sábado, 20 de septiembre de 2008

Los reducidores intelectuales están en el ambiente



Parecen inofensivos y convivimos a diario con ellos. Los productos de limpieza, alimentos industrializados y otros "naturales" que han sido previamente "desinfectados" con insecticidas; hasta el agua potable y el aire que respiramos contienen químicos tóxicos que no causan daño visible a los adultos, pero que en los niños pueden provocar un deterioro irreversible en su sistema nervioso y endócrino, aún en desarrollo.
Son los llamados COPs (Contaminantes Orgánicos Persistentes), un grupo de químicos que "persisten" en el ambiente y en lugar de disolverse tienden a acumularse en la grasa de los animales y seres humanos y pueden ser muy tóxicos a bajas concentraciones.
Los COPs son ubicuos, están en el agua, el aire, la tierra, los alimentos, los textiles, las paredes de las casas. La exposición a ellos ocurre respirando, por contacto con la piel, bebiendo o ingiriendo los productos contaminados.
La lista incluye plaguicidas clorados (como el DDT y Aldrin), los PCBs que se utilizan en transformadores y pinturas antihongos, las dioxinas y furanos, el PCV que se encuentra en los envases; y metales como el mercurio y el plomo presentes en numerosos dispositivos electrónicos.
"Los niños están más expuestos que los adultos a ellos, porque consumen más comida y beben más agua en proporción a su tamaño Y también porque su sistema nervioso, inmune, reproductivo y digestivo no está maduro", afirma la pediatra Lilian Corra, fundadora de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente (AMMA), y miembro de la International Society of Doctors for the Environment (ISDE).
La exposición múltiple a estos tóxicos tiene efectos sinérgicos: distintos tipos de cáncer, autismo, infertilidad, alteraciones en la concepción (abortos, nacimientos prematuros), fallas endócrinas. En las últimas décadas también ha aumentado la carga global de contaminantes como consecuencia del cambio climático, la exposición crónica a la radiación y la reducción de la capa de ozono.
Sin embargo, "el peor contaminante de todos es la pobreza", dice la científica argentina, quien recibió esta semana un reconocimiento internacional a su trayectoria, durante el Foro Intergubernamental de Seguridad Química (IFCS) que se desarrolló en Dakar, Senegal.
"Un bajo nivel educativo y de ingresos de las familias expone a los chicos a peores condiciones de higiene, malnutrición, falta de servicios cloacales y contacto cercano con basurales", explica la investigadora, quien coordinó durante 3 años un completo mapa del riesgo ambiental en el país.
El trabajo, conocido como Perfil SANA (Salud Ambiental de la Niñez en la Argentina), "es un punto de partida para conocer el riesgo al que están expuestos nuestros niños según dónde vivan, y contiene recomendaciones para prevenir males irreversibles", afirma la investigadora.
Hoy existen más de 80 mil sustancias químicas de síntesis, creadas por el hombre e inexistentes en la naturaleza, de las que desconocemos sus riesgos tóxicos a largo plazo.
"Es difícil encontrar una relación de causa efecto para afirmar que provocan enfermedades específicas. Muchas veces, las consecuencias de su absorción temprana se manifiestan en la adultez o en la tercera edad, dice Corra. Más allá de la dosis, lo más importante es el momento del contacto con estos contaminantes: cuanto más temprana, más grave, y muchos de ellos se transmiten a través de la placenta o en la leche materna. Estamos en la segunda generación de madres expuestas a esta sopa química, y aún falta investigar más sobre las consecuencias tendrán estos tóxicos en las futuras generaciones."
Actualmente, hay consenso entre los toxicólogos en que cada aumento de 10 microgramos por decilitro de sangre en los niveles de plomo, desciende entre 1 y 3 puntos el coeficiente intelectual. También hay trabajos científicos que vinculan la exposición al plomo con dificultades en la concentración y la conducta agresiva en niños menores de 11 años.
Los más afectados son aquellos con una mala nutrición: el plomo y el calcio utilizan los mismos receptores: cuando no hay calcio disponible, se absorbe más plomo.
"Hoy existen más casos de asma y enfermedades respiratorias por la mala calidad del aire. Las partículas en suspensión menores a 5 micrones pasan a la sangre y pueden producir enfermedades cardiovasculares e intoxicaciones que se manifestarán en la vida adulta. En tanto, "el cambio climático tiene un efecto transversal en la salud: infecciones, diarreas y enfermedades como el dengue, el Chagas y la malaria, que reaparecen porque hemos vuelto tropical un clima que no lo era", advierte la doctora Corra.
María Gabriela Ensinck
Recomendaciones para un ambiente más sano
No fumar en presencia de los niños.
No abusar de los productos de limpieza y no mezclar lavandina con detergente. A veces la casa más limpia es la más tóxica.
Lavar bien frutas y verduras y enjuagar bien los utensilios de cocina.
Preferir alimentos orgánicos (aquellos en los que no intervienen pesticidas ni hormonas).
Utilizar endulzantes naturales en lugar de edulcorantes sintéticos.
Respetar los calendarios de vacunación