viernes, 26 de septiembre de 2008

Cuando las que pegan son mujeres


El primero de octubre se va a abrir en la capital de Holanda, Ámsterdam, un nuevo centro de atención para personas maltratadas. Pero no se trata de un refugio más. Lo llamativo es que tiene planeado albergar a varones agredidos. El lugar será un refugio para padres golpeados por sus esposas, jóvenes amenazados en su vecindario, homosexuales rechazados y musulmanes extranjeros desertores de su religión.
En la Argentina no hay refugios para varones maltratados. En el marco de las relaciones de pareja, los varones víctimas son una minoría, aunque existen casos que llegan a los tribunales.
El 54,5% de los damnificados por violencia familiar son mujeres, el 37,4% son chicos, chicas y adolescentes y el 6,4%, varones, según cifras del Centro de Informática Judicial, sobre la base de las denuncias presentadas durante 2007.
“La violencia doméstica sigue afectando más a mujeres y chicos, pero existen también hombres maltratados. Igualmente, tampoco hay un registro real, porque un hombre que dice que ha sido maltratado ante policías o empleados judiciales es descalificado como varón y por eso se dan pocas denuncias”, señala Sergio Sinay, especialista en vínculos humanos y autor del libro Esta noche no, querida.
La psicóloga Irene Meler, coordinadora del Foro de Psicoanálisis y Género, apunta: “Los hombres golpeados se avergüenzan de confesar esa situación. He conocido algunos casos en los cuales la mujer agresora había sido victimizada por el padre o padrastro –física y sexualmente– y, como síntoma, aparecían accesos de violencia incontrolable contra el marido, al estilo de tirarle con la plancha caliente o pegarle con objetos. Ese tipo de violencia femenina es una especie de venganza diferida”.
El politólogo Daniel Blinder, integrante de Varones por la Equidad de Género en la Argentina, subraya: “El prejuicio que está operando en el imaginario es que el varón siempre es fuerte y la mujer siempre es débil y, en realidad, hay más diversidad de la que creemos. Pero que la excepción no nos impida ver la realidad: las principales víctimas de este maltrato machista siempre son las mujeres y niños”.
El psicólogo Carlos Alhadeff, autor del libro Confesiones de un machista arrepentido, ejemplifica otra sensación de agobio masculino: “Hay mujeres adictas a determinado varón que ejercen acoso. Por ejemplo, cuando el marido quiere separarse y ella no se lo permite. En esos casos, se sienten abusados. Pero eso ocurre porque las mujeres sobrevaloran a los hombres y suponen que les van a resolver la vida”.
“Es importante que quienes se ocupen de la violencia doméstica sean las víctimas. Pero que esto no les sirva a muchos machistas sueltos para decir `¿no ven que las mujeres también agreden?´, y saquen una especie de empate, porque no hay empate posible”, advierte Sinay.
Por su parte, Rafael Barca, director ejecutivo de Amnistía Internacional en la Argentina, explica: “Entendemos la violencia de género como una violación a los derechos humanos, basada en la desigualdad de género. La violencia contra la mujer se da por la desigualdad entre hombres y mujeres. En cambio, otro tipo de violencia, como la que pueden sufrir los hombres, no está basada en la identidad de género de la víctima. Es otro tipo de violencia, igualmente repudiable y condenable, pero que se basa, generalmente, en otras cuestiones”. En ese mismo sentido, Meler remarca: “La dominación social masculina es una realidad vigente, y aun en algunos casos de varones agredidos, se trata de las secuelas de las actitudes de otros varones, o sea que pagan justos por pecadores”.
Mario Pecheny, investigador del Instituto Gino Germani de la UBA, analiza que la violencia no es una cuestión de sexos buenos o malos, pero sí de lugares de poder: “Las imágenes que circularon mundialmente de los prisioneros de los campos norteamericanos en Irak muestran el sometimiento, violento y sexual, al que degradan a varones. Hay maltrato también a varones por rechazo a su homosexualidad o porque son ‘afeminados’. El fenómeno del maltrato a varones no es, pues, nuevo ni exótico”.
Pecheny subraya: “El maltrato social a varones es un fenómeno extendido: la desocupación y la precariedad laboral repercuten en la subjetividad de los varones, socializados para ‘hacerse cargo’. Los varones se ven desbordados por la exigencia de tener que responder siempre a las expectativas de funcionar. Ahora bien, ¿refugios para varones?, ¿por qué segmentar por sexo o por orientación sexual? No sé si un refugio es la respuesta adecuada pero, en todo caso, es saludable que nos haga hablar de ciertas cosas”.
Crìtica de la Argentina