viernes, 25 de septiembre de 2009

El enojo, la emoción más común en los ambientes laborales


Carmen Sánchez-Silva El País
MADRID.- El enfado es la más habitual de las emociones en el ámbito laborales (en el 53% de los casos), mientras que la alegría es la menos usual (19%). Esa fue la conclusión a la que arribó un congreso mundial de inteligencia emocional, que se desarrolló esta semana en España.
De la mano de la Fundación Marcelino Botín, más de 350 expertos internacionales se dieron cita en Santander para exponer los avances en esta disciplina. Entre ellos, los inventores e impulsores de la inteligencia emocional, una forma de conocimiento que todavía tiene sus detractores.
¿Por qué? Según el creador del concepto de inteligencia emocional y profesor de psicología en la Universidad de Nuevo Hampshire, John Mayer, por dos razones: "Porque en el mundo occidental sigue vigente el pensamiento estoico griego que cree que la lógica es la fuente de información fiable, y las emociones no lo son. Y porque, a pesar de que el conocimiento de éstas se remonta a hace 200 o 300 años, ha permanecido como un conocimiento de culto y no se ha desarrollado con plenitud. La gente no sabe que tiene inteligencia emocional".
"Cómo te sientes tiene mucho que ver con cómo ves el mundo", dice David R. Caruso, psicólogo de directivos, autor del best seller El directivo emocionalmente inteligente y profesor de la Universidad de Yale. "Las emociones son inteligentes, vitales, para tomar buenas decisiones", agrega.
¿Y cuál es la emoción que impera en el mundo laboral? El enfado es la más habitual. Eso dice Caruso, para quien esta situación se podría corregir con líderes emocionalmente inteligentes, es decir, aquellos que se entienden a sí mismos, entienden a los demás y saben gestionar las emociones propias y ajenas, además de conocer las causas que las provocan. Así se produce una clara mejora en el trabajo en equipo en las organizaciones.
Sueldos, en proporción
"La inteligencia emocional mejora el trabajo en equipo, las relaciones con los clientes, la capacidad de controlar el estrés, de liderar y asimilar los cambios", según un estudio realizado por la Universidad de Málaga en una empresa de ingeniería, que arrojó que los sueldos más altos corresponden a las personas que tienen mayor inteligencia emocional, tal y como puso de manifiesto en la presentación del trabajo Gloria de la Torre.
Para Richard E. Boyatzis, doctor en psicología por la Universidad de Harvard y autor de best sellers como El directivo competente, Liderazgo fundamental y Liderazgo vibrante , hay más estudios sobre los métodos de medición de la inteligencia emocional que sobre el propio concepto. Y, a su juicio, los que se basan en la autoevaluación pueden arrojar resultados engañosos.
El directivo sobresaliente, en opinión de Boyatzis, es aquel que suma a sus capacidades individuales las demandas de su organización y las del entorno laboral. "El interés y el compromiso son los valores en los que se trabaja hoy. No la satisfacción con el trabajo o la felicidad", agrega.
Del lado de los futuros trabajadores, otro estudio presentado en el congreso, en este caso realizado por la Universidad de Comillas, señala que las competencias socioemocionales (autoconocimiento, autorregulación, habilidades sociales, motivación y empatía) hacen, junto a las competencias técnicas, un todo para conseguir la empleabilidad de los estudiantes de formación profesional.
Se mire por donde se mire, está claro que las emociones cuentan y que se deben analizar y gestionar, para "evitar estropear el desarrollo del cerebro, porque luego es mucho más difícil arreglarlo", según el experto Carlos Belmonte.
Los argentinos conviven también con el temor
La inteligencia emocional radica, principalmente, en ciertas habilidades básicas que, según coinciden especialistas argentinos, no son lo usuales que deberían ser entre los líderes dentro del ámbito laboral: Ellas son: el saber escuchar, la empatía o ponerse en el lugar del otro, la flexibilidad y capacidad de adaptación, el reconocimiento de errores y fortalezas y, el gestionar los impulsos con cabeza fría.
"La realidad en el mercado laboral argentino es que en los hechos son muy pocos los gerentes que reúnen esas cualidades y que gestionan a partir del equilibrio entre el interés en las personas y el cumplimiento de los objetivos", afirmó a LA NACION Javier González Pedraza, consultor en Desarrollo Personal y profesor de la Maestría en Negocios de la UTN.
De acuerdo con sus observaciones, en las empresas vernáculas la emoción que hoy se suma al enojo es el temor, que, en tiempos de crisis como el actual, suele ocultarse.
González enfatiza la eficacia de la inteligencia emocional a través de cifras estádísticas: "Uno de los últimos estudios, de Alejandra Figini, de la Universidad de Palermo, mostró que, tanto en el país como en América latina, el 80% de los nuevos gerentes fallaron en sus puestos o fueron despedidos por problemas en comunicación y de relaciones interpersonales".
El saber técnico queda minimizado, sostiene, si no está acompañado de habilidades interpersonales y una buena comunicación que restrinja los malos entendidos por el mal uso del lenguaje. "El líder optimista-realista que genera confianza ejerce una clara asignación de premios y castigos, que fortalece la autoestima de sus subordinados, y que predica el buen trato sin desviarse de las metas y objetivos encarga al gerente eficaz. Y su autoconocimiento surge de su propia interacción con los otros", afirma.
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