miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cómo prevenir el síndrome de la fatiga crónica

Por Verónica Dema
lanacion.com
Hace diez años que Rosana Puentes (44) empezó con esto de sentirse cansada, con dolores de cabeza, sin ganas de nada: en un esfuerzo que sentía como sobrehumano iba cada día al banco donde trabajaba y, de regreso, a la cama hasta el otro día. Sin embargo, sentía que nunca había dormido lo suficiente. Empezó a peregrinar por médicos porque a ese cansancio se le sumaban infecciones de distinto tipo, gripes que la dejaban meses en cama, falta de concentración, problemas de memoria.
Para cuando le diagnosticaron síndrome de fatiga crónica ella ya había perdido el trabajo, estaba de nuevo viviendo con sus padres, y, prácticamente, no se levantaba más que para ver a los médicos. Hoy, con tratamiento terapéutico, llega al consultorio de su analista y pide unos minutos para reponerse. Cuenta a lanacion.com que está algo más estable que cuando quería terminar con su cuerpo, aunque reconoce que padece ciclos de bajón constantemente.
La encefalomielitis miálgica (el nombre científico de este síndrome) es definida como una condición clínica severa y muy debilitante que afecta el sistema nervioso central y su conexión con los sistemas inmune y neuroendócrino. Esto produce variados niveles de discapacidad, deterioro reversible de las funciones cognitivas, dolores musculares y articulares así como limitaciones en la actividad física y mental. Es clínicamente reconocible pero no se conocen las causas y resulta muy difícil dar con un tratamiento adecuado.
"Para que te des una idea, yo me levanto y la cabeza me pesa como cuatro veces más, muchas veces tengo calambres; camino al baño con dificultad, con mucha torpeza, luego, hasta el cepillo de dientes y el peine se me resbalan de las manos. Todos los movimientos me cuestan y eso es todos los días", relata Rosana frente a su terapeuta, que, después de la entrevista, la felicitará por su locuacidad y por lo bien estructurado de su discurso, lo cual habla de un progreso en su tratamiento, le dice.
Su terapeuta, Mónica Arbitrio, explica que esta es una enfermedad crónica y no tiene cura. "Lo máximo que se puede lograr con tratamiento terapéutico es un equilibrio como para que una persona pueda a trabajar algunas horas y el resto del tiempo disfrutar de otras actividades y descansar", comenta.
Lo más efectivo para estabilizar a los pacientes suele resultar de una combinación entre terapia y alguna medicación que recete un médico (esta enfermedad exige seguimiento y control periódicos y la interconsulta con especialidades que correspondan, acompañando el proceso de recuperación con una rehabilitación físico-cognitiva que contemple el ejercicio gradual y la estimulación cognitiva).
Más allá de las investigaciones que cita, la psicóloga se permite una última reflexión, como si quisiera descansar de las teorías y posarse en el sentido común: "Con el ritmo de este tiempo, en el que lo que más parece valorarse es la alta productividad, el cuerpo va acompañando esta exigencia hasta donde puede, pero mientras tanto va enviando señales de que está sobre exigido. Habría que atenderlas a tiempo, antes de que el cuerpo y la cabeza digan basta".


Los mitos
"Es una enfermedad causada por el estrés". Falso: si bien pueden existir disparadores, lo que hasta el momento han descubierto los científicos es que podría haber factores genéticos y neurológicos involucrados.
"Es contagiosa". Falso: la enfermedad no se contagia por estar en contacto con personas afectadas.
"Es mejor no moverse". Falso: existen planes de ejercicios especialmente diseñados para compensar el tono muscular. También son útiles disciplinas como el yoga y el tai-chi chuan.