martes, 11 de enero de 2011

La violencia psicológica de ETA

"Recibí una carta en la que me amenazaban con matarme si no dimitía como concejal". "Tengo cuatro balas 9 mm Parabellum (munición utilizada por ETA) que eran para mí y que dejaron en el buzón de mi casa dos veces". Las secuelas del terrorismo etarra no se limitan a las víctimas mortales, como recogen estos testimonios reales.
Por primera vez, un trabajo realizado por científicos catalanes y holandeses y publicado en la revista 'Psicothema', analiza las estrategias de violencia psicológica a las que ha recurrido durante años la banda terrorista; que se caracterizan principalmente por la amenaza y el desprecio, la estigmatización y el control-vigilancia.
La investigación, dirigida por Javier Martín Peña, del Departamento de Psicología Social de la Universidad de Barcelona, "es una primera aproximación dentro de una investigación más amplia que pretende delimitar y evaluar la aplicación de dichas estrategias, sus consecuencias y otros aspectos implicados en este fenómeno", explica a ELMUNDO.es este especialista.
Esta primera exploración se ha realizado en colaboración con el Instituto Internacional de Victimología de la Universidad de Tilburg (Intervict), en Holanda, a partir de su estudio sobre víctimas del terrorismo en Europa. "Actualmente, estamos colaborando también con investigadores de la Universidad de Amsterdam que analizan las consecuencias psicosociales de la amenaza y la protección", añade.
La investigación pretende contribuir "a mejorar el conocimiento sobre formas de violencia poco estudiadas y aportar mayor visibilización de las mismas. También pretende servir en la elaboración de futuros planes dirigidos a la deslegitimación de la violencia", explican los investigadores.

Violencia psicológica

La violencia de ETA, según se desprende del trabajo, ha sido aplicada mediante actos continuos tanto de violencia física como psicológica, lo que ha conformado un acoso dirigido hacia los objetivos de la banda. "Ambas formarían un continuo, considerando que las personas que han sufrido la violencia física, a menudo, han sufrido también previamente la psicológica. Mientras que las formas de violencia física se han perpetrado tanto dentro de Euskadi como en el resto de España, la psicológica se ha llevado a cabo esencialmente en Euskadi y también en Navarra", comentan los autores.
Esta última tiene "graves consecuencias para la salud y para el ambiente social, dado que puede causar ansiedad, depresión, estrés continuo, incertidumbre e importantes cambios en la vida diaria", añaden.
Los científicos catalanes y holandeses realizaron una revisión de la bibliografía así como entrevistas personales a víctimas de la banda. La muestra consistió finalmente en 19 testimonios, tanto audiovisuales como escritos, pertenecientes a documentos públicos así como entrevistas aparecidas en medios de comunicación y de asociaciones de víctimas del terrorismo.
A partir de los testimonios, los datos evidencian que las estrategias más importantes empleadas son "el abuso emocional (amenaza y desprecio), la estigmatización y el control-vigilancia". "La policía me indicó que el dependiente de la frutería muy cercana a mi domicilio recopilaba datos míos para pasárselos a los terroristas", contó por ejemplo uno de los entrevistados.
Vivir bajo esta persistente amenaza, que a menudo empuja a muchos a recurrir a guardaespaldas para sentirse protegidos, puede constituir una fuente de estrés crónico, alertan los especialistas, lo que ocasiona alteraciones psicológicas y físicas en las víctimas y en quienes les rodean, según indican los autores.
El trabajo, según los autores, tienen algunas limitaciones "por el número y el tipo de análisis de los testimonios públicos, dado que pueden que no sean lo suficientemente representativos, pero permiten un estudio inicial de una realidad de difícil acceso".
elmundo.es