vuelve rígida. Compara su perfil con el del premier británico, Gordon Brown, porque dice que ninguno de los dos llega a creer en su posición.

De Néstor Kirchner opina que es perseverante, seguro de sí mismo y un poco narcisista. De Fernando de la Rúa, que es un depresivo que jamás debió llegar a la Presidencia.

Casado y padre de una hija, el doctor Cabrera Forneiro tiene, a los 50 años, una veintena de libros y trabajos publicados en temas de psiquiatría y drogadependencia. Ha integrado comisiones públicas en la Unión Europea (UE) y ha asesorado a partidos políticos. "Eso -dice- me permitió conocerlos mucho por dentro. "Es doctor en medicina, con especialidad en psiquiatría y también en medicina legal. Miembro de la Academia Médico Quirúrgica Española, en la actualidad ejerce la psiquiatría clínica privada en Madrid. Ha visitado varias veces la Argentina.

-Parece que hubiera cierto rechazo a hablar del tema de la salud mental en relación con los políticos. ¿Es así?
-Lo que no quiere el político es que se sepa cómo es de verdad, porque vive de la cosmética, de la imagen... Pero no es igual en todos lados. En Europa y en América latina, es evidente. En los Estados Unidos, en cambio, el ciudadano considera que tiene derecho a saber cómo son, en verdad, las personas que van a gobernar. Y por eso se las somete a elecciones primarias y a pruebas que no soportaría un político europeo ni de América latina. No resistirían semejante filtro.
-Pero, a la luz de lo ocurrido en estos últimos años, ese filtro tampoco garantiza un buen presidente. Ni que llegue al poder un sujeto equilibrado o consciente de la realidad.
-Estamos de acuerdo. Pero tampoco el reverso del sistema es bueno. Es decir: si va a llegar a presidente sólo aquel que ha hecho una buena campaña cosmética, no sabemos qué contenido tiene ese hombre. Yo he mandado este libro a cada uno de los políticos españoles. Y les ha sentado mal a todos...

-¿A quién le molestó más?
-Creo que a Zapatero. He dicho varias veces que él tiene una personalidad esquizoide, que tiene un mundo interior muy grande pero que le cuesta entender la realidad. Un poco como Don Quijote.
-¡Pero Don Quijote era loco!
-Sí, pero antes era esquizoide. Volviendo a Zapatero, tanto le cuesta entender la realidad que se resiste a la palabra "crisis".

-¿Cuál es el riesgo de que haya un esquizoide en la sala de control?
-Que no se deja asesorar. Entonces, la comprensión de la realidad se le hace difícil. En el PSOE, el partido de Zapatero, les tienen pánico a algunas decisiones de su presidente.
-Y de Mariano Rajoy, ¿qué dice?
-Es un hombre que nunca quiso ser presidente del gobierno ni del partido. Tiene poca ambición. Ahora ha experimentado un cambio psicológico al creer, erróneamente, que sólo él puede sacar adelante al PP.
-¿Se volvió esquizoide él también? ¿O mesiánico?
-Está a caballo entre lo esquizoide y lo obsesivo. ¿Mesiánico? No. Mesiánico es el juez Baltasar Garzón. Lo que ocurre es que, por ser mesiánico, es el único capaz de enfrentarse a ETA.
-¿Y de correr los enormes riesgos que ha corrido y que corre?
-¡Claro! O de pedir el encarcelamiento de Augusto Pinochet. ¿Sabía que cuando Garzón pidió el encarcelamiento de Pinochet Chile le retiró a España contratos por 80.000 millones de dólares?
-No, no lo sabía. Hábleme de una de las personalidades españolas que más páginas llenan: la princesa Letizia. ¿O con eso lo pongo en un brete?
-No. Letizia es una mujer de carácter muy fuerte, que ha aprendido rápido que no es la protagonista, lo que habla de inteligencia. Puede afectarla su soberbia, si es que puedo usar el término en sentido psiquiátrico.

-¿Hacemos un repaso de nombres en la Argentina? ¿Qué dice de Cristina Kirchner?
-No he hablado con la señora Kirchner y no puedo hacer una ficha técnica. Pero a un político se lo puede ver desde afuera: su sonrisa, su mirada, sus gestos, sus reacciones, cómo dice sus discursos. Y lo que veo es que, desde hace mucho, la señora Kirchner tiene un problema de cambios emocionales, que a veces no puede controlar. Se le nota en el gesto, pese a ese hipermaquillaje que esconde expresiones faciales.

-¿Cuál sería el peligro del cambio emocional?
-La rigidez. Esa que mostró en estas últimas movidas con la comunidad agraria. Es una reacción esperable en quien tiene cambios emocionales. Una persona sin cambio emocional y con más seguridad en sí misma es más flexible. Un líder como Cristina, que no termina de creerse su papel, podría ser el premier británico, Gordon Brown. Su predecesor Blair lo tenía claro y llenaba el cargo por completo. Brown, en cambio, no. Y Cristina tampoco. Encima, en mi opinión, ella carga con la sensación de que se piense que está allí por su marido. Y eso es un lastre que le molesta.

-En términos psicoanalíticos, se suele hablar de matar al padre. En su caso, ¿sería, siempre en términos psicoanalíticos, matar al marido?
-Le vendría bien un gesto con el que quedara claro que se desentiende de él políticamente. Pero no creo que lo haga. Es muy rígida, y supongo que debe de serlo también con sus asesores. Con una persona así es difícil negociar.

-¿Qué piensa de Néstor Kirchner?
-Cuando lo escuchaba en campaña y decía "Soy un pingüino", y tal y cual, ¡tenía razón! Si el pingüino tuviera psicología, cosa que no sabemos, sería como Néstor Kirchner. Es un hombre desconcertante, ya desde la mirada, y es, también, perseverante. Pero no por rigidez, sino porque está seguro. Cuando vino a España a negociar con empresarios españoles y los puso a caldo, no fue por rigidez producto de cambios emocionales, sino porque estaba seguro de que eso era lo que había que hacer en ese momento. Ese es, para mí, su valor psicológico. Es, también, reacio a soportar fracasos. Pero eso es por ser un pelín narcisista.

-¿Y de Fernando de la Rúa ?
-Era un depresivo, un hombre que no podía con sus pies. No hubiera debido ser presidente. Un depresivo lo seguirá siendo. Si los ciudadanos no lo ven es por la campaña de imagen de la que hablábamos al principio. Por eso un líder europeo o de América latina no aguanta ni un asalto en una primaria de los Estados Unidos. Ninguno superaría lo que superaron Barack Obama y Hillary Clinton. En comparación con ellos, que son profesionales, los nuestros son aficionados.

-Nos quedan algunos políticos argentinos. ¿Elisa Carrió?
-Es una mujer fiable, sintónica, franca, valiente, que llega a la gente. Pero es muy impulsiva y tiende a la fantasía. Eso puede equilibrarse si se rodea de buenos asesores.

-¿Mauricio Macri?
- Es un poco distante, pero, desde lo psiquiátrico, me parece el más sano y el más aferrado a la realidad.

-Perdón, pero, a estas alturas, ¿no será la sociedad argentina la neurótica?
-Las sociedades eligen entre lo que hay. Da la sensación de que la gente que triunfa en la vida civil no quiere lanzarse a la política. Ahora, otra cosa es que, una vez elegido un gobierno, se le exija. Me da la sensación de que en la Argentina suele darse un voto visceral, de corazón. Un voto muy poco técnico.