viernes, 25 de septiembre de 2009

Un fármaco logra por primera vez retrasar el desarrollo de la enfermedad de Parkinson

MARÍA VALERIO
MADRID.- Era un estudio esperado por los neurólogos, cuyos resultados se habían ido ya dando a conocer en algunos foros científicos. Pero es ahora, con su publicación en las páginas de la revista
'The New England Journal of Medicine' cuando puede empezar a hablarse de la importancia de sus resultados para los pacientes con Parkinson: Un fármaco que ya se emplea para aliviar sus síntomas, la rasagilina, podría tener también efecto en el retraso de la enfermedad.
La rasagilina (comercializado como Azilect) está autorizada desde el año 2006 para tratar los síntomas típicos del Parkinson (temblores, rigidez, disfunción motora...). Sin embargo, este estudio internacional, bautizado como ADAGIO, sugiere que este producto no sólo alivia las manifestaciones de la enfermedad, sino que también podría retrasar su evolución.
Para demostrarlo, ha sido necesario diseñar un esquema en el que participaron 1.176 pacientes procedentes de 129 centros hospitalarios de 14 países diferentes (entre ellos, España). El trabajo, que ha sido financiado por la compañía israelí Teva Pharmaceutical, fabricante del producto, es una de las iniciativas más numerosas hasta la fecha en el estudio del Parkinson. Además, el medicamento ya se comercializa actualmente en 37 países de todo el mundo (incluido EEUU y todos los de la Unión Europea).
La mitad de los participantes, que nunca habían recibido un tratamiento contra el Parkinson porque se encontraban en una fase muy inicial, comenzó el tratamiento de rasagilina durante 36 semanas (bien con un comprimido de 1 mg o de 2 mg) mientras que el resto de los pacientes recibía únicamente una sustancia inactiva. Transcurrida esta primera fase, en las segundas 36 semanas de estudio, todos los participantes recibieron el fármaco.
Iniciar antes el tratamiento
Ese lapso de diferencia entre los dos grupos (uno medicado en total 72 semanas y el otro, sólo la mitad) permitió observar que un inicio más precoz de la terapia tenía un beneficio adicional en el desarrollo de la enfermedad de Parkinson, tal y como lo cuentan los investigadores.
"Hemos logrado separar la mejoría sobre los síntomas de una posible modificación de la enfermedad", explica a elmundo.es uno de los firmantes, el doctor Eduardo Tolosa, del Hospital Clínic de Barcelona y miembro del centro de investigación en red
Ciberned. "Se trata de un fármaco con el que estamos familiarizados, que se administra y se tolera bien, por lo que es muy posible que estos resultados provoquen una modificación de la práctica clínica". Hasta ahora, reconoce, la falta de tratamientos, hace que muchos de los pacientes con síntomas aún leves sean remitidos a la consulta transcurridos unos meses para ver su evolución, sin tomar fármaco alguno.
Coincide con él el doctor Juan Carlos Martínez Castrillo, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología (SEN). "Es la primera vez que se logra demostrar ese efecto neuroprotector en el curso natural de la enfermedad", explica a elmundo.es. "Es un estudio particularmente interesante".
El misterio de los 2 mg
El grupo que tomó 1 mg de Azilet durante los 18 meses completos (la misma dosis que se usa habitualmente) cumplió los tres objetivos iniciales planteados en el estudio (que utilizaron diversas escalas neurológicas para medir los trastornos motores, sus habilidades en la vida diaria...). Pero curiosamente no se observaron los mismos beneficios entre quienes tomaron 2 mg.
"Al tratarse pacientes con síntomas leves, es posible que esta dosis más elevada mejore los síntomas pero enmascare la posible neuroprotección", sugiere Tolosa, aunque reconoce que el trabajo sólo sugiere posibles hipótesis para este fenómeno, "no una explicación definitiva". "Es algo que nos queda por saber". señala por su parte el representante de la SEN.
Por eso, aunque las conclusiones sugieren un posible efecto neuroprotector, los propios autores piden que se interpreten con cautela de momento. El director del proyecto, Warren Olanow, neurólogo del Hospital Mount Sinaí de Nueva York (EEUU) explica en una nota de prensa que "de confirmarse, se trataría del primer fármaco en el que observamos este tipo de efecto". Y como concluye Tolosa: "Es muy probable que muchos neurólogos opten por no retardar el tratamiento, sino administrar el fármaco en cuanto se conozca el diagnóstico".
Algo que, como señala el doctor Martínez Castrillo ya hacen muchos neurólogos con sus pacientes jóvenes y síntomas iniciales: "Es casi nuestra obligación ética hacerlo, porque es un fármaco muy bien tolerado".

elmundo.es