martes, 9 de septiembre de 2008

Prueban en seres humanos una nueva terapia para el cáncer



Por Nora Bär. De la Redacción de LA NACION
En la Odisea , Ulises derrota a los troyanos tras introducir en la fortificación un caballo monumental que lleva en su vientre a guerreros griegos. Dos milenios más tarde, Naomi Halas, nanotecnóloga de la Universidad Rice, de Houston, aplica una variación del mito griego contra el cáncer. Halas desarrolló nanopartículas que se introducen en las células tumorales y, al ser iluminadas con un tipo especial de luz, las quema por dentro.
Halas, que hace alrededor de diez años fundó su propia compañía para explorar esta estrategia, estuvo la semana última en Buenos Aires para participar de la X Conferencia Internacional sobre Optica del Campo Cercano, Nanofotónica y Técnicas Relacionadas, que por primera vez se hace en América latina y reunió a más de 200 especialistas.
"Inventé unas esferas diminutas que absorben la luz de ciertas longitudes de onda y la convierten en calor -explica-. Este tipo de luz penetra los tejidos y llega a varios centímetros de profundidad, de modo que puede ingresar directamente en los órganos."
La investigadora y su equipo descubrieron una forma de enviar esas partículas infinitesimales a las células tumorales. Según Halas, todo indicaría que los tumores atraen partículas naturalmente. "Crecen muy rápido y tienen vasos sanguíneos muy activos, pero defectuosos -dice-. Como estas partículas son tan pequeñas, "resbalan" por los defectos y algunas horas después de ser inyectadas en el torrente sanguíneo se depositan en el tumor. Cuando alcanzamos una concentración suficiente, lo iluminamos."
Entonces, las nanopartículas absorben la luz, se calientan y destruyen las células malignas. Se trata de una estrategia novedosa y, si cabe, muy "elegante" de enfrentar la enfermedad. Los ensayos en ratones, ratas, conejos y perros tuvieron resultados alentadores. Dada su efectividad de un 90%, dieron paso a ensayos en seres humanos, que están en marcha en los hospitales de las universidades de Texas en San Antonio, Southwest, Dallas, Houston, Tulane y Nueva Orleáns, y en el Baylor College of Medicine.
La estructura de estas diminutas partículas consiste de un núcleo de vidrio recubierto de una capa de oro. "Podrían imaginarse como esas golosinas de maní con chocolate, pero esféricas -explica-. Un factor muy importante radica en sus dimensiones, porque según cuán grande hagamos el núcleo y la proporción que guarde con la cobertura, absorberán una u otra longitud de onda."
Dentro de las células malignas, las nanopartículas actúan como una lupa cuando concentra la luz del Sol y quema una hoja. "Es exactamente lo que hacen, pero en escala nanométrica -explica-. Otra cosa importante es que la luz y el calor tienen el mismo efecto en toda clase de tumor."
Otra de las ventajas de estas esferas de cien nanómetros de grosor (se necesitarían entre 20 y 50 para igualar el diámetro de un cabello humano), es que no se alojan en las células sanas. "Pasan por el hígado y luego son gradualmente despedidas -dice Halas-.
A diferencia de otros tratamientos para el cáncer, son absolutamente atóxicas: uno puede comerlas, beberlas... El cuerpo no se da cuenta de que están allí porque son de oro, algo que nuestro organismo ni siquiera reconoce como un material extraño. No produce ninguna respuesta inmunológica."

nanotecnología