miércoles, 30 de septiembre de 2009

Retrato sanitario del parado (desocupado-sin trabajo)

Por ESTHER SAMPER (SHORA)
La influencia que tiene el paro sobre la salud de la población no se limita sólo a un aumento de enfermedades tales como la ansiedad y la depresión. El peso del desempleo se nota en muchos ámbitos de la vida: El consumo de genéricos se eleva, las donaciones de esperma/óvulos se incrementan, aumenta el consumo de alcohol y tabaco, la sombra del suicidio acecha... Pero las mujeres sobrellevan mucho mejor el paro.
Detrás de los datos fríos, montones de familias que se enfrentan a deudas, hipotecas y angustias financieras. Sobre todo el millón de familias en en las que ninguno de sus miembros tiene trabajo, según los
datos de la EPA. Pero al subir el paro no es el bolsillo lo único que se resiente, la salud también sufre un revés cuando la crisis se vuelve una realidad cercana.
Existen
multitud de estudios que evidencian un aumento de enfermedades y riesgos para la salud entre los desempleados con respecto a la población activa. Es un hecho, la salud entre la población de parados es peor. Aún así, no debemos caer en generalizaciones absurdas. Que el paro llegue a minar la salud de una persona depende mucho de su nivel socio-económico previo, de su personalidad, de si existe más gente con ingresos entre la familia, de la presencia de hijos, etc... Cada parado no va a ser igual y dependiendo de una serie de factores individuales, el paro se cebará más o menos con la salud de cada uno.
Así pues, pasemos a retratar esos cambios en la salud y en los comportamientos sanitarios de la población parada en global. Uns foto peculiar no carente de contradicciones.
La ansiedad y la depresión, las reinas indeseables
La autoestima de una persona suele verse mermada cuando se tiene que enfrentar a la realidad del despido. Ideas como "no soy útil", "soy prescindible", "no cuentan conmigo" no tardan en aparecer entre algunos parados. Si además la fuente de ingresos mayoritaria de una familia era la del despedido, el estado de ánimo es algo que decae irremediablemente: "¿Qué voy a hacer para salir adelante?".
Si la persona no es capaz de manejar la situación, la depresión termina haciendo mella. Además, esta depresión puede empujar al parado a un círculo vicioso indeseable: el desempleado no se siente capacitado para encontrar o buscar trabajo y reduce las posibilidades de que esto se materialice de forma consciente o inconsciente. Conforme más tiempo se encuentra sin trabajar, más afecta a su autoestima y menos energías dedica a buscar opciones de empleo.
En otros parados, sin embargo, no es la depresión la que hace acto de presencia sino la ansiedad y el estrés. La constante incertidumbre del parado sobre su futuro laboral y sobre la economía de la familia abocan a muchos a una ansiedad anticipatoria. Es decir, se estresan y sufren ansiedad al pensar sobre el futuro desde una oscura perspectiva. La pregunta "¿Qué me va a ocurrir a partir de ahora?" puede convertirse en una martilleante cuestión que induzca al estrés y a la ansiedad si la persona la contempla desde una visión pesimista.
La ansiedad y la depresión son las dos principales enfermedades que más se multiplican entre los parados y
las consultas de psiquiatría y de medicina de familia lo están notando: Cada vez más gente acude con síntomas de depresión y ansiedad a consecuencia de la crisis, pero más especialmente entre los desempleados. Aún no se disponen de apenas datos epidemiológicos sobre esta última crisis pero todo apunta a que respaldarán la realidad de la consulta.
La sombra del suicidio
Además del drama que supone una crisis económica, existe también una cruda realidad:
La tasa de mortalidad aumenta entre los parados debido principalmente al suicidio.
El porcentaje de suicidio entre los parados es de 2 a 3 veces superior a la población normal. Una visión negra sobre el futuro, acompañado de una depresión o de un estado de ansiedad constante termina fundiendo la ilusión de seguir viviendo. La conclusión de la propia vida es la desesperada respuesta a una visión dónde no se perciben ni salidas ni soluciones. Sin embargo, se ha comprobado que en aquellos parados que ocupan su tiempo en diversas actividades y hablan sobre sus problemas con la gente de alrededor reducen sensiblemente el riesgo de suicidio hasta equipararse prácticamente a la población normal.
Ellas lo llevan mejor, mucho mejor
Resulta peculiar el gran contraste existente en la forma de afrontar el paro entre los hombres y las mujeres. En los hombres, el paro suele ser un hecho negativo para su salud. Sin embargo, en mujeres no sólo observamos que la influencia sobre su salud es mucho más pequeña sino que
incluso es beneficiosa para muchas. ¿Por qué este peculiar resultado?
Las explicaciones que podrían responder a esta cuestión son 3:
Las condiciones laborales de muchas mujeres son peores que la de sus compañeros masculinos. De forma que si pierden el empleo el efecto negativo sobre la mujer es menor.
Al tener muchas mujeres que conciliar el trabajo con el cuidado del hogar, el trabajo (lejos de convertirse en algo saludable) termina pasando factura en el cuerpo y mente de la mujer por una sobrecarga. De esta forma, si pierden el empleo su carga de trabajo disminuye y disponen de más tiempo para ellas mismas.
Son aún pocos los hogares que dependen exclusivamente del sueldo de la mujer. En la amplia mayoría de las ocasiones, cuando la mujer trabaja, también lo hace el marido. Por lo tanto, si la mujer pierde su empleo aún queda el hombre para mantener económicamente a la familia. Esto no supone un revés tan evidente como cuando es el varón el que pierde el trabajo y es la única fuente de ingresos familiar.
El tabaco y el alcohol, al alza
El desempleo fomenta el consumo de drogas asequibles para el bolsillo. Una tendencia que no depende sólo de un mayor tiempo libre sino también de otros factores. El estrés fomenta el consumo de sustancias como el tabaco y el alcohol. En aquellas personas que ya eran fumadoras o consumidoras habituales de alcohol, suelen aumentar su consumo ante situaciones de estrés, tales como las que provocan el desempleo. Este hecho, además, puede favorecer la caída en adicciones y problemas de abuso con la intención de evadirse de la realidad.
Pese a que la crisis conlleva un descenso general del consumo de tabaco y alcohol, entre los parados este consumo suele aumentar.
Menos ejercicio y una mala dieta
Debido a que los parados no se ven obligados a cumplir la actividad física que realizaban para desempeñar el trabajo,
muchos caen en un sedentarismo atroz durante el tiempo en el que se encuentran sin empleo. A esta inactividad física se le suma una dieta poco saludable ricas en grasas (y comida rápida y barata) y deficiente en frutas y verduras.
Todo esto supone un incremento en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares entre los parados con respecto al resto de la población. Por eso resulta fundamental que el parado realice ejercicio físico diario. No sólo para mejorar su estado de salud, sino que es una actividad con la que mantenerse ocupado y elevar el estado de ánimo. Si, además, todo ello se acompaña con una dieta variada y rica en frutas y verduras, el paro puede convertirse en una buena oportunidad para ponerse en forma al disponer de mucho más tiempo.
Más genéricos y menos fármacos publicitarios
Los parados no miran el euro sólo en la compra de la tienda de la esquina. En la visita a la farmacia, los genéricos ganan terreno sobre los fármacos publicitarios al ser más baratos e iguales de efectivos. Si las marcas blancas están haciendo furor con la crisis, los genéricos no se están quedando atrás. El lujo de la marca es algo que cada vez se permite menos, sea en el super o en la farmacia.
Además de la bajada en el consumo de fármacos publicitarios también se nota un marcado descenso en el consumo de productos de parafarmacia. La mayoría de estos productos no son estrictamente necesarios y muchos optan por prescindir de este gasto extra.
Más donación de óvulos y esperma
Cuando el bolsillo aprieta,
son cada vez más las personas que recurren a la donación de óvulos o esperma para capear el temporal. 50 euros por donación de semen y de 500 a 1.100 euros por donación de varios óvulos son los incentivos que han motivado esta opción como un nuevo tipo de ingreso extra. Siempre y cuando se cumplan los requisitos, claro está.
Con la crisis las donaciones han aumentado y aún más entre aquellas personas que más dificultades económicas están atravesando (entre ellos, los parados).
Los datos sobre la salud de los parados no son muy alegres. A pesar de ello, conocer los riesgos ayuda a actuar frente a ellos y a salir airoso de la situación. Hay que tener en cuenta que está crisis pasará y vendrán tiempos mejores. Hasta que éstos lleguen, lo mejor es fortalecerse, ya sea física o psicológicamente y no dudar en recurrir a amigos o profesionales de la salud cuando sea necesario.

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