domingo, 21 de septiembre de 2008

Se abre cada vez más la brecha entre los sexos


Por John Tierney De The New York Times
NUEVA YORK. Cuando los varones y las mujeres son sometidos a tests de personalidad siguen apareciendo algunos de los estereotipos de Marte y Venus. En promedio, ellas son más cooperativas, afectuosas, prudentes y emocionalmente sensibles. Los hombres, por su parte, tienden a ser más competitivos, enérgicos, temerarios y emocionalmente chatos.
Pero lo más sorprendente es que cuanto más se equiparan los derechos y oportunidades entre varones y mujeres, más divergen sus personalidades.
Esas claras diferencias en los rasgos de personalidad aparecen temprano en la niñez y nunca desaparecen. Lo que no está claro es el origen de esas diferencias. Los psicólogos evolucionistas sostienen que ésos son rasgos innatos, heredados de ancestros cazadores-recolectores.
Otra escuela de psicólogos afirma que las personalidades de ambos sexos han sido formadas por los roles sociales tradicionales y que las diferencias de personalidad se acortarán a medida que las mujeres pasen menos tiempo cuidando a los niños y más tiempo en el trabajo fuera del hogar. Para probar estas hipótesis, se realizaron tests de personalidad en varones y mujeres en más de 60 países.
Para los psicólogos evolucionistas, la mala noticia es que el tamaño de la brecha entre la personalidad de los géneros varia entre las culturas. Para los psicólogos que apuntan al rol social, la mala noticia es que la variación va en la dirección incorrecta.
Parecería que las diferencias entre las personalidades de varones y mujeres son más pequeñas en las culturas tradicionales como la de la India o la de Zimbabwe, que en Holanda o los Estados Unidos. Un marido y su mujer que permanece en el hogar pertenecientes a un clan patriarcal de Botswana se asemejan más que una pareja de Dinamarca o Francia en la que ambos trabajan fuera del hogar.
Cuanto más iguales son los derechos y más similares los trabajos de Marte y Venus, más tienen a diverger sus personalidades.


Hallazgos inesperados
Estos hallazgos son tan inesperado que algunos investigadores han argumentado que deben responder a problemas transculurales en la realización de los tests de personalidad. Pero después de analizar los nuevos datos obtenidos de 40.000 varones y mujeres de seis continentes, David P. Schmitt sostiene que la tendencia es real.
Schmitt, director del Proyecto de Descripción Internacional de la Sexualidad, sugiere que a medida que las modernas sociedades ricas derriban las barreras externas entre varones y mujeres, se reviven algunas diferencias ancestrales internas.
Los mayores cambios registrados por los investigadores se relacionan con la personalidad de los varones, no con la de las mujeres. Los varones en las tradicionales sociedades agrícolas y en los países pobres parecen más prudentes y ansiosos, y menos enérgicos y menos competitivos que los varones de los países más avanzados y ricos de Europa y América del Norte.
Para explicar esas diferencias, Schmitt y sus colaboradores apuntan a las privaciones en la vida de las naciones pobres. Señalan que en algunas otras especies, la presión del medio ambiente tiende a afecta desproporcionadamente al sexo más grande y reduce características sexuales secundarias (como en las aves macho ocurre con el despliegue del plumaje). Y, afirman, existen ejemplos de cómo esa presión también reduce diferencias sexuales biológicas en los humanos.
La disparidad promedio en la altura de varones y mujeres no es tan pronunciada en los países pobres como en los ricos, debido a que el crecimiento de los varones es atrofiado desproporcionadamente por presiones como la malnutrición o la enfermedad.
La personalidad es más compleja que la altura, por supuesto, y Schmitt sugiere que no sólo es afectada por las presiones físicas sino también por las presiones sociales en las tradicionales sociedades agrícolas. Quienes las integran deben adaptar sus personalidades a reglas, jerarquías y roles de género más fuertes que los de las modernas sociedades occidentales (o en los clanes de cazadores-recolectores).
"El ingreso de la humanidad en el monoteismo y en las economías basadas en la agricultura y en la monopolización de los recursos por unos pocos hombres fue "innatural" en muchas formas", dijo Schmitt, aludiendo a la evidencia de que los cazadores-recolectores eran relativamente igualitarios.
"De algún modo, las culturas modernas nos están devolviendo psicológicamente a nuestras raíces de cazadores-recolectores -afirma-. Eso significa una alta igualdad sociopolítica entre los géneros por sobre todo, pero con los varones y las mujeres expresando en diferentes ámbitos los intereses para los que están predispuestos. El retirar las presiones de las tradicionales sociedades agrícolas podría permitir que en los varones, y en menor medida en las mujeres, emerjan sus rasgos de personalidad más "naturales"."


Un caso de estudio
Algunos críticos de esta hipótesis cuestionan el hecho de que las variaciones entre naciones en la personalidad tengan que ver cómo en las diferentes culturas interpretan las preguntas de los test de personalidad. Los críticos demandan formas más directas de medición. Pero según Schmitt, ya se ha observado una tendencia en uno de los rasgos -la competitividad- basada en la medición directa de corredores masculinos y femeninos.
Las maratones constituyen un buen caso de estudio porque han ofrecido un terreno nivelado para las mujeres en las últimas dos décadas en los Estados Unidos. Un número similar de varones y mujeres corren en los equipos del secundario y de la universidad, al igual que en las carreras de calle.
Pero esos cambios sociales no han reducido la brecha de género entre los corredores analizados por Robert Deaner, un psicólogo de la Universidad del Gran Valle en Michigan, Estados Unidos, que clasifica a los corredores como relativamente rápidos si corren con un ritmo similar al del mejor corredor del mundo de su mismo sexo.
Cuando Deaner toma, por caso, los primeros 40 mejores tiempos de cada sexo en una carrera, suele encontrarse con entre dos y cuatro veces más corredores relativamente rápidos entre los varones que en las mujeres.
Esta amplia brecha ha persistido durante dos décadas, y coincide con otros estudios que han reportado que los varones entrenan más duro y están más motivados con competir, dijo Deaner. Esta diferencia de los sexos en la competeción, concluyó, "debe ser considerada un fracaso de las hipótesis de las condiciones socioculturales", que afirman que la brecha entre las personalidades se achicará a medida que se ofrezcan nuevos roles a la mujer.
Si él y el doctor Schmitt tienen razón, entonces los varones y las mujeres no deberían esperar comprenderse mucho mejor en un futuro cercano.