domingo, 12 de septiembre de 2010

Bloqueo creativo: ¿qué hacer cuando nos quedamos con la mente en blanco?

Por Ana Prieto
Felipe, el personaje de Mafalda, memorable por su imposibilidad para hacer los deberes del colegio a tiempo, dice que "la voluntad debe ser la única cosa en el mundo que cuando está desinflada necesita que la pinchen". La falta de voluntad a la hora de abordar algo que no puede dejar de abordarse (un trabajo para la facultad, una entrega laborar, un proyecto creativo) es, en efecto, algo así como un globo desinflado al que dan ganas de hacer reaccionar a cachetazo limpio. Y quién más, quién menos, todos hemos quedado alguna vez trabados en medio de un proyecto, o al principio, o al final. O le damos vueltas durante semanas a una idea que nunca llevamos a la práctica. "Parálisis" y "bloqueo" son las formas comunes de llamar a esa fuerza invisible y poderosa, cuyos efectos sobre nuestra psiquis y estado de ánimo general son menos misteriosos que su origen. Quienes han sufrido estas parálisis suelen pasar por los mismos malestares, a saber:

Frustración: la incapacidad de hacer algo para lo que se supone que somos perfectamente capaces genera impotencia, enojo, sensación de fracaso y decepción con uno mismo.

Culpa: la imposibilidad de arrancar con una actividad necesaria, y saber que la postergamos por voluntad propia -o más bien por falta de ella-, y que con cada segundo que pasa el daño es mayor, genera culpa, es decir, la sensación de responsabilidad absoluta por hacer algo malo (en este caso, no hacer nada).

Autojustificación: ante la culpa, la habilidad para justificar la parálisis surge espontáneamente: "no lo hago porque no me dan los tiempos; porque estoy muy cansado; porque estoy esperando a que se resuelva algo antes", etc.

Tendencia a la procrastinación: en el intento por empezar o retomar un proyecto que viene trabado, las horas suelen irse en facebook, twitter, youtube o la revisión compulsiva del mail, o en actividades menos geek, como abrir la heladera o mirar un punto en el techo.

Se dice que la parálisis tiene mucho que ver con la baja autoestima, con la poca tolerancia a la crítica, o sencillamente con la pereza. Los orígenes, motivos y modos de resolver las parálisis son tan variados como las personalidades de quienes arrastran ese globo desinflado por la vida como si fuese un feo apéndice. Veamos algunos testimonios:

José (periodista): Supongo que existen diferentes tipos de parálisis y supongo que irremediablemente jamás sentimos que llevamos la dinámica diaria actual. En el trabajo, si no puedo terminar algo, sumo otra cosa para envalentonarme y empiezo a resolver de a poco. No es algo consciente. Con el resto de las cosas no suelo superar la parálisis: vivo en ella. Por ahora sólo me culpo. La parálisis, creo, es pereza.

Miguel (fotógrafo): Pensar en el cosmos y lo insignificante que es lo que tenés que hacer es un buen comienzo para postergar hasta el infinito la acción y prolongar la parálisis. Después de un rato así, se pasa al pensamiento tipo "pulga de perro": tengo que hacer esa tarta de manzana, si no mi amigo/a-pariente no me va a querer más; tengo que escribir el texto, si no mi evaluador no me va a aprobar / mi jefe no me va a pagar. Y ahí arranca uno, con la misma inercia que hace funcionar un autito a fricción. Solo me pasa con las cosas que "tengo" que hacer. Lo que hago porque me gusta y disfruto sale solo.

Cecilia (especialista en Relaciones Internacionales): He llegado a tardar no solamente días, sino muy neuróticamente a estar cerca de las horas antes de la entrega de un trabajo, o directamente negarme a hacerlo y esperar se haga "la voluntad" de alguien del más allá (cosa que muy extrañamente ha tendido a favorecerme con cancelaciones repentinas, postergaciones formales, etc.). De todas maneras, siempre se sale por arriba -como de los laberintos- es decir, distrayéndose (libro, peli, chat con amigos).

Ana (artista plástica): En mi caso todo tiene que ver con el miedo a que el resultado no sea el esperado. La parálisis termina cuando me doy cuenta de esto y sin expectativas me pongo en movimiento. Seguramente el primer intento no será el mejor, pero es la punta de dónde agarrarme para seguir adelante (vale la aclaración: ya sea para hacer un pastel, pintar o simplemente escribir una carta).

Magdalena (bióloga molecular): He tenido muchas parálisis y todas ocurrieron cuando una etapa de mi vida estaba en sus últimas brazadas (finalizar la universidad, la tesis, un noviazgo, y ahora terminar el doctorado). Es decir, miedo al cambio. Y lo que he aprendido es que ¡se supera! Yo la supero hablando con amigos, despejándome. Me ayuda también una actividad física, para no exigirme a nivel intelectual. O sea, lo mejor es desenfocarte cada día para volver a focalizarte.

Si uno se pone a buscar consejos en Google acerca de cómo superar las parálisis, se encontrará a menudo con los mismos: distraerse, descansar, confiar un poco más en el propio trabajo (un consejo poco útil, pues se inclina hacia cuestiones psicológicas más profundas y con frecuencia irresolubles a través de la sola voluntad) y organizar mejor tus tiempos (también poco útil: la tendencia a la sobre-organización es una manera de procrastinación). Un set de consejos más originales son los que da el artista norteamericano Chris Dunmire, una especie de activista por los derechos del bloqueado y autor del Creativity Portal. Son más bien contra-consejos, y algunos consisten en:

1. Compararte con genios y grandes maestros: aspirar a ser el nuevo Mozart, el nuevo Da Vinci, el nuevo Dostoievski es, sin dudas, el camino del desbloqueo.
2. Esperar que todo lo que hagas sea perfecto: y olvidarte de miles de años de civilización llenos de honrosas imperfecciones.
3. Dejar que una crítica poco constructiva te destruya: porque las opiniones ajenas son muchísimo más importantes que tu vida, tu experiencia y tu propio y único proceso creativo.
4. Creer firmemente que tenés que terminar la cuestión ya mismo, porque tu día, a diferencia del resto de los mortales, tiene que durar 53 horas, y porque sin tu aporte a tiempo el mundo se va a acabar.

Cada uno con sus tiempos y sus técnicas, pero si querés curiosear portales interesantes que ofrecen técnicas de desbloqueo te aconsejamos Mi célula creativa , Creatividad superior y Brainstorming (en inglés). Para desbloquear (o al menos intentarlo) el famoso síndrome de la "página en blanco", podés visitar Write or die (Escribe o muere); una aplicación que te propone tacklear el espacio vacío bajo amenaza. Después de elegir tus preferencias (por ejemplo, quinientas palabras en diez minutos) escribís libremente lo que quieras, pero si parás la aplicación te da un período de gracia que, si lo infringís, trae como consecuencia la desaparición de tu texto. El período de gracia es ajustable, y como método de sana procrastinación, es uno de los más divertidos y originales que hay.
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